martes, 29 de noviembre de 2011

CUATRO OCHENTOSAS EN CARILÓ: El día 2


Después de leer nuestras aventuras del día 1, cualquier mortal hubiera pensado que las cuatro habríamos dormido como angelitos. Pues no; fue 50 y 50.
En mi caso pasé la noche entera luchando contra el calor de la calefacción central (la caldera continuaba encendida). El ventilador me molestaba, pero encenderlo al máximo me daba frío, tapada tenía calor y  bajándolo hacía un ruido infernal.
Di unas 8927 vueltas en la cama; en tanto a Silvia también le costaba caro haberse apiadado de los pavos reales y no haberlos hecho a la cacerola.
Toda la noche gritaron. Era como tenerlos en la habitación al otro lado de la cama. Una verdadera tortura!!
Marina y Ale ni siquiera se enteraron de estas eventualidades ecológico-climáticas y durmieron como lirones la noche entera hasta que sonó el despertador, porque teníamos "planes".
* El romántico amanecer: Uno de los sueños de mi vida había sido el de ver un amanecer en la playa. Unos años atrás había viajado con mi sobrina Marcela a Necochea y decidí hacerlo realidad. Cuando le conté mi propuesta de levantarnos a las 5 para presenciar ese espectáculo, ella -compañera y comprensiva- me dijo "vos andá, sacá muchas fotos que yo después las veo en la compu".
Por supuesto ni siquiera se enteró que yo salí a las 5 y media de la mañana regresando a dormir y cuando despertamos (en mi caso, por segunda vez) se limitó a decir: "Ajá, arrugaste con lo de ir a la playa!!".
Marcela no estaba pero sí Ale.
Cuando Silvia expresó que soñaba ver el amanecer (tras varios intentos fallidos en un anterior viaje, a causa del mal tiempo), Marina y yo le dimos el ok sin chistar. Alejandra en cambio lo pensó un poco y -desacostumbrada a madrugar- sólo dijo que si se despertaba iría.
Al partir de Gálvez había amanecido a las 6, así que decidimos poner los despertadores a las 5:15, lo que nos daría un amplio margen de tiempo... si continuábamos al oeste, pero a ninguna de las cuatro se le ocurrió que estando Cariló hacia el este, amanecería más temprano.
Yo llevaba una hora despierta insomne pero en la cama, a oscuras tras las gruesas cortinas de los ventanales y ahí me quedé (tratando de no molestar) hasta que sonaron los celulares. Entonces me incorporé y fui hasta el comedor, mientras Marina entraba al baño y Ale se desperezaba.
En eso Silvia, abriendo una de las cortinas, exclamó: "Pero está clarito!!!"
Me asomé y vi un paisaje que poco se parecía al de las 5:15 en Gálvez.
Entonces al mejor estilo sargento de ejército comencé a gritar: "Nada de lavarse los dientes, peinarse y demás. Sólo un pis y a vestirse!"
No sé cómo hicimos pero en menos de 10 minutos estábamos las cuatro (sí, Ale también!!) rodando escaleras abajo hasta abordar a Carola, para ir a toda máquina hacia el mar.
La playa estaba a unas 10 cuadras, pero ni pudimos apreciar el paisaje por la polvareda que levantamos con la camioneta. Llegamos a un parador privado y sin pedir permiso nos mandamos con todo, clavando los frenos en la arena y comenzando a correr.
5:30 estábamos las cuatro contemplando uno de los más bellos espectáculos de la naturaleza, que supo esperar a cuatro dormidas que cagadas de frío, despeinadas y con un poco de mal aliento se maravillaban ante tal escenario.
Y valió la pena!!!
* Un vergonzoso desayuno: Por supuesto que no vacilamos en acostarnos al regresar y ahí Marina tuvo una idea brillante: abrir las ventanas para contrarrestar el calor de la caldera. ¿Pueden creer que a ninguna se le había ocurrido antes esa alternativa?
Así que descansamos más durante esas dos horas que en toda la noche. Y fuimos a desayunar.
De más está decir que Ale nuevamente se perdió por el camino, pero ahorremos renglones con cosas tan obvias!!
El desayuno fue una clase de cleptomanía, comenzando con la profesora Silvia.
Si hay algo que asombró a todas en este viaje fue el apetito desmedido de Marina (que no repercute en su físico en absoluto... la odio!!) y lo poco que comía Alejandra (la que más se cuidaba de las 4)
Así, fiel a su estilo, Marina cargó un plato de unas 45 tostadas y buscó todo tipo de dulces, manteca, queso crema, a la par de alguna que otra ciruela con el propósito de que el tráfico se mantuviera descongestionado.
Por su parte Ale extrañamente se sirvió varias medialunas.
Silvia comía tranquila, mientras Marina no dejaba de observarla, hasta que soltó una carcajada. A su derecha Silvia mantenía intacta sus mermeladas mientras comía tranquilamente aquéllas que Marina se había servido.
Pidió las disculpas del caso, aunque ya las había terminado!! (En su favor debo decir que al menos se levantó de la mesa a reponerlas)
Todos esperábamos ver a Ale al fin engullir algo más que una tostada en el desayuno, cuando prolijamente abrió una servilleta, acomodó las medialunas y las metió en su cartera.
Marina entonces, que iba por su tostada número 43, se levantó nuevamente, afanó unas mantequitas y metiéndolas en el bolso de Ale dijo: "para la heladera".
Estaba rodeada de cleptómanas!!!!
(((A esta altura es preciso aclarar que el robo era al solo efecto de tener algo que merendar porque en Cariló en temporada baja todo estaba cerrado y a menos que fuéramos hasta Ostende no teníamos dónde comprar nada! Y desde luego Ale continuó comiendo como pajarito... las medialunas fueron deglutidas en su mayoría por los pavos reales y las otras tres!!)))
* Los pescadores de rayas: Apenas terminamos de desayunar partimos hacia Pinamar. El día estaba despejado y había un sol que partía la tierra.
Llegamos a la costa y recorrimos mucha playa hasta encontrar un lugar seguro para Carola. Estacionamos y caminamos hacia el mar.
Entonces con desesperación buscamos un lugar de la orilla libre... todo estaba ocupado!! pero no por bañistas sino por una legión de viejos chotos en una competencia de pesca!!!!!!!
Caminamos, caminamos, caminamos, caminaaaaaaaaaamos... hasta que la última de las putas cañas de pescar diera lugar a una bandera amarilla que marcaba el final del área de competencia (que era toda la playa de Pinamar).
De más está decir que este público (en un 99,999% hombres) nos miraba como si fuéramos una especie en extinción, pero fijando fundamentalmente la mirada en... sí, en "el culo que habla"!!!
Tal es así que en un momento dado, mientras Ale y Marina iban varios metros adelante y Silvia y yo detrás, oímos un viejo decir a la mujer: "Mirá, mirá, pescaron una raya!!"
No sé si fue nuestra imaginación o realmente sucedió, pero ambas coincidimos en que este buen hombre no dirigía su mirada precisamente al área de pescadores, sino al trasero de Marina, que terminó por calzarse el pareo para evitar que continuara "la pesca fuera de competencia".
* Un refugio para cuatro asoleadas: Era mediodía y los rayos de sol caían como lanzas en nuestras cabezas calientes. Mientras Ale no paraba de enviar fotos vía celular y Silvia (tan blanca como yo) no sabía más cómo protegerse de una segura flechada, dije a Marina: "Busquemos algún lugar para guarecernos porque esta noche estaremos chamuscadas".
No teníamos sombrilla, ni carpita, ni nadie que nos haga un poco de sombra.
Buscamos hasta que divisamos un parador aparentemente abandonado o cerrado (al menos no se veía ningún movimiento) y allí partimos como chancho pá los choclos, desarrollando altas velocidades (no a causa de nuestro estado atlético, sino para no quemarnos con la arena que a esta altura del día estaba a unos 100 grados!!!)
Con las plantas de los pies en ebullición arribamos a la casillita con Marina y nos apresuramos en pisar la sombrita y tirar el culo hacia los escalones, felicitándonos por nuestra elección que nos permitiría seguir en la playa hasta más tarde.
En eso un olor especial nos llegó a la nariz. Algo así como... pintura!!! Estábamos casi instaladas cuando sale por detrás un pibe con una brocha gorda en la mano!!!!
Estaba pintando el muy inmundo!!!!
Cuando vio al "culo que habla" sus ojos se cruzaron y hasta pensó en perdonarnos la vida, pero no pudimos quedarnos más que para calzarnos las ojotas y seguir viaje.
Finalmente desistimos de la gratuidad y terminamos bajo la sombrilla de un barcito tomando unos deliciosos licuados a orillas del mar.
* Y dónde está el piloto: Ese segundo día casi podríamos afirmar que las neuronas de Ale, que habían salido de vacaciones lejos de Cariló, se unieron a las de Silvia y no las volvimos a ver por muchas horas.
Fue el día en que Silvia perdió todo.
Primero el peine. Revolvió cielo y tierra buscando el bendito peine y llegando a pensar que lo había olvidado en la playa!! hasta que algo más importante desapareció: su cámara!!
Estando, como antes comentamos, entre cleptómanas, ya nos comenzamos a preocupar y mirarnos con desconfianza, por lo que no dejamos rincón del bungalow sin revisar.
Los elementos en cuestión estaban "escondidos"... en su propio bolso.
Evidentemente el aire de mar era muy peligroso... o tal vez el exceso de exposición al sol y el agujero de ozono tenían algo que ver!!
* Neuronas se buscan: en el almuerzo comprobamos que el problema neuronal no sólo afectaba a los huéspedes del hotel. El personal también lo padecía!!!!
El servicio de las comidas era buffet, sólo dependíamos de las chicas del restaurant a la hora de ordenar las bebidas. Y convengamos que no éramos muy complicadas en ese tema. Alternábamos entre agua con gas y sin gas, alguna gaseosa o Levité.
Ese día nos atendió una moza simpatiquísima y complicadísima, ya que a cada una de nuestras opciones hacía una nueva pregunta a fin de que especificáramos más y más nuestros pedidos.
Marina y yo decidimos abandonar la vida beata y tomar una rica cervecita, en tanto Silvia y Ale siguieron fieles a la Levité.
La primera pregunta fue qué marca de cerveza queríamos. Presentó un abanico de opciones y elegimos la Budweiser.
Al rato apareció sonriente con dos Quilmes. Amablemente le dijimos que habíamos pedido Bud y después de pedir disculpas se retiró a cambiar las botellas. Entonces regresó para contarnos que sólo había Quilmes (nos preguntamos entonces para qué nos hizo elegir oportunamente!!), así que se fue nuevamente para traer las dos botellitas, que a esta altura estaban mareadas y apenas frescas.
Al resto del grupo, las "non alcoholic", no les fue mucho mejor. Después de preguntarles por una amplia variedad de gustos de aguas saborizadas, ambas pidieron manzana mas les trajo otro gusto.
Y no podíamos enojarnos con ella porque continuaba siendo tan amable!!
Nota que surge de estas experiencias: la sal del ambiente marino oxida las neuronas. Tener en cuenta porque una excesiva exposición a este elemento nos puede enfrentar a este tipo de situaciones.
* De dónde vengo, hacia dónde voy: Pero sin duda alguna, si hablamos de neuronas en vacaciones y/o afectadas por el sol y la sal, Ale tenía los tres lugares del podio!!!
Por la tarde partimos hacia las piletas en el spa.
El sistema era simple: nos habían entregado un cartoncito a cada una con el nombre de la habitación (que ya era bastante difícil: Aljaba) y al llegar a la pileta lo cambiábamos por un toallón. Contra entrega de la toalla nos devolvían los cartoncitos, que debíamos presentar al momento de dejar el hotel.
Después de disfrutar las cálidas aguas de la pileta climatizada, el jacuzzi y el chorro de agua terapéutica en la pileta, nos secamos, nos vestimos y pasamos por la entrada a buscar los dichosos cartoncitos.
A fin de verificar a qué habitación pertenecíamos, la empleada preguntó: "¿De dónde son?", a lo que Ale muy fresca respondió: "De Gálvez". La pobre mina miró los cartones tratando de descifrar a qué flor nos referíamos (ya que todas las habitaciones tienen nombres de flores), mientras me apuré a responder "Aljaba" para evitar que nos viera como "Petronilas que vienen del campo". 
Silvia, Marina y yo, tentadísimas de la risa, nos preguntamos adónde se había metido Ale porque en ese mismo instante desapareció como por obra de magia.
La encontramos en la entrada del spa, ahogada de la risa, lo que pronto nos contagió a todas!!
"Y bueno", se justificó, "si estamos de viaje y nos preguntan de dónde somos ¿qué quieren que le conteste?"
Obviamente no le respondimos...
* Un sauna en la habitación: Después del episodio de la caldera encendida tratamos de mantener siempre las ventanas abiertas en la habitación. Fundamentalmente en el baño. 
Si bien nuestro bungalow era espacioso, no así el baño en el que todos los artefactos estaban pegados (tal es así que con mi enorme trasero casi tenía que apoyar un cachete en el inodoro y otro en el bidet para poder hacer equilibrio), el espacio de la bañera era diminuto y con una mampara móvil que se balanceada tratando de encontrar lugar.
Como era tan diminuto habíamos acordado en mantener la ventana abierta, también para evitar el eterno empañamiento de vidrios y espejos.
En un momento nos vimos envueltas en un banco de niebla dentro del comedor. Nos preguntábamos qué había pasado, hasta que Ale salió del baño. La nube estaba allí!! Había cerrado la ventana y por poco teníamos que encender nuestras luces bajas para ver dónde caminábamos.
Su respuesta fue "Y sí, tenía frío"...
* Una organizadora con estilo: Cuando me fui a bañar (me tocaba última esa vez), a Marina le atacó el delirio del orden y muy resuelta se puso a acomodar cosas propias y ajenas.
En eso se sintió un ruido como si hubiera desmoronado un pedazo de techo.
Todas se asustaron, porque como estaba en el baño pensaron que había aterrizado en la bañera tumbando la mampara viajera, entre otros artefactos. Pues no. Se trataba de Marina tratando de colgar mi campera en una percha. Tumbó campera, perchas, el resto de las cosas colgadas y el barral, como si un pequeño tsunami hubiera ingresado en mi habitación.
Entre tanto yo salí del baño para ver esas tres caras tentadas una vez pasada la preocupación, sin entender por qué. Creo que fui la única del hotel que no escuchó aquel estrepitoso desastre.

Continuará...

3 comentarios:

  1. CARY GENIAL , GENIAL ME PARECE QUE ESTOY REVIVIENDO EL VIAJE , GRACIAS , SOS UNA GENIA CONTANDO , LO HACES TAN REAL , TE QUIERO AMIGA
    MARINA

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  2. ¡Hasta a mí me parece haber viajado con uds.? JAJAJA Genial!!! Me encantó lo de las neuronas en las aguas marinas... Por las dudas sigo yendo a Córdoba!!!

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  3. jajajjajaja muy bueno el cuento .......

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