martes, 26 de abril de 2011

UN VIAJE PERRO: qué difícil es partir!!!


Si van siguiendo el blog sabrán que entre el año pasado y éste hubo una serie de hechos desgastantes que me dejaron sin vacaciones ni descanso.
Como si fuera poco comencé el año con una psicosis vecinal por la inseguridad que me llevó a instalar una alarma comunitaria y unas 10 cerraduras dentro de mi casa, lo que me hizo vivir en una especie de "panic room" al estilo Jodie Foster.
Y como guindita en la torta... las ratas!!
En fin... necesitaba un descanso y eso sumado a la idea de hacer un viaje con mis amigas ochentosas al mejor estilo Thelma y Louise, hizo que en febrero reservara una casa para las cuatro en Villa General Belgrano.
Finalmente, por distintas circunstancias, de cuatro quedamos dos más los figurines de siempre: mis hijitos Andy y Mora. A quien Dios no le da hijos el diablo le da perros... lo cierto es que la única diferencia entre hijos humanos e hijos caninos es que estos últimos son aceptados en pocos lugares, en tanto a los primeros hay que soportarlos en cualquier lado.
En 2005 descubrí la Villa y lugares soñados donde mis canes podían disfrutar una libertad de la que no gozaban el resto del año.
Claro está que no todos los lugares admiten mascotas, por lo que viví verdaderas peregrinaciones hasta conseguir alojamiento para los tres.
Incluso hubo algunos lugares que en principio aceptaban hospedarlos, pero más adelante desistieron... como dice mi sobrina: tal vez eso fue después de conocer a Andy y Mora!!
Lo cierto es que esta vez también fue bastante complicado encontrar la casa perfecta, donde ni siquiera los vecinos pudieran protestar contra la presencia de animales (como sucedía en los complejos de cabañas) y ahí partimos, junto a Ale (kamikaze si las hay!! para compartir días con la jauría)
Debo reconocer que para ser fiel a mi naturaleza, este viaje fue mal parido y millones de inconvenientes se presentaron hasta el mismo día de la salida.
El lunes lavé el auto para que esté en condiciones. Pues el martes comenzó a diluviar... y siguió el miércoles... toooodo el día!!
Con la rata en el lavarropas, me vi obligada a llevar ropa a lavar a lo de mi vieja. Para la noche del martes su living era un gran conventillo y todos transpirábamos con el fuego del hogar encendido y marchando a todo trapo. Aún así nada secaba...
Y después poner la camioneta en condiciones... como no hacía mucho que le había hecho un service, sólo atiné a controlar aceite y agua. Así que la llevé a la estación de servicio YPF y después de cargar nafta pedí que lo revisaran. Entonces me dicen que el agua estaba bien pero le faltaba medio litro de aceite. Siempre uso la de YPF pero justo en el último cambio de aceite le habían puesto Shell, así que me mandó a un lubricentro. Bajo lluvia llego y cuando pido esa marca me dicen que no tenían, que fuera a la Shell (elemental, Watson!!) Para el tercer intento, encontré aceite... tres tipos!! Y ahí viene la pregunta tan temida: "¿cuál?".
Detesto cuando me hacen preguntas técnicas que no entiendo. ¿Por qué tendría que saber yo de mecánica?... encima el puto mecánico no había puesto más detalles en el cartoncito.
Hice ta-te-ti y elegí una, la más simple de todas.
Cuando voy a pagar se les tilda la tickeadora... tras media hora de espera, al fin pago y al salir me espera un empleado para decirme que al auto le faltaba agua. "Ponele!!", fue mi ácida respuesta. Entonces ahí me pregunta: ¿destilada o verde?... y qué sé yo qué fucking agua le va al auto!??... yo le hubiera puesto de la canilla!!!!
Finalmente le puso verde y antes que volver con la perra tickeadora, le pagué ahí nomás y huí.
Para la noche se me dio por conectarme a internet y... oh surprise!!... no podía!
Al contabilizar el décimo noveno intento, decidí comunicarme con Arnet.
No sé si a ustedes les pasará lo mismo, pero ¿alguna vez obtuvieron ayuda de una mesa de ayuda? Yo jamás!!
Como decía un amigo, me atendió una ameba... a cada pregunta que yo hacía no respondía, sino que ponía la musiquita y pedía "espere, por favor". Yo podía imaginarla hojeando desesperada el manual de instrucciones!! Y cuando volvía a cazar el tubo, como si fuera una grabación repetía: "gracias por esperar".
Entre los "espere" y los "gracias por esperar" pasé una hora al teléfono, alternando con preguntas técnicas sobre el programa de instalación... volviendo a lo que me preguntaba en la estación de servicio: ¿¿¿Por qué yo estoy obligada a conocer detalles técnicos??? Se supone que son una mesa de ayuda. No pregunten cosas como si fuera un ingeniero en sistemas!!!!!!!!
Finalmente concluyó que mi módem no funcionaba y alegremente anunció que me enviarían por correo uno nuevo. ¿Cuándo?... fecha incierta, pero definitivamente no lo tendría para el viaje.
Para la noche, cargando los bártulos en medio de la lluvia y transpirando odio, recurrí a San Clonazepam para poder dormir tranquila... los había olvidado en mi casa!!!!!!
Con rabia fui a la cama y al menos hasta las 4 de la mañana dormí. Me dije "mañana será otro día"...
Y así fue. Otro día... de merde!!!!!
Era tal la neblina que apenas se veía la trompa del auto.
Si bien partimos a las 7 (una hora más tarde del horario al que tenía pensado salir), era como viajar en una cápsula espacial a través de la vía láctea... no veíamos un carajo!!!
Con los nervios de punta, opté por detenerme en el primer pueblo del camino: López.
Evidentemente mi idea no era tan original, porque la entrada estaba minada de camiones en espera de que se levantara tanta bruma.
Nos detuvimos en la calle principal a esperar. Los pocos residentes que recién amanecían nos miraban como bichos raros preguntándose quiénes eran las forasteras en cuestión... pero nadie podría sospechar algo malo de nosotras, ya que en un auto cargado de porquerías y con dos perros atrás, ningún ser humano se atrevería a tirárselas de espía o incógnito por ahí.
Media hora más tarde, cuando aclaró, volvimos a la ruta.
A las 10 ya habíamos tomado nuevamente envión, la neblina se había disipado casi por completo y comenzaba a parecer un viaje normal... hasta que la policía caminera cordobesa, contribuyendo al caos general, cortó la ruta por la neblina.
La niebla ya era historia, pero estos buenos señores comenzaron a amontonarnos en la banquina esperando tal vez que la gracia divina nos permitiera salir.


Cuando éramos un número suficiente de pelotudos esperando que se levantara el absurdo corte, nos largaron a todos, no sin antes liberar a los camioneros, de a 5 juntos, cosa que se hiciera aún más complicado avanzar en la ruta sobrepasándolos.
Más verde de bronca que el agüita que habían puesto en mi motor, emprendí camino otra vez.
Por supuesto que lejos estábamos de llegar a destino antes de las 13, hora en que cerraba la inmobiliaria.
Al mediodía y en Alta Gracia, decidí llamar para avisar, esperando poder coordinar otra cosa o de lo contrario hasta las 5 de la tarde estaríamos boyando por las calles de VGB, con hambre, cansancio, ganas de pishar y dos perros ansiosos por pisar tierra!!
Nos detuvimos en la banquina y advertí que no tenía el teléfono de la inmobiliaria en el celular. Pero había sido tan astuta que tenía impresos los mails que habíamos intercambiado con el encargado.... eso sí, en la valija!!... valija que estaba debajo de las cuchas de los perros... con los perros adentro!!!!
Bajé a Andy, quité la cucha, luego la sábana que cubría el equipaje y abrí la valija. Al menos estaba a mano, en un bolsillo interior y sólo con meter la mano la saqué.
Ahí comprobé con horror que en ningún lado aparecía el teléfono.
Sin internet, guía ni nada que se le pareciera, tenía que recurrir a algún humano conectado que me buscara por google el dato.
¿Y quién mejor que Laura?... conectada casi siempre, al toque me enviaría el dato.
Envié tres mensajes, más un par de llamados y nadaaaaaaa.
Comenzaba a subir mi presión casi al mismo tiempo que calentaba el sol, dejando lejos la tormenta con la que habíamos salido temprano.
La segunda opción fue Angélica. Afortunadamente estaba y en pocos minutos teníamos el número telefónico.
Llamé y acordaron esperarnos media hora más... habría que meter pata en la medida de lo posible, para llegar a la 1 y media. Ya habíamos perdido demasiado tiempo!!!
Llegamos a la 1 y cuarto de la tarde. Y como buena necia estuve siempre convencida que la inmobiliaria quedaba frente a la plaza. Llegamos ahí y la que allí estaba era otra!!!!!
Nerviosa por el tiempo que seguíamos perdiendo, pregunté a una pomelito (de las que vestidas de amarillo dirigen el caótico tráfico de la Villa). Me indicó la dirección correcta. Habíamos pasado frente a la inmobiliaria al entrar!!!!
Volvimos sobre nuestros pasos y a escasos minutos de cumplirse el horario tope, llegamos al fin!!!!!!!!
A partir de que estampé la firma en el contrato de locación de la casa este infortunado viaje cambiaría por completo... (Continuará)

domingo, 17 de abril de 2011

MADRE HAY UNA SOLA: gracia a Dió!!


Mi madre, como (creo) la mayoría de las madres tiene el don de la oportunidad gravado a fuego!!!
Todos los días me levanto a las 5:45. Hoy domingo estaba yo apoliyando hasta más tarde cuando a las 9 suena el celular. Estaba tan profundamente dormida que no sabía si era el despertador, si era lunes, viernes o sábado, si estaba durmiendo la siesta o estaba volviendo de un coma.
Era ella. ¿El tema?... de vida o muerte!!... era para ver si sabía la adivinanza que estaban preguntando por la radio, para llamar por teléfono.
Por supuesto que ahí ya me levanté porque ni por error iba a lograr conciliar el sueño nuevamente.
No contenta con esto, me tiro un ratito a la siesta y caigo desmayada del sueño, ya que tuve una semana atroz! A la hora suena el celular. Ella nuevamente.
Estaba soñando... un sueño de mierda, pero sueño al fin. Iba con una prima a casa de otra, en colectivo y cuando vamos a bajar ella se da cuenta que tenía las zapatillas llenas de mierda. Pero no sólo había pisado mierda sino que esa blanda caca subía hasta sus medias!!
Como yo estaba a su lado miré mis pies (era un sueño retro porque traía puestas mis botinetas Kickers azules) y veo que también tenía mierda encima de los pies y hasta la botamanga del pantalón (dedico especialmente esta parte del relato a Monikit, a quien le encantan mis cuentos escatológicos!) 
Entonces pensaba cómo nos podíamos haber ensuciado, sólo teniendo upa un animal que nos defecara encima, ya que de lo contrario tendríamos que haber enterrado nuestros pies en la mierda para que quedaran así.
Y justo cuando iba a averiguar semejante incógnita, llama el celular.
Nuevamente mi vieja, quien batió todos los records despertándome dos veces en el mismo día, esta vez para algo urgente e importantísimo: que le subiera a internet unos códigos de una promo de las pastas para ver si tenían premio.
GRRRRRRRRRRR... soy cabrona, pero ¿¿¿acaso no tengo derecho a enojarme???
Mi vieja ha sido una buena madre, estricta sin llegar a ser castradora; permisiva en su justa medida.
Lamentablemente algo hizo clac en su cabeza cuando me fui de Gálvez y ahí adoptó una "personalidad AFIP": perseguidora y cobradora (bah, pasa facturas)
Tengo 41 años y sigue tratándome como a una nena de 5; exigiendo cosas de una cuarentona cuando la situación lo amerita y le conviene (por supuesto!!)
Una vez sacó a una de mis amigas (bajo tortura psicológica telefónica) el número de mi gastroenterólogo y lo llamó para preguntarle por mi salud porque creía que yo no le decía toda la verdad.
Cuando el tipo me lo contó me daban ganas de meterme bajo el escritorio, por la vergüenza... tenía más de 30 años!!!!!

Y nunca olvidaré el día en que fui a una clase de tai-chi a probar suerte.
La clase fue una cagada y salí más dolorida y contracturada que como entré. Sin embargo peor fue lo que me esperaba...
No sé si alguno de ustedes conocer el tai chi. Como toda disciplina oriental, lleva una música tranqui y movimientos lentos y medidos (para mí que soy ansiosa, una tortura!!), así que mientras estaba en clase apagué el celular.
Cuando salí, después de una hora de tortura, jurando que lo único chino que tocaría a partir de ahí sería el arroz, enciendo el celular y encuentro unas 10 llamadas perdidas de mi madre, mi hermano y mis sobrinas, mensajes de texto de una de ellas y tres mensajes de voz preguntando dónde estaba!! Sólo había estado ausente UNA HORA!!!!
Ah, y es preciso recordar a ustedes que tenía unos 35 años cuando esto sucedió...
Como si esto fuera poco, al llegar tenía otros tantos mensajes en el contestador, más un papel debajo de mi cochera pidiendo que llamara urgente a mi mamá... hasta había llamado a mis vecinas!!!!!
¿Cuál era la emergencia? Ninguna. Sólo llamó a mi teléfono fijo y como tampoco me encontró en el celular, asumió que me había pasado algo. Encima no respondí el llamado en una hora... pecado capital!!
Por supuesto que siendo tan catastrófica como es, ya me hacía tirada en el río, asesinada; o bien atacada por algún maleante santafesino (como si en Gálvez no hubiera delincuentes); porque definitivamente es una Drama Queen!!
Lo cierto es que dramática, hincha pelotas, perseguidora y un poco artista, la quiero!! y es mi madre. Por suerte Dios la pensó bien y dijo "con una sola basta". Y no me puedo quejar... a la par de esas delicias también hay una mamá dedicada, contenedora, graciosa y generosa. 
Después de todo, podría haber sido peor!!!

viernes, 8 de abril de 2011

RAT STORY: Episodio 231238902

Un clásico en mi vida: cada vez que creo que todo termina... zas! vuelve a comenzar! Y no igual ni mejor, sino peor que nunca!!!
Así ocurrió con las extrañas visitantes del otoño.
Cuando ya había superado el temor a entrar al garage, al lavadero y salía al patio munida de llave y celular,  anoche un suceso volvió a sacudir mi aparente tranquilidad y poner mis nervios de punta.
Mora regresó a las andadas y en el garage, volvió enloquecerse olfateando las ruedas del auto.
Pensé que sería pasajero pero estaba sacada!!... gritaba y ladraba, mientras metía su cabeza entre las ruedas delanteras y los guardabarros, al tiempo que movía su cola y lloraba.
¿Qué hacer?... con Andy no puedo contar en nada, desde luego. La casa estaba en emergencia y él sólo pensaba en comer y trepaba a la mesada esperando terminara la cocción de una lengua que llevó más de tres horas!!
Intenté sacar a Mora del frente de batalla,  pero por nada del mundo quiso salir y abandonar su presa.
La quise sobornar con comida, simulando que venía alguien y hasta con algo irresistible como era abrir el portón para que saliera a la calle. No se movió de su puesto.
Cuando tomé coraje salí al patio y abrí la reja y la puerta del garage esperando que si había una rata, al menos saliera afuera!! Esperé un rato y nada. No salió el bicho... ni Mora!!
Para las 11 de la noche y al borde de un colapso nervioso, logré sacar a Mora y le di de comer. Tragó todo entero y con bronca de modo tal que al toque vomitó todo lo que había ingerido.
Le toqué el corazón. Parecía que se le iba a salir del pecho!!!
La acaricié y le hablé hasta que se tranquilizó y la pude llevar a dormir a mi habitación.
Como no iba a estar tranquila, armé una especie de trinchera frente a la puerta que divide el garage y la cocina: trapos, almohadones y por las dudas unas sillas apiladas haciendo peso, a fin de que si el animalito era una laucha, no pasara por debajo de la abertura.
Mora durmió hasta las 4, cuando me levanté para ir al baño y recordando la lucha de la noche anterior, ella pretendió salir.
No dormí más.
Como zombi y con el terror a flor de piel me levanté a las 6 menos cuarto. Tuve que armarme de mucho valor para abrir el garage. Mora entró como una ráfaga y volvió a su puesto, ladrando y moviendo la cola.
Me llevó 15 minutos convencerla de que entrara a la cocina para poder sacar el auto.
Yo fantaseaba con la idea de ver a Ratattouille salir con una muda de ropa colgada al hombro mientras se alejaba rápidamente por la vereda, pero nada.
Una vez que el garage estuvo vacío, abrí a Mora y revisó cada rincón, pero no manifestó interés alguno. Por lo contrario, fue hacia el auto estacionado y siguió oliendo la rueda.
De repente se me ocurrió pensar... ¿Y si acaso el animalito está muerto y quedó atrapado en algún lugar del auto? Eso explicaría por qué no sale de ahí!!!
Una vez encerrados los perros (la sabuesa y el inútil), armé nuevamente la barricada en la cocina y mientras conducía hacia el trabajo se me encendió la lamparita: haría que lo revisaran en la cochera!!
Llegué y después de estacionar expliqué la situación a Martín, el cuidador.
Me miró con ojos desorbitados y exclamó: "¿una rata?... tengo pánico a las ratas!!!!!" (Macho, dijo la partera!) "Mirá, mirá -continuó mientras me extendía su brazo derecho- piel de gallina se me puso... piel de gallina!!"
En realidad la gallina era él, pero bueno... le pedí que por favor le dijera a los chicos que tienen el lavadero de autos ahí, que llegaban más tarde y me prometió hacerlo... eso sí, aclaró que le tiraría las llaves desde lejos porque no quería ni presenciar el acto.
A media mañana llamé a Manuel (dueño del lavadero) quien dijo haber revisado cada rincón del motor sin hallar roedor alguno ni nada que se le parezca. Agregó que además no había olor.
Insistí que revisara la parte de abajo, los guardabarros, etc.
Luego me mandó a decir que todo estaba revisado y no había nada. Incluso -añadió- uno de los chicos se había tirado al piso y se había hecho "el gato", sin lograr que ningún bicho saliera.
Sólo imaginar el cuadro del pobre pibe caminando en cuatro patas y diciendo "Miauuuu" me mostró lo patético de la situación.
Ya me había serenado cuando una compañera de trabajo (yeeeeeguuuuaaaaa, si las hay!!) me dice que una vez  un amigo del marido encontró un nido de ratas dentro del auto. El animalito en cuestión había entrado por el baúl y había comido medio asiento trasero.
Creo que se me detuvo el corazón por unos minutos.
Hoy tengo que viajar... ¿y si cuando estoy en medio de la autopista el bicho se me sube al hombro como la lechuza de las brujas??... yo me estrolo por el camino!!!!!!!!
Oh, hiperventilando otra vez en la oficina... y dejé la bolsa de papel en mi casa!!!!!!!!

... ¿Continuará?.......

miércoles, 6 de abril de 2011

HISTORIAS DE FOBIAS: Actualización

Bueno, se puede decir que después del paso de Exterminator por mi patio, volvió la tranquilidad a nuestra casa.
Si bien Mora continuó revisando cada rincón del patio,  ya no se enloqueció como antes anunciando la presencia de roedores, por lo que asumí que el/los bicho/s había/n pasado a la eternidad en el cielo de las ratas.
Así que hoy salí con toda la confianza del mundo al lavadero.
Por supuesto que estar confiada no significa dejar de tomar ciertas precauciones, por lo que cerré la puerta de vidrio que da al patio para evitar que si algún visitante extraño salía disparado, entrara a mi casa.
Con aires de superada entré al lavadero y puse el lavarropas.
Para cuando regresé, una de mis peores pesadillas me aguardaban... al intentar abrir la puerta quedé con el picaporte en la mano y, por consiguiente, sin modo de ingresar a la casa!!!!
Lo primero que hice fue intentar sacar el picaporte usando herramientas improvisadas como un palito, un alambrecito o el poder de mi mente.
Lo único que logré fue encajarlo más adentro.
Comencé a analizar mi situación: eran las 5 de la tarde, estaba encerrada en mi propio patio a merced de los roedores seriales y, como vivo sola, nadie vendría a mi casa a liberarme. Sólo me quedaba la esperanza de que llegara el paseador de mis perros, con llave de la cochera... sólo que a veces aparecía después de las 8!!!!!!!
¿¿¿Qué haría tres horas en esa situación???
Recordé que una de mis vecinas tenía la llave y comencé a gritar como poseída: "Lucyyyyyyyyy... Luuuuuuuucyyyyyy!!!!"
Ella, que siempre escucha todos y cada uno de los ruidos del planeta (al menos para psicotizarme por la inseguridad) esta vez no me oía. Y después de todo pensé que tampoco podría abrir porque había aplicado mi vieja costumbre de cruzar la llave después de cerrar.
Mis gritos alteraron a Mora y volvió a enloquecerse como cuando perseguía a los roedores, así que le atacó el síndrome Sdrech a full y empezó a correr y ladrar como loca, como si tuviera visiones.
Ahí toda mi confianza se fue al dedo gordo de mi pie y prendida a las rejas, desesperada, comencé a arañar el vidrio a los gritos, como la famosa escena en que los presos violan a Diego Torres en "La furia" y él grita GUARDIASSSSSS!!!!
Entonces, maldiciendo mi suerte, pegué un puñete a la puerta que curiosamente la destrabó. Digo curiosamente porque el golpe hacia adentro hizo que saliera el sostén del picaporte hacia afuera y ahí calzando la manija pude al fin entrar. Ya más tranquila busqué mi bolsa de papel para respirar... otra vez estaba hiperventilando!!
El paseador llegó cerca de las 20 (lo que hubiera tenido que esperar!!) y llevó al dúo a su caminata. Sin Enrique Sdrech en el patio, ¿cómo cuelgo la última tanda de ropa??
Las historias son cíclicas... y parece que todo volviera a comenzar...

sábado, 2 de abril de 2011

HISTORIAS DE FOBIAS: los triunfos después de los 40


Hace un tiempo leí un texto acerca de los triunfos, que contaba con mucha gracia cómo van variando nuestros éxitos a lo largo de toda la vida. Así como a los 2 años un triunfo era no hacerse pis encima, a los 90 vuelve a serlo!!
Esta mañana viví un GRAN TRIUNFO PERSONAL, pero para contarlo debo remitirme a otro post y comenzar desde el principio...
Que tengo fobia a las ratas no es novedad. No es nuevo que las odio profundamente, me dan un asco infinito y de todas las criaturas de la creación son las que más me atemorizan.
Entonces, ¿por qué Dios es tan injusto conmigo y pone ratas en mi camino?
Todo comenzó unos días atrás cuando Mora, mi pequeña cazabichos (virtud que heredó de su madre... perruna, obviamente!!... bah, de la madre humana también porque he enganchado cada bicho!!!!), comenzó a ladrar en el garage.
Veamos, cómo explicar esto... quien tiene perros sabe que no siempre ladran igual.
Los míos, por ejemplo, tienen un ladrido de felicidad, uno de alerta, uno cuando viene gente conocida, uno para los gatos, otro para los perros  y otro... para otros bichos!!
Pues bien, Mora estaba entonando su ladrido "para-otros-bichos" y mi corazón se paralizó.
Cuando ella detecta "otros bichos" se atrinchera en el lugar en el que estén y no hay modo de sacarla de ahí.
Efectivamente así lo hizo, en el garage.
De noche y teniendo que ingresar para encender la luz, preferí la ignorancia a poner un pie en el frente de batalla.
Andy permanecía de mi lado, sólo una puerta de vidrio nos separaba del fragor de la lucha, así que le dije "sos el macho de la casa; defendeme!!" y lo mandé a cubrir a Mora.
¡Macho, dijo la partera!... al ratito lo tenía lloriqueando y rascando la puerta para que lo volviera a entrar... aghhhh!!!!!
A la hora de estar Mora junto a su hallazgo, tomé coraje, abrí la puerta y encendí la luz... un espectáculo horroroso me esperaba: mi perra estaba en dos patas, con la cabeza metida entre la rueda y el guardabarros de mi camioneta, olfateando y moviendo la cola... lo que fuera estaba en mi auto!!!!!!!!!!!!!!
Entré en pánico y busqué una bolsa de papel para respirar porque estaba hiperventilando... ¿cómo haría para subir al auto y sacarlo al día siguiente???
Recordaba los tiempos en que guardaba mi Falcon en la cochera cercana a mi departamento... el día que una rata le comió los cables del motor a otro tipo y el encargado trataba en vano de convencernos que allí no había ratas... que eran gatitos!! Sí, eran gatitos por el tamaño!!!!
Pero creo que ahí no tenía tanto miedo como ahora. Esta fobia ha ido recrudeciendo con los años porque en aquella cochera (años 1992/2001) no tenía tanto temor y ya cuando pasé a la de este barrio, se había incrementado un poco más... en ésa no había ratas sino murciélagos, así que por ahí entraba el auto y esperaba arriba el auto que dejaran de volar para poder bajarme...
Volviendo a la noche del terror, Mora estaba enloquecida. Cuando logré sacarla del garage salió al patio y comenzó a revisar cada rincón, lo que ganó el apodo de Enrique Sdrech (periodista de TN ya fallecido) aunque se parece más a José De Zer... ¿lo recuerdan corriendo con el camarógrafo buscando los extraterrestres del cerro Uritorco o tras los últimos pasos de la Dra. Giubileo??... Mora es así!!
Parecía descontrolada.
Yo la miraba desde adentro, con la ñata junto al vidrio, alegrándome de al menos poder tener esa panorámica después de la reforma arquitectónica de mi casa.
Al día siguiente la largué primero al garage para después subir al auto y sacarlo.
La rueda que olfateaba estaba de mi lado, así que imaginen mi pánico!!
Nunca hice tan rápido para sacar el auto!!! Apenas Mora quedó sola en el garage comenzó a revisar todo. Pero ya no tenía la locura de la noche anterior, lo que me llevó a pensar si acaso el roedor no seguía en mi camioneta.
Al salir para el trabajo comencé a fijarme en los detalles del tablero... ¿por dónde podría entrar desde el motor? Concluí que no había espacio abierto... excepto el puto stereo que se había roto unas semanas antes y lo habían quitado para arreglar!!!!... ¿y si yo estaba manejando y de pronto asomaba una cabecita bigotuda por ahí?... Y hasta imaginaba que el bicho podía permanecer en el motor, prendido a algún lado, viajando conmigo, con las orejitas al viento!!
Comencé a hiperventilar otra vez...
Nunca disfruté tanto estar en la oficina como ese día. No quería regresar!!!!!
No fue sino hasta la noche que vi con mis propios ojos a LA BESTIA. Era un ratón del tamaño de los perritos de Andy al nacer... fue espantoso!! Mora salió corriendo para el patio y el bicho trepó la pared de la enredadera con una agilidad digna de un atleta.
Tenía que tomar medidas. Al día siguiente me recomendaron hablar con el mayordomo de tribunales ya que tenía el dato de un eficiente desratizador que había terminado hasta con las ratas que había en la carpintería.
Con mucha onda el mayordomo fue hasta la oficina a darme los datos... claro que no contaba con que matizaría con historias tribunalicias... como la del día en que tuvieron que cerrar una mesa de entradas en el subsuelo porque el olor a podrido de una rata muerta no los dejaba respirar y no podían hallar el cadáver.
Yo iba poniéndome pálida... la oficina también había pasado a ser un lugar inseguro!!!!!!!!!!
Entonces llamé al señor exterminador.
No había terminado de reponerme de las anécdotas judiciales/ratiles, cuando este buen hombre por teléfono empezó a contarme otras más.
El tipo era un verdadero estudioso de la conducta de los roedores. Como el mejor de los miembros de la brigada de la serie Criminal Minds me habló de la vida y obra de los roedores, sus preferencias, amores, desventuras y hobbies.
Recién conseguí que fuera a casa al día siguiente... un día más tenía que convivir con la bestia....
Y ojalá hubiera sido LA bestia porque esa noche, cuando solté a Enrique Sdrech al patio una nueva salió de entre las plantas trepando por la pared como el mejor alpinista!!!
¿Cómo sabía que era una nueva? porque ésta era más flaca y con una cola asquerosa, tan larga como mis brazos ajjjjjj!!!
Esa noche tomé un sedante para dormir, previo sellado de todas las puertas de entrada a mi casa.
Y finalmente el exterminador hizo su trabajo... yo estaba en la oficina pero imaginé la escena como aquélla de la película ET, en que llegan los de la NASA con sus trajes y  sus cascos, teniendo la casa aislada con tubos y plásticos.
Dio su diagnóstico: no tenía nidos en mi casa sino que se trataba de ratas viajeras que sólo estaban vacacionando en mi patio.
Cabe recordar que llevaba una semana sin salir al patio de mi casa. Mis pobres intentos habían sido frustrantes, como el día en que los canes no estaban (porque los mandé a bañar) y decidida abrí la puerta del patio y puse un pie en la galería, hasta que escuché unas hojitas que se movían y no llegué a apoyar el otro pie que volví a cerrar la puerta y me quedé nuevamente con la ñata contra el vidrio mirando desde adentro.
Efectivamente no pude salir más y como mi lavadero está en el patio, tampoco lavé ropa en toda la semana... llevar la ropa a un lavadero comercial era una opción, si no fuera porque la chica que trabaja en casa había depositado mi ropa sucia en el mío!!
Me urgía lavar, a riesgo de andar sin calzones la semana próxima... lo que no sería demasiado problema, pero para mí andar sin corpiño puede llegar a ser letal!!!
Como la vida me castigó con amigas y vecinas igualitas a mí (temerosas de las ratas), no me quedó más remedio que hacerlo yo.
Claro que no sería de golpe sino paso a paso... 
Así, ayer cuando llegué de la oficina solté a Sdrech y compañía (bah, el inútil de Andy) al patio. No había señas ratunas... entonces salí y caminé hasta el lavadero, abrí de golpe la puerta y corrí nuevamente hasta mi casa.
Mora revisó todo y salió desinteresada... evidentemente el bicho ya no estaba allí.
Pero no fue sino hasta hoy que tomé el coraje necesario para entrar al lavadero... y hete aquí el gran triunfo de mis 41 años: cargar y poner en marcha un lavarropas!!!
Me siento realizada.
Nunca pensé que algo tan simple podía causarme tanta satisfacción... y costarme tanto!!
No sé si me animaré a ir a sacar la ropa... ah, ése es otro cantar!... y menos aún si podré desenganchar de la pared por la que vi trepar a las ratas la soga para colgarla... ¿lo lograré? ¿ustedes qué opinan?
Después les cuento...