sábado, 30 de noviembre de 2013

LUCÍA... de niña a mujer


Recuerdo esa canción de Marilina Ross en la que hablaba de sus hijos naturales, los hijos que la música le dio.
En mi caso no tuve hijos y durante años eso fue una de mis más grandes frustraciones. Pero viendo las cosas en perspectiva, mirando hacia atrás, me doy cuenta de la cantidad de hijos naturales que la vida me dio.
Algunos fueron más hermanitos que hijitos, ya que aún era muy pendeja como para ser madre.
La lista de sobrinos y primos segundos que llenaron mi vida de risas y juegos es larga. Y me enorgullece aún seguir teniendo una muy buena relación con todos ellos, a pesar del tiempo y la distancia.
Pero con Lucía fue diferente. Porque cuando ella nació yo ya era una mujer.

Desde el primer momento en que vi esa bebita, sentí algo muy especial por ella. Un lazo muy fuerte, una cierta conexión.
Tal vez fuera porque era hija de mi prima Marcela, mi hermana de la vida. Tal vez simplemente tuviera que atribuirlo a la etapa que estaba viviendo.
Lo cierto es que podría afirmar que Lucía fue la última de las criaturas de mi familia que pude disfrutar a pleno; jugar con ella, seguir paso a paso su crecimiento, ser parte de su vida.
Puedo recordar sus primeros años como si hubieran pasado ayer.
Para mí eran tiempos de estudio, de viajes semanales, de mucho ajetreo.

Pero aún así, cada fin de semana que estaba en Gálvez encontraba tiempo para estar con Lucía. Y entonces cada sábado iba a buscarla, la cargaba en mi viejo Falcon y la llevaba a casa para compartir todo el tiempo que pudiera con ella. Almorzaba conmigo y terminaba devolviéndola a casa dormida, agotada de tanto andar.


Los años pasaron, crueles, impiadosos!!  Y un día te miré, Lucía, y me di cuenta que ya no eras una niñita, que eras toda una mujer.
Una hermosa mujer, desenvuelta, inteligente y bien plantada en sus creencias y sabiendo defender a capa y espada sus altos ideales.

Hoy terminás la secundaria y estás a punto de iniciar un nuevo camino, el que definitivamente te convertirá en la gran mujer que serás. Porque estoy segura que serás de esas personas que hará una diferencia en el mundo; porque sé que tu presencia no será intrascendente.
Por eso hoy quiero decirte que me llena de orgullo la personita que sos, el camino que hiciste y el que construirás de ahora en más. Porque te siento un poquito mía y me puedo dar permisito para sentir ese orgullo de la madre que nunca fui.
Adelante con los faroles, Lucía!!! Has recorrido un largo camino y queda mucho más por recorrer.
Que siempre puedas seguir hacia el frente con el mismo empuje, las mismas ganas y la misma valentía que tuviste hasta hoy.
Si acaso necesitaras una palabra de aliento o un empujón, sabés que siempre aquí podés contar con esta "nodriza" que te dio la vida.
¡Te quiero mucho, Lu!


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