miércoles, 6 de abril de 2011

HISTORIAS DE FOBIAS: Actualización

Bueno, se puede decir que después del paso de Exterminator por mi patio, volvió la tranquilidad a nuestra casa.
Si bien Mora continuó revisando cada rincón del patio,  ya no se enloqueció como antes anunciando la presencia de roedores, por lo que asumí que el/los bicho/s había/n pasado a la eternidad en el cielo de las ratas.
Así que hoy salí con toda la confianza del mundo al lavadero.
Por supuesto que estar confiada no significa dejar de tomar ciertas precauciones, por lo que cerré la puerta de vidrio que da al patio para evitar que si algún visitante extraño salía disparado, entrara a mi casa.
Con aires de superada entré al lavadero y puse el lavarropas.
Para cuando regresé, una de mis peores pesadillas me aguardaban... al intentar abrir la puerta quedé con el picaporte en la mano y, por consiguiente, sin modo de ingresar a la casa!!!!
Lo primero que hice fue intentar sacar el picaporte usando herramientas improvisadas como un palito, un alambrecito o el poder de mi mente.
Lo único que logré fue encajarlo más adentro.
Comencé a analizar mi situación: eran las 5 de la tarde, estaba encerrada en mi propio patio a merced de los roedores seriales y, como vivo sola, nadie vendría a mi casa a liberarme. Sólo me quedaba la esperanza de que llegara el paseador de mis perros, con llave de la cochera... sólo que a veces aparecía después de las 8!!!!!!!
¿¿¿Qué haría tres horas en esa situación???
Recordé que una de mis vecinas tenía la llave y comencé a gritar como poseída: "Lucyyyyyyyyy... Luuuuuuuucyyyyyy!!!!"
Ella, que siempre escucha todos y cada uno de los ruidos del planeta (al menos para psicotizarme por la inseguridad) esta vez no me oía. Y después de todo pensé que tampoco podría abrir porque había aplicado mi vieja costumbre de cruzar la llave después de cerrar.
Mis gritos alteraron a Mora y volvió a enloquecerse como cuando perseguía a los roedores, así que le atacó el síndrome Sdrech a full y empezó a correr y ladrar como loca, como si tuviera visiones.
Ahí toda mi confianza se fue al dedo gordo de mi pie y prendida a las rejas, desesperada, comencé a arañar el vidrio a los gritos, como la famosa escena en que los presos violan a Diego Torres en "La furia" y él grita GUARDIASSSSSS!!!!
Entonces, maldiciendo mi suerte, pegué un puñete a la puerta que curiosamente la destrabó. Digo curiosamente porque el golpe hacia adentro hizo que saliera el sostén del picaporte hacia afuera y ahí calzando la manija pude al fin entrar. Ya más tranquila busqué mi bolsa de papel para respirar... otra vez estaba hiperventilando!!
El paseador llegó cerca de las 20 (lo que hubiera tenido que esperar!!) y llevó al dúo a su caminata. Sin Enrique Sdrech en el patio, ¿cómo cuelgo la última tanda de ropa??
Las historias son cíclicas... y parece que todo volviera a comenzar...

1 comentario:

  1. ¿Qué más te puede pasar? ¡Genial el relato!!! ¡Me parece estar ahí viviéndolo y ojalá hubiera estado, así la espera del paseador hubiera sido más copada!!! (Por si no lograbas entrar a tu casa) JAJAJA
    ¡Todo mejorará!!! Besos

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