viernes, 17 de agosto de 2012

MI NUEVO ESTOMAGUITO Y YO

Si creyeron que había desistido de seguir escribiendo este blog, están completamente equivocados!!! La tortura continuará. Al menos hasta que cumpla los 50 y entonces cambie el nombre de mi blog por el de La crisis de los 50 y continúe divagando por estas ciberpáginas.
La razón por la que desaparecí es porque hace un mes me sometí a una cirugía de by pass gástrico.
No fue una decisión tomada a la ligera sino producto de dos años de terapia, 34 años de obesidad, 123012899 dietas iniciadas, unos 79 kilos bajados (si sumamos lo que perdí en distintas etapas de mi vida) y reengordados, muchas lágrimas y frustraciones.
Hoy, por primera vez en el transcurso de este intenso mes, puedo afirmar que me siento bien, con 33 kilos menos, adquiriendo nuevos hábitos, con fuerzas para sostenerme en mis propios pies y convirtiéndome de a poco en una ex hipertensa.
Pero este camino no fue ni es fácil...
Todos creen que la cirugía bariátrica es la salida fácil del gordito: algo mágico como coserle la boca y listo... le achicamos el estómago y deja de comer... obviamente adelgazará. Come hasta el último día y luego de su paso por el quirófano sale chupando líquido por una pajita primero, para más adelante comenzar a comer como bebé hasta volver a la normalidad.
Pues no es tan fácil. Y afortunadamente mi escepticismo y mirada crítica hacia todo me ayudó a entender cuánto había que poner de mí en este proceso.
Para empezar me dieron la alegre noticia de que tenía que adelgazar 20 kilos antes de la cirugía. PRIMER CACHETAZO. 
Por supuesto que comencé a hacer berrinche como los papás de la publicidad de las milanesas de soja, preguntándome por qué si después iba a tener la posibilidad de bajar de peso con un estómago más chico, tenía que someterme a la tortura de una nueva dieta con mi estómago tamaño familiar.
La respuesta estuvo fundada en el estado de los órganos, cómo debían llegar a la cirugía, etc. etc. Y ahora, viéndolo a la distancia entiendo que también era una preparación para lo que se vendría!!!
Como alumnita aplicada hice mi dieta sin transgresiones hasta que la última semana llegó... la dieta líquida!!!
Entonces me preguntaba cómo podría sobrevivir un día con líquidos... y estuve 25 días!!!!!!
Mi olfato se había agudizado de tal manera que podía incluso sentir el olor de una ensalada de lechuga!!... era un sabueso antidietético que echaba espuma por la boca. Y en medio de eso, los últimos días, mi madre pidiendo pizza y organizando parrilladas ante mi mirada de perro hambriento.
Pero valió este sacrificio y llegué a la cirugía con 20 kgs. menos.

Así llegué a la fecha señalada. Y entonces el primer problema sobrevino. Por esa locura imperante en quienes nos gobiernan y ese ánimo de proteger una industria nacional que NO EXISTE, el material descartable de varias cirugías (entre ellas, la mía) había quedado retenido en la aduana. Si no se liberaba el container, no me operaban!!
Imaginen que les digan eso tras 7 días de dieta líquida... podía llegar a comerme a todos ellos crudos!!!!!! Si tenía que volver a pasar por ese proceso de sopas y yogur líquido (que detesto) entraba a la Casa Rosada y  me convertía en asesina serial!!!!!!!
Viajé de todas maneras y finalmente consiguieron que un médico prestara los elementos para realizar algunas cirugías, cancelando otras. Yo fui una de las afortunadas.
Mi puto ciático no me abandonó y en el día de la cirugía estaba ahí presente para tirar abajo mi ánimo y recordarme siempre para qué me sometía a esta operación.
El trabajo de los cirujanos fue todo un éxito y volví a mi habitación preparada para recuperarme. 
Era una especie de robot con botas neumáticas en las piernas (que todo el tiempo las inflaban y desinflaban), tensiómetro en el brazo derecho, el dedalito para medir el pulso en uno de los dedos, la vía en el brazo izquierdo y un drenaje colgado de mi panza, que me acompañaría en los próximos 7 días. Y todo esto en una cama estrecha donde me colgaban los brazos!!! y no entraban mis pies porque el colchón era corto, así que había que completar mi metro ochenta con dos almohadas.
Ustedes pensarán ¿en qué sanatorio berreta se vino a meter esta mujer? Pues no. Estuve en clínica TOP de Recoleta, pero que curiosamente no estaba preparada para  gente de mi tamaño... unos divinos!!!
El momento cumbre fue cuando un enfermero fue a buscarme en una diminuta silla de ruedas para llevarme al quirófano. "Mi culo no entra ahí!!", exclamé. Mas él porfiaba que sí. Discutimos por un rato hasta que apunté mi culo al estrecho habitáculo (literalmente hablando) y pudo comprobar que la ley física de la impenetrabilidad de los cuerpos no era joda!!
Terminé en una camilla aún más estrecha que mi cama, con los brazos cruzados sobre mi pecho cual fiambre que va para la morgue, y así llegué a destino... el cuchillo!!
Mis dos días de estadía en esa clínica del Dr. Cureta fueron una tortura, creo que la peor parte del proceso. No había dolor de estómago sino de ciático, falta de sueño, incomodidad y cansancio. Fue el momento de preguntarme "¿Qué carajos hago acá?" y "¿Por qué me metí en esto?", pero afortunadamente pasaron y pronto pude ir a casa de mi amiga Sandra, que me alojaría los próximos 7 días.
Comencé bebiendo agua de una jeringa... 10 ml. cada media hora!! hasta que llegó el té y luego el caldo, que pareció una delicia en medio de tantas cosas que no me gustaban.
No podía terminar una taza de té!!! Yo, que comía como bribona y no tenía fondo, ahora hacía fuerza para tragar un poco de líquido sucio!!!!!!!!!
Ahí comenzó mi tortura... las vitaminas. Hasta ahora las había tomado en comprimidos, pero por prescripción médica debía hacerlo en pastillas efervescentes... una delicia!! Creo que hubiera preferido comer bosta de caballo en lugar de ese jugo de naranja artificial y metálico.
Muy pronto sobrevino la debilidad. En mi vida me había sentido tan floja!! Yo, que era un roble robusto, me había convertido en una ramita de sauce!! Me mareaba de nada y tenía que apoyarme contra algo para no irme de trompa al piso!!
Ahí descubrí que mi sentido de humor posiblemente había quedado en el quirófano ese día y que no siempre es bueno interpretar literalmente lo que nos dicen.
Desde el primer día me hicieron caminar, cosa que se dificultaba bastante en la clínica, cuando tenía que ir custodiada por el aparatito del suero, con esas rueditas que -como las de carro de supermercado- iban hacia la derecha cuando querías ir a la izquierda.
Antes de irme una de las cirujanas bromeó diciendo que caminara una manzana por la mañana y otra por la tarde. Y yo lo seguí al pie de la letra, caminando unas 16 cuadras por día!!! Cuando ya no pude salir porque la debilidad me tumbaba, mi médica casi me asesina por no haber hecho reposo como debía!!!!
Cargué el espantoso drenaje siete largos días, vaciándolo y cambiando vendaje todos los días.
Comprobé una vez más que nunca hubiera podido dedicarme a profesiones relacionadas con la medicina. Sentía náuseas de sólo ver ese líquido naranja rojizo que caía en la botellita!!!
Y también pasó... y llegó el batido de minerales y la sopa y más vitaminas, por 15 días más.
Los últimos días líquidos fueron fatales. Me hubiera puesto a llorar tirada patas arriba en el piso!!!! Creo que nunca más podré probar las sopas y caldos light, ni los jugos en polvo, ni el té... y el día que deje el yogur bebible ni siquiera pasaré frente a las góndolas de yogures en el supermercado!!
Y me sacaron los puntos... y comenzó la papilla.
Yo, que odiaba el queso crema light, ahora lo comía alegremente y lo que es peor: ¡me parecía una delicia!
Comí con avidez mi primera cucharada de papilla (una al almuerzo y una a la cena). Pensé que sería escasa y quedaría con hambre, pero llegando a la mitad ya me sentía satisfecha!!
Quince días más pasaron y finalmente comencé a comer. ¡Cuánta emoción volver a masticar!... supongo que ya ni recordaba cómo se hacía!!!!! Pollo, zapallitos, espinaca y claras de huevo se transformaron en mi comida básica.
Ayer quise innovar y probar las legumbres peladas que recomiendan... pero ¿cómo pelarían ustedes lentejas y arvejas? Pensé que después de hervidas se saldrían fácilmente, pero no sucedió. Las hice puré, mas no se separaban con facilidad. Así que comencé a sacarlas de a una... en un momento me dio tal nerviosismo y pensé ¿qué miércoles estoy haciendo?... ¿cómo caí tan bajo para llegar a este grado de patetismo????
Patética o no, he ido sorteando cada prueba de fuego que pusieron en mi camino. Y lo importante: sigo en ruta!!
Sé que ésta es una carrera de largo aliento, pero no pienso desistir por el momento. Esta cuarentona cabrona va a ofrecer pelea!!!!

1 comentario:

  1. ¡Me alegro que sigas en camino y no pienses en ningún momento en desistir!!! ¡Pensando en positivo, que lo más lindo está por llegar!!! ¡Te felicito! ¡Una decisión muy difícil!!! Besos!!!

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