lunes, 14 de marzo de 2011

VIVIENDO AL MARGEN DE LA LEY: Memorias de una motoquera

Este fin de semana estuve haciendo una de las cosas que más me gustan: GATURREAR. Y el gaturreo incluye hacer un maratón de dos días, viendo todas las películas que no puedo ver durante la semana.
Dos de las películas que alquilé ("Otra vez tú" y "Sobreviviendo al amor"), una yanqui y la otra alemana, tocaban el tema de experiencias traumáticas infantiles o adolescentes.
Quedé tan impactada con el tema que, si bien se trataba de comedias, lo tomé en serio y hasta en mi siestita del sábado tuve un sueño retro de mi adolescencia!!
NOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!
Honestamente lo pasé como el culo en mi adolescencia. Y si hay algo a lo que nunca jamás volvería sería a aquellos días.
Sin embargo soy de la idea de que nunca todo es completamente blanco o negro, sino que la realidad se presenta como un abanico de diferentes colores y en diferentes tonalidades.
Pensé tratando de sacar algo positivo y lo encontré!! Hubo algo en mi adolescencia a lo que definitivamente volvería: a mis épocas de motoquera!!!!
Bueno, no crean que andaba en una Honda 1500 por la vida, lo mío era mucho más modesto...
Cuando cumplió 15 años a una amiga le regalaron su Zanellita 50 cc. Estaba justificado porque vivía en el culismundis, pero ahí la idea comenzó a darme vueltas por la cabeza.
Rompí tanto las pelotas (debo reconocerlo) con tener mi propia motito (bah, ciclomotor), que mi vieja y mi hermano (los adultos responsables por mí) terminaron por aflojar y hacerme a los 13 el regalo de mi vida: la Zanellita!!!!
Era blanca con rayas azules y celestes; y para mí era una Harley Davidson!
Manejarla fue pan comido. Se aceleraba torciendo el puño derecho hacia atrás y se desaceleraba volviéndolo hacia adelante. Los frenos eran como los de una bicicleta, así que sólo restaba recordar cargarle su mezcla de nafta y aceite (eran súper económicas!!), limpiarle la bujía de vez en cuando y no quemarte con el caño de escape.
Compartía mi "pasión motoquera" con mi perro Polidoro. Él no iba en el canastito como cachorrito de caniche toy, no no... era un perro de carácter, así que se paraba en su dos patitas traseras apoyando las delanteras en la óptica y con las orejas al viento disfrutaba de largos paseos.
El único problema que tenía mi faceta motoquera (porque nunca la felicidad es completa) es el que deslicé unos párrafos más arriba... tenía 13 años!!!! y sólo los mayores de 18 estaban habilitados para conducir (camiones, autos, motos y ... ciclomotores!!; cosa absurda si la hubo...)
Por lo tanto, me restaban 5 años en la clandestinidad de conducir sin licencia, prófuga de la justicia.

Vivir al margen de la ley era por momentos divertido. Sólo había que saber huir a tiempo de los inspectores de tránsito, tomar calles de los "suburbios" y poner "cara de grande", si por casualidad alguno te veía. Porque encima no se usaba casco!! así que si bien por mi voluminoso cuerpo parecía toda una señora, la cara de pendeja me vendía...
Mi primer persecución casi cinematográfica fue cuando tenía unos 16 años y me sorprendieron dos inspectores motorizados.
Tenían un viejo chevy azul que yo ya conocía de memoria, pero el auto no llevaba ninguna identificación ni ellos ninguna vestimenta especial... problemas de presupuesto municipal, ¿vio?
De inmediato los identifiqué y ante el silbato, como buena ciudadana en infracción, comencé a acelerar.
Ello con el agravante de que no iba sola, sino con mi sobrino, que entonces tendría unos tres años.
El iba paradito sosteniéndose del manubrio y ante la advertencia de "la ley", lo apreté aún más con mis piernas y comenzamos a huir.
No puedo decir cuántas cuadras hicimos con este auto atrás tocando bocinazos histéricos y con los inspectores en descontrol. Tal es así que terminaron gritando "Hija de puta paráaaaa!!", a lo que seguí acelerando hasta perderlos de vista.
Por supuesto la jodita no iba a pasar desapercibida y al poco tiempo llegó la multa de no sé cuántos litros de nafta!!
Lejos de apichonarme, y aún sabiéndome culpable, fui a la municipalidad con toda la soberbia que tenía en reserva (y más!) y encaré al director de tránsito o no recuerdo a quién (tal vez era el intendente... ya mi memoria cuarentona lo borró)
La multa era por ser menor de edad, por exceso de velocidad y por no obedecer a las órdenes de la autoridad (sí, ya en esa época era resistente a los uniformados!)
Lo primero que comencé a decirle fue que era absurdo que hubiera que tener 18 años para conducir una motito que casi casi era una bicicleta con motor!
Él me hablaba de la ley y las ordenanzas municipales; y yo de las normas en desuso que aún estando vigentes no se cumplían (empezando por la Constitución!!... después de todo, ser buena alumna comenzaba a dar sus frutos)
Después pasó al tema de la velocidad y la falta de obediencia a las órdenes del Caporal. Y ahí me tuvo que escuchar!!!!!
Con mi mejor cara del gatito de Shrek le pregunté: "¿cómo iba a parar cuando alguien me estaba insultando???" Continué con que el auto no tenía ninguna identificación, ni ellos se veían como inspectores... "parecían dos degenerados que me perseguían en un auto sin patente... ¿cómo yo iba a parar?" (dije al fin, al borde de un llanto andreadelboquístico)
El tipo quedó mudo. No sabía que me habían insultado!!
Para hacerla corta, no sé si le inspiré compasión, no supo qué responder, o simplemente quería deshacerse de mí, pero rompió la multa en mi propia cara, no sin antes advertir con estilo paternalista: "pero que sea la última vez, eh?"
Sí, respondí yo cual damisela en apuros y sabiendo que apenas saliera de ahí agarraría nuevamente la moto.
Y así lo hice... no sólo seguí andando en moto el resto de mi adolescencia, sino que haber zafado a la multa me hizo dar más coraje y dejé los suburbios para circular por el centro.
Un día, acostumbrada a lidiar con gente que me daba más edad de la que tenía, estacioné mi Zanellita en la vereda de Primón (en pleno centro) cuando un tipo se acerca y me pregunta cuántos años tenía. Sin dudarlo, distraída y sin mirar quién era, respondí muy fresca: 17.
Era un zorro!!!! Y me llevó directo a la Municipalidad. Esta vez tuve que pagar la multa sin chistar o no recuperaba la moto...
Y bue... tuve tan mala leche que cuando cumplí los 18 y fui a rendir con mi Falcon para sacar la licencia para conducir, me tocó ese mismo inspector!! Creo que no se animó a mucho conmigo porque ya conocía mi prontuario. Hicimos unas 8 cuadras y me aprobó para no verme más!!!
Cuando agarré el gustito al auto, mi Zanellita pasó a la historia. Y más tarde quedó en manos de mi prima.
A veces siento nostalgia del viento en la cara y esa sensación increíble de libertad y de absoluto control, que sentía al bordo de mi motito... pero como todo, cumplió su ciclo y lo disfruté a full!!!!

7 comentarios:

  1. EXCELENTE CARY!!!! ME HICISTE REIR DEL PRINCIPIO AL FIN Y LLORAR TAMBIEN DE NOSTALGIA. COMO NO ACORDARME DE TU ZANELLITA BLANCA...RECUERDO EL DIA QUE TE LLEGO..PERO SI LA MEMORIA NO ME FALLA TE LA REGALARON A LOS 15 O YO ESTOY LOCA JAJJAJ SE USABA ESOS REGALOS PARA LAS CHICAS EN LOS OCHENTA Y ERAN LAS PRIMERAS QUE HABIA EN LA CIUDAD. GRACIAS POR TRAER TANTOS RECUERDOS LINDOS DEL SECUNDARIO QUE SI BIEN NO FUE TAN FELIZ, SI TUVIMOS MOMENTOS LINDOS...BESOS

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  2. Lamento decirte, Ale, que sí te falla un poquito la memoria jaja Mi Zanellita llegó tercera a la barra, después de la de Rosana y Silvina. Y no quiero hacerme la pendeja pero ellas son mayores que yo jajajaja Tenía 13 cuando me la regalaron.
    Mi regalo de 15 fue muy diferente... una internación en una clínica para adelgazar!! ajjj

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  3. Ale, también recordarás el día que había salido en la zanellita con mi sobrina Julia detrás y mi sobrino Guille paradito entre mis piernas, y me mordió el perro collie a la vuelta de tu casa. Me calzó toda su dentadura en la pierna derecha. Por poco no la liga el nene!!!
    Pasé por tu casa a lavarme... y cómo me dolía!! Después me quedó un moretón gigante!!!
    Tenía 17 años. Fue toda una historia!! Por suerte el perro tenía dueño y estaba vacunado (el perro, no el dueño jajaja)

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  4. SABES QUE NO ME ACUERDO DE NADA JAJAJJA SERA QUE ESTUVE DORMIDA ENSERIO...

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  5. No... ahí estabas despierta!! Tu letargo comenzó un tiempo después jaja

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  6. ¡Recuerdo a la zanellita blanca con asiento triangular!!! En los ochenta venían con ese modelo. Mi moto es una similar, un poco más nueva y con asiento entero para llevar acompañante!!!
    La primera vez que la usé, teniendo 40 años, me advirtió una inspectora porque creyó que andaba sin carné y efectivamente andaba sin casco. Prefiero la bici. Odio usar el casco aunque resulte seguro por una eventual caída!!! ¡Lindas anécdotas de la adolescencia!!!

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  7. si!!!!! Yo me acuerdo del perro!!!! hasta me acuerdo cóm lucía el mordiscón en la pierna y vos lavándote en la pileta del lavadero de tu casa, la abuela haciendo las averiguaciones sobre el dueño del perro y la histeria general!
    Ahora... yo prefería la bici y los paseos por las piedritas.

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