lunes, 29 de agosto de 2011

EL ARTE DE QUEDARSE DURA: bendita lumbalgia!!


Cuando éramos chicos solíamos jugar a las manchas. Básicamente era un juego de persecución en el que la idea era huir de aquél que tenía "la mancha" para que no nos contagie, ya que la pena para el contagiado era pasar a ser portador de "la mancha" y tener que correr como poseído detrás de los demás.
Mi mancha preferida era la "congelada", en la que cuando te tocaban te dejaban duro y entonces tus compañeros tenían que ir hasta vos a salvarte porque no te podías mover.
Muchos años pasaron y hace rato que dejé de jugar a la mancha, pero la vida es tan irónica que encontró la forma de dejarme atada a los juegos de mi infancia a través de otra mancha congelada más dolorosa: la lumbalgia.
Si alguno de mis lectores alguna vez sufrió dolor del nervio ciático, sabrá que es lo más apestoso, inmovilizante, horroroso y paralizante que puede haber sobre la tierra!!!
Era muy jovencita cuando ese puto nervio me notificó acerca de su existencia. Estaba mirando tele y de repente sentí un tirón y ya no pude moverme.
Es tan agudo el dolor que una llega a pensar que nunca más podrá caminar. Esa vez fue algo más light, quizás producto de la edad, o de mi ignorancia acerca del tema. Además, se tiene la ilusión de que es una única vez en la vida y nunca más pasará... como la varicela!!
Pero no... el traidor regresa!! Para la segunda vez, estaba tendiendo una cama cuando sentí ese dolor punzante y sólo pude dejarme caer boca abajo en la cama, para recién recuperar la movilidad en una hora más o menos.
Estaba en casa de mi vieja y de inmediato llamó al traumatólogo, quien después de colocarme una inyección graciosamente me decía "ahora caminá"... sí, como Lázaro, levántate y anda!!... como si pudiera!!!!!!!
El tipo insistía en que no es que no pudiera caminar, sino que tenía miedo. Entretanto en mi cabeza ensayaba los 10 idiomas en que lo iba a putear pero sólo podía exclamar "NO PUEDOOOOO"
La lumbalgia no sólo es dolorosa sino también humillante, porque nos reduce a estado bebé, en el cual todos tienen que hacer cosas por nosotros. Porque, por ejemplo, volvés a necesitar ayuda para hacer pis... no por incontinencia sino por el simple hecho de que no podés bajarte ni levantarte los calzones!!!
Patéticamente torcida... hay que aprender a hacer todo otra vez, porque no podés calzarte, ni ponerte medias, ni girar hacia un costado. Dura cual la momia tenés que moverte rotando completa sobre tus pies, porque dejamos de tener brazos, torso, rodillas... el cuerpo se mueve en bloque, como las primeras muñecas articuladas con las que jugábamos en los 70, que eran "cuasi articuladas" y no giraban la cintura, ni codos ni rodillas.
Y cuando ataca "el lumbago" por alguna extraña ley de Murphy toooodo se te va al suelo. Todo se cae como si realmente tuviera las "manos de manteca" por las que toda la vida me acusó mi madre.
Levantarte de la cama se vuelve una danza en 97 pasos y vestirte puede llevar una media hora larga.
Luego arrancás... caminando torcida como una letra S con patas, porque hasta que el dolor no afloja, no logramos enderezarnos!!
Tal vez la peor lumbalgia de mi vida fue la que me atacó en Villa General Belgrano, cuando estaba de vacaciones junto a mi amiga Mari.
Pobre santa!!... la primera vez que habíamos viajado a la Villa llovió 4 de los 5 días que estuvo allá. Y en ese segundo viaje, en que el clima era inmejorable, me agarró un nuevo "ataque".
Recuerdo que íbamos a visitar el río San Miguel. Habíamos estado días buscando cajas para llenar de piedras que mi prima me había encargado para pintar. 
Traté de no dar bolilla al dolor y desayuné sin hacerlo notar. Mas no pude ni siquiera permanecer sentada. empecé a caminar como padre primerizo en la sala de espera de una maternidad, con la creencia de que si me movía la lumbalgia no avanzaría... pobre ilusa!! en 15 minutos caí rendida en un sofá del living y no me pude volver a enderezar!!
Era tal el dolor que sufrí una transformación a lo Dr. Jekyll y Mr. Hide. No hablaba, gruñía... y puteaba un poco!!... bueno, mucho!! Puteaba muuuucho!!!!
La pobre Mari salió a buscar inyecciones y logramos encontrar un solo enfermero a domicilio! Era un santafesino que había ido de paseo y nunca más regresó.
Recordé mucho la película "Quién llamó a la cigüeña" en la que Dianne Keaton va a vivir al campo y la casa tiene miles de problemas, hasta que llega el plomero... en una ferrari!!!!!!!
Este enfermero también. De puro coche último modelo, contaba cómo en pocos años había podido comprar su lote y construir su casa. Me preguntaba cómo había hecho!!??... la respuesta llegó al momento de cobrar por la aplicación de las inyecciones. Me salieron más caras que mi estadía!!!!
Dos días después logré empezar a caminar. Lo hacía como una especie de robot con un palo incrustado en el culo, pero al menos andaba. Y apenas lo logré, decidí partir. Porque olvidé relatar un detalle: mi amiga era de Buenos Aires y yo tenía que conducir sola hasta Santa Fe!!!!!!
Devolvimos la llave a la inmobiliaria, me despedí de la pobre Mari (que debe haberse jurado ahí mismo nunca más viajar conmigo!!) y me senté en la camioneta para no volver a bajar hasta Gálvez. Tenía miedo de bajar y no poder volver a subir!!
Así que a las 10 de la noche, hecha un bollo de dolor y orinándome encima, pisé suelo galvense y largué a dos perros descontrolados que no aguantaban más el encierro, el hambre, ni las ganas de hacer pis.
Mi dolencia sólo encontró consuelo en la terapia neural. Con unas inyecciones de agujas larguísimas en la zona del dolor, logré un poco de paz y reconciliación con mi afligida cintura.
Eso hasta el jueves pasado...
Por enésima vez llegué primera a la cochera donde dejo la camioneta mientras trabajo y me tocó abrir el pesado portón de rejas. Por enésima vez el encargado aún no había llegado. Y por enésima vez el encargado había olvidado aceitar el portón, por lo que me costó horrores moverlo!!
¿El resultado? Sentí el tirón casi imperceptible de la cintura, que fue agravándose a medida que caminaba la cuadra que llega al tribunal.
Subí en ascensor, me senté y ahí quedé. Como una gallina empollando sus huevos. Sólo que el mío estaba al nivel de la cintura!!!
Para las 9 y media decidí ponerme de pie o no me volvería a mover. Y no pude!!!!!!!!!!!
A duras penas y contorsionada en una gigante S al fin me incorporé... quedando a mitad camino en un grito vivo de dolor.

Ahí entré en pánico. Si no podía moverme ¿cómo me iban a bajar de ahí?... millones de imágenes paganas se agolparon ante mí: tres personas empujándome sobre el carrito de dos rueditas en el que se trasladan los equipos de computación; yo arriba una lona envolviéndome cual canelón y sostenida por tres personas del lado de la cabeza y tres de los pies; o lo que es peor: el cuerpo entero de bomberos zapadores rompiendo la ventana con un hacha para poder bajarme en una grúa!!!
Si existe un Dios, estaba de turno y escuchó mis súplicas y me ayudó a dar los primeros pasos, mientras escuchaba como un rulo de tambor la voz de aquel traumatólogo que repetía: "no te duele, te impresiona; sólo tenés miedo".
Procurando economizar pasos, llamé al consultorio médico para retirarme sin pasar por ahí... con suerte llegaría a la planta baja; encima pretender que fuera al subsuelo!!
Me respondieron que no, ya que tenía que firmar un formulario. Pregunto, ¿en una emergencia (como ésta) no podían acercarme el puto formulario?... ¿cómo harían con un sujeto que se retira desmayado? ¿le sostendrían la mano sobre el papel para que no se escapara sin firmar??
Sin palabras...
Como caminante lunar, acompañada por mi amigo "el santo" Tesourus, recorrí en unos 10 minutos los 10 metros hasta el ascensor, de ahí al subsuelo, para caminar otros 20 metros hasta el montacargas, para evitar los escalones de la entrada. 
Al fin toqué tierra firme y prendida a la baranda de la rampa quedé esperando a que Tesourus trajera a Carola para poder irme.
En pocos minutos regresó con la camioneta y más patética que nunca me tumbé hacia un lado para subir, quedando apoltronada como una vieja bolsa de papas en el asiento trasero.
El encargado también tuvo su dosis de reprimenda a través de Tesourus (que no se lo mandó a decir) y se hizo cargo de lo que le correspondía. Al pasar frente a la cochera ya estaba aceitando la reja psicópata.
Llegamos a casa y me arrimó a la vereda como si estuviera arrimando un barco a la orilla y tras varios intentos fallidos, logré salir del cubículo para entrar en reclusión.
En fin... creo que a los 41 la mancha congelada dejó de ser graciosa. Especialmente cuando no puedo sacármela de encima con solo tocar a otro compañero.
Tal vez sería tiempo de cambiar un poquito el juego... así que por favor, vida mía, no más mancha para mí... pido gancho y el que me toca es un chancho!!!!

6 comentarios:

  1. Excelente relato Cary!!
    Puedo entenderte lo que sufris cuando te ataca la lumbalgia...me paso tres veces en mi vida y fuerte....la primera cuando Lucia tenia un año, mi Dios, atender un chico de esa edad es tarea tediosa si no estas en condiciones....la segunda hace unos años y la tercera hace poco, solo se me fue con inyecciones.
    En realidad cuando nos sentimos bien, no tomamos conciencia de todo lo que podemos hacer y las veces al dia que nos agachamos o sentamos a menos que estemos con esta patologia.
    Organizemos para el proximo viaje no jugar a la mancha jajajj besos

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  2. ¡Qué horror todo lo que has pasado el jueves!!! ¡Espero que la terapia neural de buenos resultados esta vez, también!!! ¡Por si acaso quieres probar, el terapeuta de Saldán estaría en Gálvez después de 15!!! Para Héctor fue una solución mágica... Espero mejores pronto y estaría demás volver a recordar la odisea que viví en enero con Héctor, en una situación similar!!! Besos

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  3. Sólo quienes pasamos por esa patología de merde, invalidante, sabemos lo que se sufre!!! porque más allá de reírnos porque no te podés levantar un calzón o porque caminás como si te hubieran "empalado", es muy doloroso y cruel y cuesta recuperarse.
    Por ahora seguiré con mi tratamiento, Angélica, pero no descarto nada!!!
    Gracias por participar, chicas. Besos!!!

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  4. tenaz, en este momento paso por una crisis de esas.....pense q me pasaba solo a mi...odio a esta maldita lumbagia........

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  5. Sí, la lumbalgia es una merde!! y sólo quien la padece puede llegar a saber cuán maldita es... que te mejores pronto!!!!! (hasta el próximo ataque... lo mío no es pesimismo sino que lamentablemente es así, recurrente!)

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  6. ¡Otra vez con lumbalgia!!! ¡Entiendo lo que decís de la recurrencia en tus ataques!!! ¡Igualmente espero te sientas mejor muy pronto y puedas viajar!!! Está llegando el mes de enero y vienen a mi mente todos los recuerdos vividos en ese madito mes del 2011, con la lumbalgia de Héctor... Tiemblo cada vez que se queja del dolor de cintura... ¿Nadie puede darte una solución?

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