miércoles, 11 de mayo de 2011

LA MERCERÍA DE LA VIDA: vivir entre botones

En la década de los 80 había un programa cómico excelente llamado "Matrimonios y algo más". Más allá del humor, Moser -al mejor estilo de Antonio Gasalla-  había sabido crear personajes tan reales que era posible verlos en cualquier tío, vecino o compañero de trabajo.
Uno de los personajes era "el honesto" interpretado por Pepe Novoa. El tipo era un argentino laburador, con una familia tipo... tipo crápulas!! El honesto trabajaba y trabajaba y la manga de inútiles que vivía bajo su techo sólo le chupaban la sangre y se daban la gran vida. La mujer, con delirios de grandeza; el hijo de negociado en negociado y la hija era una trola.
El pobre tipo, que trataba de hacer que sus valores sobrevivieran a la Argentina actual (o de 30 años atrás, que es lo mismo porque poco ha cambiado) -y con el enemigo bajo su propio techo- sufría como loco y salía de sus casillas por intentar seguir siendo honesto sin morir en el intento!!!
Así me siento a veces.
No es que quiera agrandarme, pero me siento la mosca blanca en este mar de mierda que se volvió nuestro país. Aquí todo es "sálvese quien pueda!" y mantenerse firme en una postura o apartarse de la V.C. (viveza criolla) es básicamente ser un pelotudo.
Y es difícil remar contra la corriente... vaya si es difícil!!!
Mi psicóloga vive diciendo "Ubíquese, usted vive en Argentina, no en Finlandia!!"
Pero ¿cómo se puede laburar mal, hacerse el chanta, no respetar ninguna norma, ser impuntual... cuando no es parte de mi naturaleza???
Y lo mismo me pasa con mi postura ante la vida. No soy falsa. No me sale la diplomacia fingida ni la sobada de medias. No me arrastro ante nadie. Y así me va...
Esta semana sufrí una serie de desilusiones para el campeonato!!! Fundamentalmente porque no hay peor desilusión que la que viene de aquéllos que uno no espera que actúen de determinada manera.
Trabajé 9 años en un ambiente insano. Cero solidaridad, compañerismo y mucha competitividad eran moneda corriente en mis años de "cortesana".
Pensé que todo había cambiado cuando llegué a Informática. Siempre vi este lugar como algo relajado, sin competencias sangrientas. Mucho trabajo de equipo y cordialidad.
Pero todo cambió cuando estos personajes entraron al círculo del 99.
No sé si conocen ese cuento.
Dicen que había un rey que buscaba el secreto de la felicidad y no podía entender cómo teniéndolo todo no podía sentirse pleno.
Más curiosidad aún despertaba uno de sus sirvientes, que vivía  sonriendo y cantando, con actitud positiva siempre.
El rey preguntó varias veces a su paje el secreto de la felicidad y él negaba que existiera; hasta que un sabio dio al monarca la explicación que buscaba: su sirviente aún no había entrado al círculo del 99.
Para demostrar de qué estaba hablando, una noche dejaron frente a la casa del paje una bolsa con monedas de oro y se ocultaron para ver qué hacía al encontrarlas.
Con asombro el buen hombre leyó la nota que estaba junto a las monedas diciendo que el tesoro era suyo y las arrastró hasta el interior de su casa.
El rey y su consejero pudieron observar cómo aquél contaba las monedas de oro haciendo pilitas de 10: 10, 20, 30... hasta llegar a la última que sólo tenía 9!!
Volvió a contar una y otra vez y no había caso: había sólo 99 monedas.
Con 99 monedas podría haberse retirado y vivir una gran vida, pero en lugar de enfocarse en lo que tenía comenzó a hacer cálculos de lo que le faltaba: cuánto tendría que trabajar, qué sacrificios hacer y cuánto tiempo le llevaría conseguir la moneda número 100.
Y así se volvió un hombre negativo, que siempre estaba enojado y trataba a todos de mal modo.
Sus amigos se apartaron de él, la mujer lo dejó y se llevó sus hijos, hasta que finalmente el rey despidió a su paje del círculo del 99.
En mi oficina ocurrió lo mismo.
Todos eran compañeros y se trataban de igual a igual hasta que jerarquizaron dos o tres cargos.
Ahí comenzaron las reservas, la lucha, la oposición.
Ya nadie hacía un trabajo bien por su propia satisfacción sino por acumular puntos. Y todo valía en tanto fuera visto; nada de buenas obras anónimas.
Y fueron surgiendo los "botones" y verticalistas: cualquier cosa era válida por sumar porotitos, así fuera traicionar o delatar a tus pares.
El aire empezó a enrarecerse. Se había cambiado el compañerismo por la búsqueda desenfrenada de la moneda 100.
A veces veo ciertos rostros y me preguntó qué diablos les pasó. Cómo se puede cambiar tanto por tan poco!!
A fin de mes se jubila mi jefa.
Y, convengamos, mi jefa nunca fue un personaje carismático ni una buena jefa.
De los diez años que llevo en esta oficina, me hizo la guerra durante los 8 primeros (digamos, por ser generosa), lo que incluyó un sumario de 33 fojas, menos puntaje en la calificación y una eterna desconfianza; y no por ser mala empleada, sino simplemente por no gustarle mi físico!!! (cuestiones de piel, como suelen decir)
Es verdad que en los últimos años reinó la paz y la buena onda entre nosotras, pero a mí no me nace ahora despedirla a los besos y abrazos o lamentar su partida porque su paso por mi vida no dejó nada. O sí dejó algo: angustia y años de "persecución".
Con mis compañeros no fue distinta la relación.

Pasaron años puteando contra ella a sus espaldas, renegando de sus gritos, sus métodos y su poca valentía para enfrentar ciertos temas. Y ahora que se jubila (como cuando alguien muere y pasa a la eternidad) resulta que era tan buena persona que merece regalo y fiesta de despedida!!!
Ahora sucede que quien siempre puteaba contra ella por las tareas extra laborales que tenía que ejecutar, será el que le prepara el menú; la que no soportaba su presión ni sus gritos organizará la fiestita y toda la sarta de hipócritas que pasaron años criticándola en las sombras hoy compartirán su mesa y bailarán a su lado.
¿Qué quieren que les diga? A mí me dan asco!! Y para mí no ir no es un desprecio hacia ella (que tal vez ni siquiera lo advierta, entre tanto obsecuente a su alrededor)  sino una actitud de respeto: hacia ella (para que en ese momento se rodee únicamente de las personas que la aprecian y lamentan su partida) y fundamentalmente hacia mí, porque tendré miles de defectos  pero nadie podrá acusarme nunca de falsa y arrastrada. Posiblemente nunca llegue a nada de lo que se considera "importante" en la vida, pero al menos seré auténtica y fiel a mí misma.
El otro día un ordenanza contaba acerca de la despedida que le hicieron a un conocido juez que se jubiló.
Él asistió, pero sólo para aguardar pacientemente a que terminara el brindis para apartar a este buen señor y con todas las letras decirle: "Sos un negro sorete. Toda la vida me cagaste y estoy feliz de que te vayas".
Lo hubiera aplaudido de pie!!!!
Porque pareciera que en nuestro país las acciones de las personas nunca tienen consecuencias.
Se supone que cuando se llega al final de la vida laboral, después de tantos años compartidos, algo tendrá que quedar. Bueno o malo, pero algo quedará... creo que sería bueno que en ese momento se tuviera que acusar recibo de lo que hicimos o dejamos de hacer.
¿Qué pasa con los balances en esta Argentina?
Como decía el sabio Discépolo: "da lo mismo que seas cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón"
~Chan Chón~

4 comentarios:

  1. ¿A quién le importa lo que yo haga? ¿A quién le importa lo que yo diga? Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré... La letra de esta canción lo dice todo. Ni vos ni yo tienen dueño, JAJAJA

    Alaska y Dinarama - A quién le importa



    La gente me señala

    me apuntan con el dedo

    susurra a mis espaldas

    y a mí me importa un bledo



    Que más me da

    si soy distinta a ellos

    no soy de nadie,

    no tengo dueño



    Yo sé que me critican

    me consta que me odian

    la envidia les corroe

    mi vida les agobia



    ¿Por qué será?

    Yo no tengo la culpa

    mi circunstancia les insulta



    Mi destino es el que yo decido

    el que yo elijo para mí

    ¿A quién le importa lo que yo haga?

    ¿A quién le importa lo que yo diga?

    Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré



    ¿A quién le importa lo que yo haga?

    ¿A quién le importa lo que yo diga?

    Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré



    Quizá la culpa es mía

    por no seguir la norma,

    ya es demasiado tarde

    para cambiar ahora



    Me mantendré

    firme en mis convicciones,

    reforzaré mis posiciones

    Mi destino es el que yo decido

    el que yo elijo para mí



    ¿A quién le importa lo que yo haga?

    ¿A quién le importa lo que yo diga?

    Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré



    ¿A quién le importa lo que yo haga?

    ¿A quién le importa lo que yo diga?

    Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré



    ¿A quién le importa lo que yo haga?

    ¿A quién le importa lo que yo diga?

    Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré

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  2. Muy bueno, Angélica!! ja ja
    Lo voy a tener como "himno personal" jaaaa
    Besos!

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  3. Lo de tu psicóloga me resulta razonable, pero todo depende de cómo se lo mire. La gente normalmente hace lo que le conviene, e ir a una fiesta de despedida figura entre esos ítems. Y el que elige hacerle saber a un jefe lo que piensa de él cuando se va (el jefe o él mismo) también está eligiendo lo que es importante para él. Cada uno elige sus batallas, ¿no? Por ahí muchos de tus compañeros son derechos en otros ambientes, pero piensan que el trabajo no merece gasto emocional, qué sé yo.
    ¿Quién queda como tu jefe/a ahora? Espero que por lo menos disfruten el aire acondicionado :)
    Mariana

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  4. ¿Hay mayor desgaste emocional que tener que ir a un lugar por compromiso? porque a todo esto la mayoría reconoce que va a desgano!!
    Quién vendrá es una verdadera incógnita... y los personajes de los que se está hablando son de temer brrrrrrr!!!

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