jueves, 7 de julio de 2011

Aventuras en vacaciones de invierno


A pesar de ser una amante del invierno y el frío, debo reconocer que cada vez me da más fiaca salir de viaje en temporadas bajo cero. Prefiero quedarme en casita y disfrutar mis quince días de feria haciendo nada, mientras miro tele bien guardadita al lado del fuego del hogar.
Más aún desde que tengo perros, ya que viajar con ellos es un verdadero incordio y dejarlos también lo es porque no hay guardería que me convenza de que serán bien tratados.
Pero por alguna razón, seguramente por necesidad de desenchufe, comenzamos a planear con mi amiga Laura allá por 2009, un viaje a Villa General Belgrano en las vacaciones de julio.
La idea principal era VER NIEVE y por supuesto esperábamos pasarlo bien, sabiendo que para ambas no sería fácil la convivencia. Solteras que viven solas desde hace años, territorialistas e independientes, podían llegar a provocar cortocircuitos importantes.
Durante meses estuve averiguando la disponibilidad en hospedajes, teniendo presente que íbamos con dos canes. La cuestión no era nada fácil; o directamente se negaban a recibir huéspedes de cuatro patas, o bien pedían fortunas por la estadía.
Respondía mails de cabañas y los reenviaba a Laura todo el tiempo. Y a veces lo hacía en medio de tanto trabajo que ocurrió lo previsible: en lugar de reenviar presioné responder y los administradores de Cabañas del Arroyo llegaron a leer un mensaje de este calibre: "Mirá Lau lo que piden por alojamiento. Y encima un adicional por perro por día!!... evidentemente en VGB se dieron una dosis de hongos alucinógenos, porque están del tomate". De regreso llegó un mail de ellos, muy ofendidos y justificando las altas tarifas. Les respondí que mi email no estaba dirigido a ellos, que se trataba de una conversación privada y por lo tanto no tenían por qué leerlo, les pedía disculpas por el modo en que me dirigía a ellos pero no por lo que decía, porque en verdad era un robo a mano armada!! (esto último no se los dije, obviamente je je) Finalmente se rieron del fallido y me invitaron a conocer las instalaciones... ¿lo imaginan?... yo llegando con los dos perros... "buenassssssssss... yo soy la de los hongos!"
En fin, como si el destino fuera el encargado de evitar nuestro viaje, nos ocurrieron una serie de sucesos increíbles que a cada paso obstaculizaban nuestro proyecto: primero no conseguir cabaña, después Laura tuvo una angina, yo una lumbalgia que casi me deja dura y finalmente apareció un monstruo (que terminó siendo inofensivo, como todo monstruo): la gripe A.
Que sí, que no... que todo se paraba... que la epidemia... decidimos viajar así fuera pato o gallareta y así emprendimos viaje!
La cabaña no resultó ser lo que esperábamos. Con las habitaciones en planta alta y una larga escalera empinada por subir, desistimos de llevar nuestras valijas a la planta alta y sólo subíamos por necesidad... de dormir por las noches!!!
Para los perros tampoco era sencilla la subida y más de una vez Mora quedó estancada en la planta alta temiendo bajar, o Andy rodó por los escalones tratando de hacerse el vivo.
La primera noche fue HELADA. No hay modo de describir el frío que pasamos entonces. Sólo podría ser comparable a lo que sentí cuando los albañiles derrumbaron una pared de mi casa en pleno invierno.
Lo cierto es que aún con los calefactores encendidos a fondo, temblábamos como hojas. Arropadas con todo lo que teníamos, nada era suficiente. 
Laura había pasado sus piernas por las mangas de su abrigo de piel (apodado "el oso") mientras seguía superponiendo pares de medias para recobrar la sensibilidad de los pies.
Pero aún así estábamos felices: sabíamos que iba a nevar!!!
Sobrevivimos a la primera noche y apenas salió el sol, me asomé a la ventana de mi dormitorio dispuesta a sacar "la foto" de la nevada de la noche anterior cuando lo vi........ NADA!! ni una boba granizada cubriendo el pasto...
Nos decepcionó un poco la falta de nieve, pero seguramente caería algo la noche siguiente. Era cuestión de esperar...
Curiosamente nuestros malos hábitos de "mujer-que-vive-sola" no nos jugaron en contra y nos llevamos muy bien. Incluso para llegar a tolerar ciertos accidentes de nuestra biología, que conspiraron contra nuestra pacífica convivencia.
Así sucedió el día que emprendimos un paseo hasta Embalse Río Tercero.
Lau siempre me había hablado de su vértigo y yo lo subestimé, creyendo que exageraba cuando contaba de su temor a las alturas... eso fue hasta que vi su cara de pánico, blanca como rata de panadería, al estar de pie junto a la baranda del dique.
"Sonreí un poco" le decía yo ingenuamente y a la pobre Lau no le salía ni una mueca, ni podía emitir sonido ni siquiera para pedirme que nos fuéramos!!
Sólo recuperó el color unos kilómetros más adelante, cuando anuncié que "me cagaba" y no de miedo precisamente!!!
Toda la vida me ocurrió lo mismo. Cuando estaba muy nerviosa o enfrentaba algún desafío, mis intestinos se soltaban obligándome a buscar un baño con urgencia, ante la amenaza de un accidente peor!
Y así sucedió a 20 kilómetros de Villa General Belgrano, por un camino sinuoso en el que no se podía ir a más de 60/80 km por hora, sin poder sobrepasar a ningún vehículo.
¿Puede haber algo peor que eso?... sí!!... también se puede tener delante un puto camioncito utilitario con velocidad máxima 30 km/h al que no podía adelantar!!!!!!!!!
Juro que me hubiera tirado por la banquina si era necesario, pero mis intestinos estaban poseídos por la demoníaca diarrea que luchaba por salir!!!!
No recuerdo cómo ni cuándo, pero finalmente llegamos a la cabaña. Entré  con todo a esa estrecha cochera y, tal como habíamos acordado con Laura, yo bajaría en tanto ella se ocuparía de los bolsos y los perros.
Claro que en mi apuro no advertí que había estacionado a mi pobre amiga al lado de una de las columnas de la cochera, así que no podía abrir la puerta!!! teniendo que salir por la puerta del conductor para liberar a mis pobres hijitos!!
Pasado el incidente intestinal y curado el vértigo, fuimos a cenar a un lugar lindísimo. Después de comer suculentos platos que aportaran calorías a nuestra dieta invernal, se nos ocurrió pedir panqueques.
Habíamos embuchado tanto que era una verdadera asquerosidad pedir uno de dulce de leche. Intentando incorporar algo de fruta a nuestra dieta hipercalórica, elegimos el de manzana.
Reconocí frente a Laura que me daba un poco de temor que se tratara de panqueques al rhum, ya que no tengo la menor tolerancia a las bebidas alcohólicas fuertes.
Laura -como lo hice yo en su momento, con su vértigo- minimizó mi advertencia y dijo "lo queman, se evapora casi todo!" y comenzamos a degustar el postre.
Ibamos a pagar cuando sentí que no podía mover la cabeza sin marearme!!!
Lau creía que estaba bromeando. Lo  cierto es que no podía despegar mi trasero de la silla y temía que al levantarme cayera redonda en el suelo!!!
Y por supuesto que Laura no manejaba!! así que por un momento llegué a pensar en pedir un taxi y enviar luego por la camioneta... pero el problema aún era cómo llegar a CUALQUIER AUTO!!!!
Con Lau palideciendo nuevamente, esperé tranquila a que se me pasara la borrachera y finalmente pude conducir y llegar ambas sanas y salvas!!
Esa noche Mora me hizo bajar 3 veces a hacer pis!!!!!!!!!! por esa escalera inmunda, congelándome en cada descenso... y se la juré.
Sólo banqué el frío de la noche por una razón: al día siguiente nevaría!!!
Pero grande fue nuestra decepción cuando a la mañana siguiente todo estaba limpio como en primavera.
Ese día no dejé a Mora pegar un ojo. Cada vez que se dormía la llamaba y obligaba a levantarse.
Laura me trató de cruel, pero esa noche durmió de corrido la niñita y ni una sola vez pidió salir a hacer pis!
El día que visitamos La Cumbrecita deben haber hecho unos 5 grados bajo cero.
¿Cuándo me vieron con cuatro mangas?... pues ahí las tenía y seguía con frío.
Bajamos al arroyo en Intiyaco. Había partes congeladas!!!
Mis perros corrieron con sus hermosos pullovercitos y en eso plaf!!... se metieron en el agua!!!!!!!! 
Andy comenzó a nadar como en pleno verano y Mora lo siguió, mojando ambos pullovers. Y ni siquiera temblaban!!! Ahí les perdí el respeto... pensar que cuando yo los baño tiemblan como hojitas!!!! Allí no lo hicieron ni una vez. Se secaron al sol ayudados por una toalla que esta mamá previsora había llevado. Y volvieron a meterse en el agua en el arroyo de La Cumbrecita... y en la olla... y en el lago de truchas!!!
Al llegar al río San Miguel el paisaje era hermoso, pero no teníamos baño!! así que tuvimos que esperar a que los pocos turistas que había se fueran para buscar un lugar apartado detrás de las piedras y hacer pis.
Dura la vida del montañés con esa temperatura!!!... creo que la orina se congeló en el aire por el frío que hacía!! Y por supuesto cuando terminé de hacer pis, Andy prolijamente echó otra pishata sobre la mía, marcando territorio como buen macho que es!!
Pero si de algo estábamos seguras es que esa noche sí nevaría!!!!!
Nos acostamos con la misma ilusión que un chico en la noche de navidad esperando a Papá Noel.
Y llegó la mañana, abrimos la ventanita de la planta alta y.... NADA!!! Ni un puto copo de nieve o aguanieve que justificara habernos cagado tanto de frío!!!
Así fue el clima hasta que nos fuimos. Días soleados pero muuuy fríos y una espera permanente de la nieve que finalmente llegó... a los dos días de nuestra partida!!!!!!!!
Emprendimos la retirada dignamente, con la frente bien alta como diciendo "nos importa un carajo no haber visto la condenada nieve!!".
Esta vez elegí el camino nuevo, evitando las curvas del dique Los Molinos y menos mal que lo hice!!! porque la niebla era tan espesa que apenas se podía avanzar.

Y la niebla es como el baile, una vez que estás adentro tenés que bailar. Así que ya no había tiempo para detenerse ni para volver atrás.
Curvas + Niebla + Vértigo = 3 descompuestas en el auto!!! Mora iba con la cabeza afuera tragando aire puro. Había tanta niebla que por el retrovisor sólo veía su cogote más una nube!! Laura respiraba hondo tratando de vencer el apunamiento. Y lo peor es que la tercera descompostura del auto no era Andy sino yoooooooooo!!! Sí, yo que tenía que conducir.
Mucho control mental (que aprendí cuando me cagaba aquel día desde Embalse hasta VGB), concentración y música ommmmm nos permitieron arribar a Alta Gracia con visibilidad.
Pero la alegría no duraría demasiado... porque a pocos kilómetros de Alta Gracia volvió la espesura y un par de canas nos hicieron señas para que nos detuviéramos… habían cortado la ruta a causa de la niebla!!!
El oficial a cargo (a quien trataba de ver con seriedad a pesar de su pronunciado acento cordobés) nos informó que se podía ir a Santa Fe por Córdoba o esperar que la niebla se levantara.
¿Yo por la ruta 19??? Never de los néveres!!!! Así que obligué a Laura a esperar y en pocos minutos levantaron la veda.
Pero ésa no sería la última vez que nos pararan… nos detuvieron dos veces más!!!!!!! 
En una de ellas, el cana mirando a Mora preguntó “¿Está atada?”… Andy y Mora tenían puesto un arnés prendido al cinturón de seguridad… ¿acaso qué pensaba? ¿Qué los traíamos de un torneo de paracaidismo canino??? Ahhhhhhh
Llegamos con toda la lluvia y un diluvio que para Laura se prolongó hasta llegar a Santa Fe, ya que yo terminé mi viaje en Gálvez.

No vimos nieve, pero logramos convivir  sin matarnos, nos divertimos mucho y a pesar de los contratiempos o situaciones que solemos arrastrar con el imán de mierda que tenemos en el culo (sí, justo en la punta de la estrella que cada una de nosotras tiene incrustada en su respectivo trasero), pudimos tener el mejor estilo de Peter Sellers, un viaje “inolvidable"!!

2 comentarios:

  1. ¡Me encantó volver a leer tu relato!!! ¡Recuerdo que lo contaste con tan minuciosos detalles, el día que nos reunimos en tu casa para el día del amigo con las chicas de mayo, Lili, Ale y yo... Leer este post me transportó a aquél día, que estábamos sentadas en la mesa de la cocina. Creo que Irma aún no se levantaba de la cama... Y después de tantas anécdotas relatadas por parte de todas, nos alcanzaste en Carola, cada una a su respectiva casa, en medio de una lluvia incesante que no quería ceder. ¿Por qué no intentar un nuevo viaje y tratar de encontrarse con la nieve? Me encantó lo de las cuatro mangas... Yo las uso en primavera y hasta anoche tenía más de cinco para soportar las bajas temperaturas... y no estoy en las sierras cordobesas... JAJAJA

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  2. Yo nunca uso más de dos mangas y a lo sumo un abrigo!! Generalmente uso mangas cortas debajo de los pullovers y aún en pleno invierno llevo medias de lycra porque con algo más grueso transpiro horriblemente los pies!!!!!
    Sé que algún día conoceré la nieve... es decir, veré nevar!!
    No recuerdo haberlas "repartido" con Carola en medio de la lluvia... estoy grave de la memoria!!!!!!

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