miércoles, 23 de febrero de 2011

LA PESADILLA CONTINÚA... y yo que creí que 2011 era mi año!!

Anoche -lo sabrán, vivan en Santa Fe, Buenos Aires o Cululú- llovió tanto que hasta cayeron sorongos de punta!!!!
Sacando episodios de mi patio y su escaso desagüe pluvial, jamás había tenido problemas de goteras en mi casa. Viejita pero firme, me mantenía seca aún en las peores tormentas.
Pero ¿qué pasó?... la refaccioné! Y ¿cómo se podría explicar más claramente?... sí, la cagué!!!
Ahora no sólo gasto fortunas en aire acondicionado por tener dos ambientes grandísimos, y muero de miedo con esos paños de vidrio que dan al patio, sino que también llueve adentro!!!!
Anoche me encontraba mirando a través del vidrio la lluvia caer, cuando veo algo brillante en la pared detrás del modular. Era agua!!!!!!!!! Hilitos de agua bajaban desde el cielorraso, saliendo por debajo de las molduras.
Lo primero que hice fue buscar trapos, pero estaban en el lavadero.
Ahí recordé lo que me decía Monikit con relación a la salida al lavadero sin techar. Yo entonces ingenuamente dije "¿para qué saldría al lavadero en un día de lluvia?"... para buscar los trapos!!!!!!!!!!
Me descalcé (porque el patio era un mar) y con un paraguas llegué hasta el lavadero. Ahí manoteé un par de trapos de piso y entonces me encontré con el peor de los hallazgos: caca de rata!!!!!
Salí volando de ahí; no sé cuál panorama era peor, si el del lavadero o el de mi comedor. No hace falta que les recuerde mi fobia a las ratas, ¿no?
Cuando llegué todo había empeorado. Los hilitos de agua ya eran petit cataratas y había comenzado a salir agua por los spots de luz empotrados en el nuevo cielorraso!!
Necesitaba más trapos para secar, pero ni ebria ni dormida iba a volver al lavadero!!!
Me acordé de ambos arquitectos y todo su árbol genealógico por 10 generaciones. También del "bueno" de Juan (el albañil) y los colocadores del cielorraso.
El agua corría por debajo de los módulos de madera como un pequeño arroyito mientras en vano trataba de moverlos. Sólo después de vaciar uno (sacando platos, copas y todas las porquerías que tenía allí adentro) logré correrlo del chorro.
¿Qué hacer ahora?... llamar a los arquitectos para que arreglen sus cagadas sería al divino botón. Sería atinado tal vez contratar un asesino a sueldo o al menos un matón, para que les salga al encuentro y les dé una pequeña paliza. Eso no me arreglaría el techo pero al menos me haría sentir reconfortada.
Maldita la hora que quise hacer esa perra reforma... si mi casa estaba bien así como era!! ¿Para qué gasté tanta plata, tiempo y paciencia?... para que quede peor que antes????

Habrán visto que  sigo intentando que las cosas me chupen un egg y trato de olvidar todo lo que pasé en esta endemoniada obra, pero no me dejannnnnnnn!!!!!!!!!!!

lunes, 14 de febrero de 2011

¿San Valentín es un santo importado?

Cuando éramos adolescentes no había festejos del día de San Valentín... día de los enamorados, ¿qué es eso? En fin, otra de las cosas que importamos de Yanquilandia para dar una fecha más al consumismo regional.
Pero más allá de los regalos, está bueno por ahí celebrar el amor una vez al año, ¿no? Para acordarse al menos que existe amor con ese plomo que tenés al lado, o que por algo lo elegiste, ¿no?
En este día de San Valentín quiero agasajar a mis amores, porque buenos o malos todos dejaron su huella y mucha experiencia... especialmente de esas experiencias que una no quiere repetir!!!
No lo haré con todos porque la lista sería interminable y ustedes pegarían cabezazos frente a la pantalla, pero sí con los más importantes. Así que hoy, 14 de febrero de 2011, quiero expresar varios agradecimientos:
* a Javier, por ayudarme a comprobar que el enamoramiento es tan efímero como la duración de un (a ver como puedo ser más fina) flato en una canasta;
* a Gustavo, que me enseñó que el amor no duele y si te golpean una vez más vale que sea con una mano bien larga y que tengan piernas bien ágiles para huir antes que yo los alcance!!;
* a Germán, con quien aprendí que nunca las cosas son tan definitivas como creemos y siempre nos espera algo mejor;
* a Hugo, quien en breves lecciones prácticas demostró que como las monedas toda persona tiene dos caras y tenemos que ver ambas antes de comprometernos con alguien;
* a (tenía un sobrenombre muy conocido así que usaré un personaje) "Mickey Mouse", con quien supe que la belleza es tan efímera como lo de la canasta más arriba y que nunca puede sustentar una relación;
* a Javier II, que me enseñó que aún siendo el peor de los crápulas te podés llegar a enamorar cuando encontrás la persona indicada (que obviamente no era yo!!);
* a Ricardo, de quien aprendí que cuando se consume demasiado tiempo en la indecisión se puede perder el tren (¿lo aprendí yo o lo aprendió él?);
* a Marcelo I, que me demostró que el máximo acto de amor puede significar renunciar a algo y que el dinero no hace a la felicidad porque no hay montoncito que no se acabe;
* a Marcelo II, con quien supe que el mundo está lleno de gente buena pero no por eso me tengo que enamorar de cada uno de ellos;
* al Dr. X (también oculto nombre porque es muy particular), por enseñarme con crudeza que en un mundo como el del derecho, en que juega el "vale todo", hasta el amor tiene precio;
* a Leandro, gracias a quien NUNCA MÁS EN LA VIDA seré paño de lágrimas de nadie!!!;
* a Luis, con quien aprendí que la dedicación exclusiva no se reconoce y lo único que se encuentra cuando la relación termina es un enorme vacío;
* a Osvaldo, con quien terminé el master en reconocimiento de las dos caras de una moneda y supe que ser una buena pareja no necesariamente va de la mano con ser una gran persona;
* a Javier III, a quien agradezco que me haya enseñado a quererme tal como soy;
* a Marcos y a Marcelo III, con quienes comprobé que la adolescencia masculina no tiene límites!!; y
* a Daniel, que me mostró que el romanticismo no significa absolutamente nada en una pareja.
Todos ellos me hicieron lo que soy ahora, este monstruo anticasamiento en el que me convertí, pero con los ojos bien abiertos para elegir a quien tengo al lado.
Este coctail maravilloso de amores y pseudo amores hizo que la experiencia valiera la pena y hoy sepa precisamente dónde estoy plantada y a quién quiero para andar este camino conmigo.
A todos ellos debo mi presente elección. Y a todos ellos tengo que decir que a pesar de sus denodados esfuerzos no lograron aniquilarme!! Sigo teniendo fe en el amor y sigo creyendo que me espera la aventura más maravillosa de todas!!!!
¿Y ustedes?... ¿aprendieron algo de todas sus relaciones de pareja?... ¿qué se puede contar?
De más está decir que no pienso revelar apellidos ni siquiera bajo tortura, ¿ok?

miércoles, 9 de febrero de 2011

La vida es un carnaval


Se viene el carnaval nomás... y con feriado incluido!! Claro, en este país donde todo es una joda, el 98% de los políticos llevan careta y bailamos al compás de la música que nos tocan, no era de extrañarse que finalmente se declarara al carnaval como feriado nacional.
Como sigo entre nostálgica y vieja chota (de ésas que hablan siempre de tiempos pasados como los mejores), me detuve a pensar en los carnavales que vivíamos de chicos.
Mi prima Marcela bailaba en una comparsa (mi "gagacidad" es tal que ni siquiera recuerdo el nombre; era algo así como Yacyretá pero no, ésa no baila!) y yo me probaba sus disfraces. Había un sombrero que parecía un turbante, dorado con aplicaciones (era como un estilo de Conehead lleno de algodón por dentro) y soñaba con bailar cuando fuera más grande. Porque de chica por supuesto que mi vieja no me dejaba; y cuando crecí, crecí tanto que digamos que lo único que podía haber hecho era dar vueltas en redondo como esas gordas negras bahianas de brasil.
Nuestros corsos eran bien de pueblo, pobres en despliegue y producción; y hasta un poquito decadentes y patéticos.
Las pocas carrozas tiradas por tractores y nunca faltaba la del rancho 'e la cambicha, como símbolo máximo de vulgaridad... pero también la más divertida!! Esos tipos de trenzas de lana, con polleras de paisanas debajo de las cuales asomaban unas patas bien peludas, me gustaban de verdad... nos divertíamos con tan poco!!
Y estaban las mascaritas sueltas. Esas que usaban una bolsa de tela  en la cabeza con ojos y boca dibujados, vistiendo lo primero que encontraran. Y llevaban cachiporras hechas con medias y pegaban unas palizas!!... hasta que llegó la prohibición y en la entrada pasaron a  palpar de armas a estos sujetos y retener cualquier fabricación de ese tipo que pudieran llevar a la fiesta.
De adolescente siempre me avergonzó disfrazarme, pero en una oportunidad lo hicimos con mi prima Marcela y con bolsas en la cabeza entramos del brazo. Hacía tanto calor con la cara cubierta!!!
Llevábamos puestos unos batones viejos de mi mamá. Lo bueno de mi tamaño es que ni siquiera había necesitado usar almohadones porque con sacar un poco de culo me bastaba!
Nadie nos reconoció y era glorioso saludar a conocidos sin que ellos tuvieran la más puta idea de quiénes éramos... bueno, hubo uno (Darío, mi primo) que me descubrió por un pequeño detalle: mis ojos!!
Pero fuera de los "corsos institucionales" el carnaval era una fiesta todo el mes de febrero.
¿Recuerdan cómo jugábamos con el agua?
Desde el bombero loco (juguete trolo, si lo hubo!!) hasta baldazos o chorros de manguera.
Inflábamos paquetes enteros de bombitas, que manteníamos en fuentones y baldes con agua, cual arsenal, reservándolas para el momento preciso.
En principio teníamos sólo las Bombucha. Del paquete sacabas la mitad por estar pinchadas, con pico corto o con algún tipo de falla... industria nacional!! Las pocas que podíamos rescatar a veces eran tan chiquitas que al arrojarlas rebotaban, ni siquiera se reventaban... y cómo dolían!!!!!!
Hasta que llegaron las "mexicanas", enoooormes, con forma de pera y largos picos para atarlas. Casi medio litro de líquido en cada bombita... ésas sí que eran buenas!! Caras, pero las mejores.
La guerra de agua generalmente se daba entre dos bandos: chicas versus chicos.
Siempre tengo presente el día que libramos una batalla de ese estilo en mi casa. Mis amigas y yo contra unos chicos que pasaron con su propia artillería.
Comenzamos con bombitas, cuando se acabaron pasamos a los baldes y por último ya sacábamos barro del jardín y lo mezclábamos para tirar.
En un momento dado, los pibes dejaron sus bicis en la vereda (no hacía falta poner mil candados para asegurarlas, porque en ese momento no estaba "de moda" robar bicicletas) y entraron al jardín delantero de mi casa. Ellos llenaban baldes (de mi casa) en una de las canillas y nosotras en la otra.
Fue tal el caos y la mugre que salió de esta batalla, que por ahí apareció mi vieja con cara de Rey Momo (después de ser incendiado) y con cuatro gritos mandó a cada carancho a su rancho.
Obviamente a mí me tocó la peor parte porque algún castigo habría... mis fechorías nunca quedaban impunes. Pero cómo se disfrutaba!! Y con tan poco...
Ahora veo a los chicos pálidos y estupidizados frente al televisor  o al monitor mientras juegan con la play y me da mucha tristeza que no sepan lo que están perdiendo. Porque la niñez es una sola y como llega se va. No hay regreso.
Quisiera poder trasmitirles esto, lo que están dejando de lado, lo que nunca volverá... pero lo más probable (¡si llego a captar su atención!) es que me miren con desdén y me salgan con un "andaaaaaaa vieja chota!!"