jueves, 18 de agosto de 2011

Temor al más allá o al más acá??


Los miércoles por la noche comencé a mirar en Discovery Channel "Puertas al más allá". Es una serie realizada sobre hechos reales, con testimonios y  la representación de casos de fantasmas, apariciones y posesiones.
Y a veces, lo confieso, me recago entera!!!!!
No soy una tipa miedosa, por naturaleza, pero ciertos temores se fueron acrecentando con el transcurso del tiempo, como el caso de mis amigas ratunas...
A lo primero que temí en mi vida fue a la casa grande.
Viví junto a mi familia en una casita pequeña hasta que cumplí 5 años. Entonces nos mudamos a la que yo siempre denominé "la casa del horror" porque a partir de ese momento una sucesión de hechos desafortunados nos ocurrió.
La casa nueva era preciosa, un chalet enorme con una habitación para cada uno (hasta entonces yo dormía con mis padres), jardín delante y en la parte lateral y un gran patio con pileta (la única parte de la casa con la que simpaticé de inmediato). Era tan linda e innovadora para su época (mediados de los 70) que todos los sábados quinceañeras y novias iban a tomarse fotos en el jardín, living y dormitorio en el que había un toilette con un triple espejo (lo que para mí era una gran aventura; ver todo el show de vestidos, flores y producción cada fin de semana)
Aún así, yo nunca quise a esa casa.
En el reparto de habitaciones me tocó la del medio, la más chica y como yo era la más chica no tuve derecho a protestar. La de mi mamá tenía un gran ventanal que daba al jardín del frente; la de mi hermano, vista a la pileta; la mía, a un pasillo estrecho que daba a una pared chorreada con pintura blanca.
Yo tenía terror a ese pasillo. A pesar de que tenía luz, para mí era lo más tétrico y oscuro que conocía. Allí se ocultaban los monstruos más temibles durante la noche... que me atacarían apenas quedara dormida!!
Y mi hermano mucho no contribuía. Con 21 años cumplidos, seguía sintiendo ciertos celos y el muy cabrón gozaba haciéndome desprecios.
Así, se tomaba el trabajo de esconderse en ese pasillo de mierda para hacer sonidos extraños al caer la noche. Su broma preferida era la de imitar la voz en off que aparecía en la serie de cowboys y gritarme "El graaaaaaaaan chaparral", lo que me hacía llorar aterrorizada y huir de mi dormitorio para no regresar!
Acostumbrada a dormir acoompañada, no quería quedarme en mi habitación ni ebria ni dormida. Entonces me levantaba y aparecía en lo de mis padres (a veces despierta, a veces sonámbula) y me paraba en la puerta  en la oscuridad sin decir una palabra. 
En ocasiones aterrorizaba a mi mamá, que con su sueño livianísimo se despertaba al oír mis pasos y veía esa sombra junto a la puerta cual espectro infantil.
Entonces mi papá resignado (o dormido, molido del cansancio) se levantaba mansamente y se mudaba a mi dormitorio, mientras yo me acomodaba en la cama grande con mi mamá.
Había algo más en esa nueva casa a lo que le tenía fobia: la cortina del baño!!
La recuerdo perfectamente: celeste, con unas flores aplicadas en relieve, simpática si se quiere. Pero... ¿¿¿qué había detrás de la cortina??? Seguramente algún pariente de los monstruos que se escondían en el pasillo!!!! así que sólo iba a ese baño cuando ya estaba a punto de orinarme encima y el baño chiquito estaba ocupado. Y lo primero que hacía ni bien entraba era (dejando convenientemente la puerta abierta) correr de golpe la cortina, cosa de sorprender al bicho y asustarlo antes que lo hiciera él conmigo.
En cambio el otro baño (ubicado en el lavadero) era mi refugio. Era tan chiquito que todo estaba a la vista y al menos que el monstruo en cuestión cupiera en el botiquín, nada malo podía suceder.
Recuerdo que una vez entró allí mi amiga Yisel y asombrada preguntó "¿Y aquí adónde se bañan?" porque por poco el agua de la ducha caía sobre el bidet... pero pocos pueden bañarse mirándose al espejo en el botiquín!!!!

En ese lugarcito podía sentarme en el inodoro durante mucho tiempo, leer, o jugar con las piedritas de los mosaicos de granito. Muchos años pasaron pero aún puedo identificar los personajes que había encontrado entonces "dibujados" entre esas piedritas: Heidi, el pato Cuac, Sancorito (el que era símbolo de SanCor entonces), Soltar (que era una especie de brujo malo), Pedro (el amigo de Heidi), el abuelo con su barba... no, no era una deficiente mental. Simplemente era una nena sola en una familia y un vecindario de gente grande y aprendí a arreglármelas como pude, apelando a mi imaginación.
Claro que mi imaginación se volvió tan frondosa que comenzó a jugarme malas pasadas...
Cuando me compraron el piano y lo ubicaron convenientemente en el living, algo separado de la pared, los monstruos cambiaron de domicilio... o bien se multiplicaron!! porque  ya no sólo estaban en el pasillo y detrás de la cortina del baño, sino que también habitaban el rincón del living, detrás del piano.
En las noches escuchaba que tocaban el piano. No una melodía en particular, sino algo bien tenebroso, como dos teclas negras... o un re y un mi juntos.
No había visto entonces la película Psicosis, pero ya temía a las cortinas de baño y a la música repetitiva que formó parte de la banda de sonido más tétrica de la historia.
Definitivamente tenía miedo a esa casa... TERROR!!

Pero había otra cortina que temía en mi infancia: la pesada y afelpada cortina roja del cine Centenario, que impedía que los rayos de luz del exterior se colaran en la sala.
Mi papá pertenecía a la comisión directiva del club y solía tocarle atender la boletería del cine. Me encantaba acompañarlo en esa tarea!!! Una vez comenzada la película salía de ese cuartito para meterme en la sala a ver la película y por alguna razón siempre quedaba enroscada en esa cortina. Era como estar atrapada sin salida y sentía que la cortina me envolvía más y más, sin dejarme encontrar la salida. Todavía me parece sentir la textura de la muy desgraciada!!!
Y las películas!!... nunca pude ver cine de terror porque después no dormía más! pero puedo recordar con horror "Tiburón", "Pirañas" y "Tentáculos"... qué obsesión con el mar!!!!
Más grandecita pude ver "Carrie" y definitivamente me oriné encima con "El exorcista"!!!
De adolescente mis temores cedieron, pero terminé cambiando de habitación por la que tenía vista a la pileta unos años después que mi hermano se casó y se fue de casa.
Sólo temblaba cuando caminábamos hacia la escuela de madrugada, al pasar frente a una casa que creíamos embrujada sólo por escuchar el chistido de una lechuza cada mañana; y (como todo galvense) temía a la llorona, ese personaje mítico que era más delincuente que leyenda, que solía aparecer tras un llanto desgarrador, para luego correrte y cagarte a cadenazos si te alcanzaba.
Volviendo a "Puertas al más allá" nunca vi un fantasma, ni presencié fenómenos paranormales, ni fui poseída por ningún espíritu (al menos no que yo sepa!)
Mi adorada tía Ada siempre decía que si moría y había algo más allá iba a encontrar la forma de contármelo.
Murió muy joven de un infarto. O no encontró nada o nunca pudo hacerse visible para decírmelo. 
Pero mi tía era muy terca. Y definitivamente encontró el modo...
No suelo soñar con gente fallecida. Casi nunca!! Y cuando lo hago no los sueño muertos, sino vivos, comportándose normalmente.
Al poco tiempo que Ada falleció la soñé. Estaba como siempre, con su vestido blanco de flores azules y sus anteojos puestos. Las manos cruzadas hacia adelante, como acostumbraba ponerlas.
Yo estaba en el patio de su casa, el que daba al patio de mi casa, y la veía espiando detrás de una enredadera. 
Me acercaba entonces (sin temor alguno) y le preguntaba qué hacía ahí, si ella estaba muerta. Sonriendo, me respondía que todos los días se daba una vueltita para ver cómo estábamos, porque nos extrañaba.
Fue un sueño, es verdad. Pero definitivamente supe que ésa era nuestra señal. Y así, breve, en sueños y sereno, fue "el momento" parapsicológico de mi vida.
Sigo abierta a nuevas experiencias... tal vez haya que tener más temor a los del "más acá" que a los del más allá!!!
Eso sí... por si acaso, esta noche creo que dormiré con la luz encendida!!!

3 comentarios:

  1. ¡Me encantó cómo contaste tus experiencias fóbicas!!! Desde que nací y hasta finalizar el secundario siempre íbamos con mi hermana melliza, a la par, confieso que mis miedos no fueron determinantes en mi infancia... Siempre de a dos: a la escuela, a gimnasia, a catequecis, a inglés, a jugar de las amigas, a los bailes, etc. Nos dormíamos a la noche después de una larga charla y como nunca se terminaban los temas, no había tiempo para los temores. Siempre nos cuidábamos una a la otra...

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  2. Confieso que siempre envidié esa experiencia de compartir tu vida con alguien tan allegado. Será que siempre estuve medio sola entre tantos adultos, pero creo que me las ingenié bastante para no morir de aburrimiento en el intento!!
    Gracias por participar siempre, amiga!!!!

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  3. ¡No creo que haya sido envidia!!! ¡Simplemente tuve la dicha de tener una hermana con quien compartir tantos momentos, aunque nunca tuve exclusividad en nada!!! JEJEJE Y bueno, sólo se trata de compartir siempre...

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