jueves, 24 de marzo de 2011

HISTORIAS UNIVERSITARIAS: cómo hacerse a los golpes y no morir en el intento

El domingo pasado traje en auto al hijo de una amiga, que este año comenzó a estudiar derecho en la misma facultad que yo. Y conversar con él me remontó a aquellos días universitarios que parecían de nunca acabar!!
Recordemos que siempre me había asustado una carrera universitaria larga, vivir en otra ciudad y que hasta el último mes de clases del último año de secundaria había estado convencida de que mi vocación era la docencia.
Partiendo de allí imaginen lo que me esperaba!!!
Por cierto la facultad no era lo que pensaba y a los 17 años era demasiado tiernita como para afrontar esos desafíos.
¿Cómo se hace entonces para hacerse fuerte?... con los contratiempos!!!!

Desde el primer día que me inscribí en la facultad de derecho fui un ente. No aparecía en listas de alumnos, no tenía número de libreta, por ende tampoco tenía libreta (recién a fines del segundo año pude dejar de usar un papelucho mugriento para rendir y tener algo con tapitas de cartón berreta para colocar las notas), no salía en las materias en que me anotaba ni en las listas de examen. En síntesis: NO EXISTÍA.
De ahí en más entonces forjé mi lucha existencial... es decir: para existir!!!!
Como si fuera poco, mi dulce madre que seguía viéndome como una nenita opa (y en realidad estaba bastante acertada), no confiaba en que viviera en un departamento sola o acompañada y no tuvo mejor idea que meterme en la casa de una viudita prima de una amiga, que alquilaba dos habitaciones a estudiantes.
Y ahí comenzó otro calvario, tanto o más infernal que el de la facultad.
En principio basta con pensar en que hasta ahora había sido una adolescente consentida, viviendo como hija única (ya que mi hermano hacía años que había dejado la casa paterna) y ahora tendría que compartir.

Pero no todo era mi responsabilidad. La vida con Adela era insoportable!!!
No me gustaba ser controlada, pero lo de Adela era una mezcla de persecución con tacañería que rayaba con la locura!!
Controlaba cuánta luz usaba, cuántas veces abría las canillas, a qué hora salía, cuándo llegaba y qué hacía o dejaba de hacer.
A la vez era como una termita gigante que consumía todo lo que me pertenecía, desde la carne que dejaba en el freezer hasta el shampoo, que desprolijamente después llenaba con agua para aparentar que no había bajado de nivel.
Además extrañaba Gálvez. No me hallaba en la "gran ciudad". Apenas tenía horas libres porque faltaba un profesor, corría verdaderas maratones para alcanzar el primer colectivo que saliera para mi casa.
Sólo quería librarme de Adela, de la universidad y volver a mi hogar dulce hogar.
En medio de esa lucha por mi supervivencia en Santa Fe, también tenía que ir a clases, estudiar y rendir!!
Y era tan pero tan ingenua!!!!...
Recuerdo que la primera materia que rendí fue Historia. Me habían prestado unos apuntes para presentarme con el profesor más popular. Y allí fui yo, dispuesta a dar mi primer examen.
Estaba histérica, en aquella aula 11 poblada de cabezas de estudiantes apilados escuchando mi examen!! No estaba preparada para tener tanto público... menos aún para lo que me esperaba.
Mi estado nervioso era tal que cuando el profesor preguntó de dónde había estudiado, respondí inocentemente: "de apuntes suyos". El tipo rió con ganas y yo me sentí humillada como nunca antes!!!
En fin, no sé si por piedad o si realmente había dado un buen examen, pero terminó firmando mi primer aprobado. Y a partir de allí nada me detuvo.
Pude tener miles de defectos, pero cuando terminaba de estudiar, me presentaba a rendir. Nunca me eché atrás.
Sólo una vez fui a rendir como pistolera, tipo asalto a mano armada. Era Derecho Internacional Público y si había materia que odiaba era justamente ésa. Eran 16 bolillas (creo) y yo tenía vistas sólo 7... 9 colgadas!!! 
Con mi mejor cara de pocker fui hasta el bolillero. ¡Y me tocó una de las que había estudiado!
Aún así di un penoso examen, pero evidentemente ese día estaban con buena onda y aprobé.
El resto de mi carrera lo remé. Remé mucho!!

Si había bolilla más difícil, ésa era la que sacaba. Si un punto del puto programa me costaba mucho, ése era el que me tomaban... suerte perra que le dicen!!!
Algunos exámenes fueron excelentes y otros zafé guitarreando, como el de Filosofía del Derecho (otra materia que detestaba), cuando el profesor me dijo "Digamos que llegó hasta el mínimo"... ahhhhhhh qué alivio!!!
Lo que yo entonces no imaginaba era que más adelante yo trabajaría para ese profesor (devenido Juez)... ¡qué vergüenza!... afortunadamente la naturaleza me hizo subir y bajar de peso para así desorientar a las personas.
Comí 5 bolas en toda la carrera y en dos de esos fracasos me tocaron profesores de ésos que gozan mortificando alumnos. Bien muertos están y Dios o Satanás los tengan en su santa/o gloria/infierno y no los suelte!!!!

A los tumbos llegué a la última materia y un 22 de diciembre de 1993 me convertí en abogada. Terminaba una etapa para comenzar otra...
Recuerdo que cuando nos recibimos, un compañero de facultad me miró desconcertado y preguntó "¿Y ahora qué estudiamos?"
Efectivamente apreciamos ciertos tiempos después de haberlos pasado y cuando ya no podemos regresar.
La facultad fue un revoltijo de emociones, pero sobrevivir a aquellos días me convirtió en una persona más fuerte, con más determinación y con un título para defenderme en la vida. ¿Qué más se puede pedir?

lunes, 14 de marzo de 2011

VIVIENDO AL MARGEN DE LA LEY: Memorias de una motoquera

Este fin de semana estuve haciendo una de las cosas que más me gustan: GATURREAR. Y el gaturreo incluye hacer un maratón de dos días, viendo todas las películas que no puedo ver durante la semana.
Dos de las películas que alquilé ("Otra vez tú" y "Sobreviviendo al amor"), una yanqui y la otra alemana, tocaban el tema de experiencias traumáticas infantiles o adolescentes.
Quedé tan impactada con el tema que, si bien se trataba de comedias, lo tomé en serio y hasta en mi siestita del sábado tuve un sueño retro de mi adolescencia!!
NOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!
Honestamente lo pasé como el culo en mi adolescencia. Y si hay algo a lo que nunca jamás volvería sería a aquellos días.
Sin embargo soy de la idea de que nunca todo es completamente blanco o negro, sino que la realidad se presenta como un abanico de diferentes colores y en diferentes tonalidades.
Pensé tratando de sacar algo positivo y lo encontré!! Hubo algo en mi adolescencia a lo que definitivamente volvería: a mis épocas de motoquera!!!!
Bueno, no crean que andaba en una Honda 1500 por la vida, lo mío era mucho más modesto...
Cuando cumplió 15 años a una amiga le regalaron su Zanellita 50 cc. Estaba justificado porque vivía en el culismundis, pero ahí la idea comenzó a darme vueltas por la cabeza.
Rompí tanto las pelotas (debo reconocerlo) con tener mi propia motito (bah, ciclomotor), que mi vieja y mi hermano (los adultos responsables por mí) terminaron por aflojar y hacerme a los 13 el regalo de mi vida: la Zanellita!!!!
Era blanca con rayas azules y celestes; y para mí era una Harley Davidson!
Manejarla fue pan comido. Se aceleraba torciendo el puño derecho hacia atrás y se desaceleraba volviéndolo hacia adelante. Los frenos eran como los de una bicicleta, así que sólo restaba recordar cargarle su mezcla de nafta y aceite (eran súper económicas!!), limpiarle la bujía de vez en cuando y no quemarte con el caño de escape.
Compartía mi "pasión motoquera" con mi perro Polidoro. Él no iba en el canastito como cachorrito de caniche toy, no no... era un perro de carácter, así que se paraba en su dos patitas traseras apoyando las delanteras en la óptica y con las orejas al viento disfrutaba de largos paseos.
El único problema que tenía mi faceta motoquera (porque nunca la felicidad es completa) es el que deslicé unos párrafos más arriba... tenía 13 años!!!! y sólo los mayores de 18 estaban habilitados para conducir (camiones, autos, motos y ... ciclomotores!!; cosa absurda si la hubo...)
Por lo tanto, me restaban 5 años en la clandestinidad de conducir sin licencia, prófuga de la justicia.

Vivir al margen de la ley era por momentos divertido. Sólo había que saber huir a tiempo de los inspectores de tránsito, tomar calles de los "suburbios" y poner "cara de grande", si por casualidad alguno te veía. Porque encima no se usaba casco!! así que si bien por mi voluminoso cuerpo parecía toda una señora, la cara de pendeja me vendía...
Mi primer persecución casi cinematográfica fue cuando tenía unos 16 años y me sorprendieron dos inspectores motorizados.
Tenían un viejo chevy azul que yo ya conocía de memoria, pero el auto no llevaba ninguna identificación ni ellos ninguna vestimenta especial... problemas de presupuesto municipal, ¿vio?
De inmediato los identifiqué y ante el silbato, como buena ciudadana en infracción, comencé a acelerar.
Ello con el agravante de que no iba sola, sino con mi sobrino, que entonces tendría unos tres años.
El iba paradito sosteniéndose del manubrio y ante la advertencia de "la ley", lo apreté aún más con mis piernas y comenzamos a huir.
No puedo decir cuántas cuadras hicimos con este auto atrás tocando bocinazos histéricos y con los inspectores en descontrol. Tal es así que terminaron gritando "Hija de puta paráaaaa!!", a lo que seguí acelerando hasta perderlos de vista.
Por supuesto la jodita no iba a pasar desapercibida y al poco tiempo llegó la multa de no sé cuántos litros de nafta!!
Lejos de apichonarme, y aún sabiéndome culpable, fui a la municipalidad con toda la soberbia que tenía en reserva (y más!) y encaré al director de tránsito o no recuerdo a quién (tal vez era el intendente... ya mi memoria cuarentona lo borró)
La multa era por ser menor de edad, por exceso de velocidad y por no obedecer a las órdenes de la autoridad (sí, ya en esa época era resistente a los uniformados!)
Lo primero que comencé a decirle fue que era absurdo que hubiera que tener 18 años para conducir una motito que casi casi era una bicicleta con motor!
Él me hablaba de la ley y las ordenanzas municipales; y yo de las normas en desuso que aún estando vigentes no se cumplían (empezando por la Constitución!!... después de todo, ser buena alumna comenzaba a dar sus frutos)
Después pasó al tema de la velocidad y la falta de obediencia a las órdenes del Caporal. Y ahí me tuvo que escuchar!!!!!
Con mi mejor cara del gatito de Shrek le pregunté: "¿cómo iba a parar cuando alguien me estaba insultando???" Continué con que el auto no tenía ninguna identificación, ni ellos se veían como inspectores... "parecían dos degenerados que me perseguían en un auto sin patente... ¿cómo yo iba a parar?" (dije al fin, al borde de un llanto andreadelboquístico)
El tipo quedó mudo. No sabía que me habían insultado!!
Para hacerla corta, no sé si le inspiré compasión, no supo qué responder, o simplemente quería deshacerse de mí, pero rompió la multa en mi propia cara, no sin antes advertir con estilo paternalista: "pero que sea la última vez, eh?"
Sí, respondí yo cual damisela en apuros y sabiendo que apenas saliera de ahí agarraría nuevamente la moto.
Y así lo hice... no sólo seguí andando en moto el resto de mi adolescencia, sino que haber zafado a la multa me hizo dar más coraje y dejé los suburbios para circular por el centro.
Un día, acostumbrada a lidiar con gente que me daba más edad de la que tenía, estacioné mi Zanellita en la vereda de Primón (en pleno centro) cuando un tipo se acerca y me pregunta cuántos años tenía. Sin dudarlo, distraída y sin mirar quién era, respondí muy fresca: 17.
Era un zorro!!!! Y me llevó directo a la Municipalidad. Esta vez tuve que pagar la multa sin chistar o no recuperaba la moto...
Y bue... tuve tan mala leche que cuando cumplí los 18 y fui a rendir con mi Falcon para sacar la licencia para conducir, me tocó ese mismo inspector!! Creo que no se animó a mucho conmigo porque ya conocía mi prontuario. Hicimos unas 8 cuadras y me aprobó para no verme más!!!
Cuando agarré el gustito al auto, mi Zanellita pasó a la historia. Y más tarde quedó en manos de mi prima.
A veces siento nostalgia del viento en la cara y esa sensación increíble de libertad y de absoluto control, que sentía al bordo de mi motito... pero como todo, cumplió su ciclo y lo disfruté a full!!!!

martes, 1 de marzo de 2011

SÓLO EN ARGENTINA: qué país!!!

Este país en el que vivo nunca deja de sorprenderme. Bah, es un país maravilloso, fantástico, lleno de riquezas... con una salvedad: está poblado de argentinos!!!
Y sí, somos terribles. Tremendos!! Como una vez dijo un profesor en la facultad: "Ustedes son como Caperucita Roja... siempre tomando el camino más largo!!"
Y no hablo por hablar... pasaré a enunciar tres simples casos de lo que estoy mencionando:

Caso 1) Trabajo en Tribunales, como todos saben. Y una vez al mes sale el mayordomo acompañado de toda la legión de inú... digo de personal de los distintos talleres (carpintería, electricidad, cerrajería, etc. etc.) a hacer una especie de revisión.
Van oficina por oficina con unas planillas, haciendo un relevamiento de todo lo que está roto o presenta desperfectos.
"Qué fantástico!", ustedes pensarán... cuánta eficiencia recabar la información de la fuente para poner manos en el asunto...
Lo cierto es que por más que reiteráramos los problemitas oir escrito, éstos nunca se solucionaban.
Un día, cuando vinieron a pedir firma en la planilla, harta de reiterar siempre los mismos temas, dije: "Vuelvo a declarar los enchufes rotos, como en las últimas cuatro planillas". A lo que el electricista (un cabrón de catálogo) me pregunta por qué no los llamo para arreglarlo. Le respondo "¿Qué sentido tiene completar siempre una planillita si después no toman en cuenta nada de lo que escribimos?"
Por supuesto eso bastó para ser crucificada por los "artesanos" por el resto de mi vida laboral.
Aparentemente la planillita sólo es parte de la burocracia mensual o el minitour mensual de la comitiva, pero nada de lo que allí se incluya tiene la menor operatividad. Si queremos que realmente vayan los Fulanos a arreglar algo, hay  que seguir el siguiente itinerario: llamar a un sujeto en la Corte, para que él se comunique con el mayordomo y éste derive el pedido a los obreros.
Una verdadera joyita de la buRRocracia argentina!!

Caso 2) Antes tener una tarjeta de crédito era sólo para privilegiados que podían demostrar tener fondos con los cuales responder a los resúmenes de cuenta. Hoy por poco vienen con los chupetines y los bancos pelean por presentar promociones con los mejores beneficios, con tal de captar adeptos.
Todo es gratis, pero ojo!! sólo hasta la renovación. Si por una de esas putas casualidades de la vida se te pasó la fecha para renunciar, ahí te sacuden con todo y quedás atrapado en condiciones que nunca negociaste ni aceptaste. El famoso "silencio como manifestación de la voluntad" del que tanto nos hablaban en Derecho Civil I.
Nada es gratuito, amigos. Por eso cuando me ofrecen este tipo de caballos regalados, le miro los dientes, las orejas y los genitales también!
El otro día me llamaron del HSBC para comunicarme que había sido "favorecida" con una tarjeta American Express Gold. Fahhhhhhhhh... y yo que decía no tener suerte en el azar!!!
Al toque le dije a la promotora que no la aceptaba.
Ella, con mucha amabilidad, me explicó todos los beneficios de tener esta tarjeta "gratis" y que sólo tendría que pagar el resumen si hacía algún consumo o si al cabo de un año quería renovarla.
Reiteré que no la quería.
Entonces me dijo esta señorita (que poco a poco iba subiendo el tonito) que dejara que me llegara a mi domicilio, total podía resolver nunca activarla y listo.
¿Qué sentido tenía todo ese trámite si yo NO QUERÍA la tarjeta?
Se me ocurrió decirle que yo no quería que se expidiera una tarjeta a mi nombre, ya que cualquiera podía recibirla y activarla por mi cuenta.
La respuesta fue rápida: "No, señora, porque para recibirla tiene que presentar fotocopia del DNI, de un servicio, recibo de sueldo y huella plantar del pie derecho".
Se las hago corta: la minita tan amable terminó casi gritándome que la aceptara igual aunque nunca fuera a usarla.
Yo le preguntaba qué sentido tenía emitir una tarjeta que jamás iba a ser activada... ni siquiera en el medio ambiente pueden pensar??
Me sacó tanto de las casillas las histérica señorita, que tuve que terminar cortando la comunicación para que me dejara en paz.
¿Patoterismo telefónico?... sí, amigos, sólo en Argentina!!!

Caso 3: esto me sucedió hoy, con los amigos del cable.
En diciembre me compré un LCD y lo instalé en un lugar donde no tengo entrada de cable.
Llamé a tres electricistas y todos se rehusaron a instalarlo, con el cuento de que eso lo hacía la empresa por sólo $50.
Yo no pensaba en el costo, sino que desde el principio supuse que sería un calvario el trámite.
No me equivoqué.
Llamé en diciembre y me dijeron que estaban dando turnos para dentro de 20 o 25 días de la fecha. Como intenté con un nuevo electricista y también se negó, a principios de enero llamé y pedí turno para los primeros días de febrero.
Estoy tan poco en casa, que quise precisar bien el horario y día de la instalación. Aseguraron que previamente me llamarían por teléfono.
Hoy es 1ro. de marzo y ni noticias de los sujetos del cable!!
Cuando llamo para preguntar, alegremente me dicen que me telefonearon el 18 de enero y como no respondió nadie (estaba de vacaciones) dieron por sentado que declinaba el reclamo y lo archivaron.
¿Perdón?... otra vez el silencio como manifestación de voluntad???
Al parecer yo tenía que volver a solicitarlo, esperar nuevamente los 20/25 días y así sucesivamente. Y ni siquiera fueron capaces de dejar un mensaje en el contestador. ¿¿¿Cómo diablos me iba a enterar que llamaron???
¿No pueden simplemente llevar una agenda y decirme (como en un país serio): "su fecha de instalación es el día tal a tal hora"??... y CUMPLIR!!??
No, las cosas no funcionan así aquí...

Me pregunto cuál sería la solución final para nuestra informalidad, dejadez, impuntualidad y burocracia. Creo que cada uno tendría que hacer su pequeño aporte desde el lugar en el que esté.
Al menos yo trato que en mi oficina, con mi trabajo, las cosas funcionen diferente. Todavía causa asombro que en un organismo público te atiendan con diligencia y rapidez. Me gusta recibir halagos pero confieso que sueño con el día en que en Argentina la eficiencia deje de sorprender.