domingo, 29 de agosto de 2010

EL ADIÓS A SASHA, una compañera sin igual


Como decía el poeta, podría escribir los versos más tristes esta noche... Sasha, nuestra querida Sasha nos dejó ayer. Demasiado pronto para todos, porque nunca es suficiente el tiempo que podemos disfrutar junto a nuestros seres queridos.
Y Sasha era de la familia. No de la que se hereda, sino aquélla que se elige, porque ella nos eligió como nosotros la elegimos.
Fiel y compañera Sasha...
Porque con una mirada podía decir más que mil palabras. Porque supo demostrarnos en estos once años cuánto nos quería y el valor que teníamos para ella.
Porque a pesar de no tener hijos, supo ser la madre protectora de todos los cachorros que se le acercaron.
Porque lo único amenazante era tu tamaño. A poco de conocerte todos comprobaban que tras esa imagen de perra feroz se escondía la más dulce y buena de las criaturas.
Nos dejaste, Sasha bonita, y te extrañaremos horrores!! porque tocaste cada vida humana y canina que se cruzó con la tuya.
Nunca te olvidaremos!!... y como dijo una amiga, seguramente estarás correteando allá junto a Polidoro. Ambos sanos, fuertes, sin achaques y con toda la energía!! Juntos, más allá de los celos y las diferencias que tuvieron en este mundo.
Pero no... esto no puede ser  un adiós, sino un hasta pronto porque nos volveremos a ver... si existe un paraíso, los perros no pueden estar fuera!

domingo, 22 de agosto de 2010

COMO UN VOLCÁN EN ERUPCIÓN: el final... de mi paciencia!!!

Para ninguno de ustedes es noticia que soy bastante temperamental y cabrona, pero la semana pasada llegué al tope de la resistencia de mi pobre corazón.
Después de casi cuatro meses de obra, con las molestias, inconvenientes, incomodidad, inseguridad, retrasos y desembolsos que superaron  largamente lo presupuestado, llegando al final del proyecto, al momento en que todo eso debiera considerarse superado para pasar a disfrutar los resultados, lo único que siento es impotencia y un sabor amargo.
No me gusta lo que veo, no me gustan las terminaciones, y hay cosas más allá de la estética, que superan lo imaginable.
Y sobre todo eso, un culebrón mexicano que me involucró cuando yo debiera permanecer ajena, limitándome sólo a pagar por un servicio profesionalmente brindado.
No sé cuál es mi problema con las personas, si soy demasiado flexible o demasiado estúpida para que tantas cosas me pasen a mí.
Después de comprobar al menos una docena de errores gruesos en la terminación (como por ejemplo que el piso de la galería no tenga caída hacia el patio sino hacia la casa!!!), sólo recibí de mi arquitecta un "lo lamento profundamente" como excusa y argumento para salir del paso.
Así entonces recurrí a la persona que había  contratado originariamente (su socio), para enterarme del culebrón.
Resulta que ellos se separaron... se pelearon al mejor estilo Pimpinella y yo quedé en el medio, pero ninguno de los dos tuvo la decencia de comunicármelo.
Ahora estoy con una obra casi terminada (siempre "casi" porque nunca terminan!!!) y una ex pareja de socios que se tiran la pelota uno al otro sin hacerse cargo.
Toda esta pesadilla que creí que llegaría a su fin cuando terminaran de construir, recién comienza ahora!!
La semana que termina hoy (gracias a Dios!) fue terrible. Con una bronquitis crónica (después de seguir andando tipo conejito de Duracell durante una semana), escupiendo los pulmones por la boca de tanto toser, llegué al viernes en que tendría que reintegrarme a la oficina tras tres días de ausencia.
La noche del jueves me enteré que los albañiles no podrían terminar con lo previsto el viernes porque "tenían que viajar" y el carpintero se ve que se solidarizaba con ellos porque tampoco vino. Sólo el electricista haría su aparición triunfal para hacer instalaciones eléctricas y colocar al fin la grifería del lavadero.
El viernes en la oficina fue una locura!! Trabajo atrasadísimo, trabajo nuevo, tensión permanente.
Llego a casa a las 4, previa parada en el lavadero (porque sigo sin poder habilitar el mío), y encuentro una lámpara colgada, la luz cortada y nadie trabajando.
Como tenía que viajar y nadie aparecía, mandé un mensaje de texto a mi arquitecta para que me diera el número de celular del electricista. ¿Por qué un sms y no una llamada telefónica? Simplemente porque no me responde.
Pasó más de media hora y no respondió, por lo que hice el mismo pedido al arquitecto.
Al rato conseguía el número y llamé al electricista... para enterarme que habían olvidado activar el disyuntor. Yo tengo una heladera en marcha, con un viaje pendiente y ¿qué hubiera pasado si no regresaba a mi casa?
Levanté la tecla del disyuntor y en medio de un ataque de tos nerviosa, pude al fin hacerme la nebulización pendiente.
En eso el arquitecto manda un sms para que le diera mi número fijo para llamarme. Intenté hablarle pero simplemente caía en el buzón de correo.
Con mi celular nuevo que no termino de entender, trataba de ingresar números en el texto, sin resultado.
Mi histeria iba in crescendo hasta que se me ocurrió pedir a una amiga que escriba en un sms mi número y así poder reenviarlo. No di mayores explicaciones y cómo habrá sido mi estado nervioso que ella (pobre!) llegó a pensar que había olvidado mi propio número telefónico!!!
Bueno, me habló y coordinamos ver el lunes una de las cagadas a arreglar.
Preparé los bolsos para partir a Gálvez y apenas llegaron los canes de su paseo, partimos.
No encontré los cinturones de seguridad para atarlos en el auto, así que viajaron sueltos.
Logré bajar decibeles en el camino hasta que decidí entrar a la estación de servicio de la autopista para comprar algo fresco para tomar... hacía tanto calor!
Entonces Andy, que parece adivinar cuándo es el momento menos propicio para joderme la vida, se escapó y comenzó a pelear con otros tres perros.
Comencé a los gritos por la playa de estacionamiento, como una loca recientemente escapada de un psiquiátrico. Cacé a Andy de los pelos y lo metí al auto, mientras los tres perros saltaban rayando todas las puertas.
Por supuesto arranqué sin comprar ninguna bebida y llegué a Gálvez pasada de revoluciones.
Y para qué se me ocurre revisar el correo... encuentro mail de la pelotuda con otro novelón. Además de hacerse la víctima por culpar de esta situación a la muerte de su madre (algo que comprendo que la haya sumido en un duelo, pero profesionalmente debió derivar el trabajo y no dejarme dos semanas en banda sin poder ubicarla!), quería sacarse la responsabilidad de encima diciendo que no se haría cargo de lo que no había hecho personalmente!!
A ver... si yo la contrato para supervisar y ejecutar una obra, obviamente tendrá que hacerse cargo de cosas no hechas personalmente por ellas pero por las cuales responde como conductora!!!!!!!!
Ahhhhh... y se atrevía a pedir el saldo del dinero!... con la docena de arreglos por hacer todavía quiere que cancele???
Y por último, la guindita de la torta: que ésta era su última obra, ya que después de esto abandonaría su profesión.
¿Qué esperaba?... ¿que le pidiera que no lo haga desgarrándome los calzones?... si no abandona la profesión garantizo que trabajo no volverá a conseguir porque me encargaré de decir a cuanto ser vivo cruce, la calidad del trabajo de la Fulana.
No pude esperar más y respondí ahí un mail que fue una explosión de toda la rabia, frustración y nervios que había acumulado en el transcurso del día.
Sólo pude llegar al final de ese viernes gracias a "San clonazepam".
Aún no recibí respuesta y hoy domingo llegué a mi casa y todo está como entonces. Una lámpara colgada que no enciende y un par de dicroicas que sí. El resto... noooo, ¿para qué?
Mi paciencia no alcanzó para todo el trayecto y terminó mucho antes que la obra. Soy un verdadero volcán en erupción y sinceramente ya no respondo por mis actos.
Nunca en mi vida me sentí tan basureada, rebajada, impotente y desquiciada... no puedo más!!!!!!!!

miércoles, 11 de agosto de 2010

MALAS COMPAÑÍAS: días de playa que se transformaron en una pesadilla

Ayer conversaba con mi vieja acerca de unas amigas de ella apodadas "las viudas" (porque la que no era soltera tenía los huevos bajo tierra como la tortuga) y recordamos juntas lo que en su momento fue una dramática pesadilla y hoy se convirtió en un cuento alocado que parece sacado de una película de Mel Brooks.
He relatado varias anécdotas vacacionales pero pocos viajes resultaron tan graciosamente catastróficos como Mar del Plata 1988!!
Después del fallecimiento de mi papá, mi mamá pasó a formar parte de esta barra de amigas solteras y viudas que, a pesar de peinar canas, eran unas locas lindas con quienes podía llegar a divertirme más que con la gente de mi edad.
Como con tal de viajar yo me enganchaba hasta con tours del PAMI, y estar con ellas no representaba ningún sacrificio sino diversión segura, no opuse objeción alguna cuando dos de ellas (Mari y Nelly) nos invitaron a mi mamá y a mí a Mar del Plata.
Viajaríamos en colectivo, para parar en un cómodo departamento de dos dormitorios, las cuatro...
Al menos eso creímos!!... hasta que el día de la partida apareció también una sobrina de Nelly, con sus dos hijos: un adolescente flacucho de unos 13 años y la nena de (digamos) ocho.
Reconozco que los miré con mala cara desde el primer día, en primer lugar porque no sabíamos de esa invitación y en segundo (y no menos importante) porque el departamento era para cuatro personas y nos habíamos transformado en SIETE!
Cuando vimos el departamento casi nos infartamos! Era pequeño para cuatro personas, imaginen para siete!! No había dos dormitorios sino sólo uno y las dos camas estaban en el living-cocina-comedor... ¿Adónde podrían meterse?
Mi cara de orto (genéticamente heredada, debo decirles) era tal que al toque resolvieron que dejarían el dormitorio para mi mamá y para mí, en tanto ellos cinco dormirían en el comedor. ¿Cómo se acomodaron?... sólo Dios lo sabe!!
Y un baño... un baño para siete!!
En fin, hicimos de tripas corazón y decidimos aceptar lo que venía.
El trío en cuestión resultó ser insoportable!!  Tanto la madre como la hija eran insufribles!! Caprichosas, necias, teatreras y ridículas, no se podía negar que tenían la misma sangre.
El único varón del grupo era (dentro de su adolescente pelotudez) el más centrado, pero roncaba como un tractor con acoplado! Cerrábamos la puerta y aún así el serrucho atravesaba las paredes.
Con mi mamá tratamos de cortarnos solas y en la medida de lo posible nos despegábamos de la familia de indeseables, que en cada lugar que estaba daba un minishow.
Un día llegaron al departamento llorando y gritando. No sabíamos qué les pasaba porque no decían nada coherente. Al fin la niñita contó la historia. El varón (único lúcido) no había salido ese día con ellas y en medio de la playa las había arribado una gitana buscando leerles las manos. Parece ser que por algún extraño trauma de niñez la mamá de las criaturas tenía fobia a las gitanas. La Fulana en cuestión lo percibió y con más razón comenzó a acosarla... y ustedes vieron cómo son de pesadas. Al rato peló una teta queriendo arrojarle leche pronunciando una maldición y nuestra "amiga" entró en pánico, lo que la llevó a darle la billetera con toda la plata que llevaba encima. La nena se avivó y empezó a gritar pidiendo ayuda!!
Para hacerla corta, la cosa terminó con policía de por medio y ataque de nervios incluido.
Pero ése no sería el último hecho policial que viviríamos en nuestra estadía...
Un día fuimos a una fábrica de tejidos. La cola llegaba hasta la calle, así que nos unimos y esperamos pacientemente en la vereda. Cuando entramos y después de comprar, Mari intentó pagar, se encontró con la sorpresa de que habían tajeado su cartera de goma y extraído su billetera.
El dinero no era un inconveniente porque no llevaba mucho encima... el verdadero problema era que llevaba en la billetera su pasaje de regreso!!!
Temporada alta, todos los micros reventando de turistas, resultaría imposible conseguir otro pasaje para ese día (porque encima Mari viajaba antes que nosotros porque necesitaba estar en Santa Fe en cierta fecha)
Hicimos la denuncia policial y de inmediato fui a la empresa de ómnibus a ver qué reconocían... con tanta mala suerte que al correr un colectivo me torcí un tobillo y anduve renga y con el pie hecho albóndiga el resto de mi estadía.
En la empresa mucho no aportaron. Como yo recordaba vagamente el número de asiento (en esa época, a mis tiernos 18, tenía memoria!!), me dijeron que llegado el día se sentara en ese lugar y si aparecía alguien más con ese mismo asiento, lo veríamos en el momento.
Los días siguientes transcurrieron rozando la locura, hasta que llegó el punto máximo que nunca pensamos que iba a alcanzar.
Recordemos que la pendejita caca quería y caca tenía... y bien, un día tuvo un antojo bastante particular...
Una tarde madre e hija aparecieron en el departamento con un conejito. ¿De peluche?... ¿Plástico?... nooooooo, de verdad!!!!
El pobre bicho era diminuto, recién separado de la madre, tenía hambre y frío, y encima había caído en manos de la madre insana y su diabólica hijita. Me invadió la pena al verlo...
¿A quién se le puede ocurrir semejante adquisición en vacaciones y en el estado de amontonamiento en que estábamos viviendo?... y después pensar en llevarlo en colectivo!!! Era una locura absoluta. La nena era chiquita, pero la madre no tenía una neurona que funcionara!!
Hete aquí que el conejito ni siquiera llegó a ver la luz del sol del día siguiente y falleció esa misma noche.
La pregunta del millón era qué hacer con el conejo para que la niñita no lo viera al despertar!... ahí salió el pobre Pitu a llevar a portería el pequeño cadáver de la mascota-por-un-día de su hermana menor, a fin de evitar que la pequeña ("semillita de maldad") no lo descubriera.
Mas cuando despertó y no encontró el animalito, empezó a gritar como poseída "¿y mi conejito?". La madre, con su peor cara de pocker le respondió: "se debe haber escapado porque no estaba esta mañana"... Veamos, escapar en un dpto. por dónde??? por la cerradura?? La chinita era chica pero no comía vidrio como para creer semejante verso!!
La cuestión es que la pendeja cada vez gritaba y lloraba más "Mi conejitooooooooooo... mi conejiiiiiitoooooo!!!!" La madre se puso a llorar con ella y ya la escena era para alquilar balcones... era como el teleteatro demasiado breve que hacía en su momento Calabró.
Fueron tales los gritos que el portero tuvo que aparecer, conejo en mano, para mostrarle adónde estaba su conejito. En mi humilde opinión se suicidó...
El resto del día velamos al conejo con lloraderas incluidas... la situación no daba para más!!!
Así seguimos hasta que Mari tuvo que partir  y todos empezamos a alambrar para que no apareciera alguien más reclamando ese asiento porque ¿si me había equivocado y no era ese número?
La terminal era un mundo de gente y Mari subió al colectivo ubicándose en el asiento con la espalda rígida, con cara de perro que pateó la olla.
En eso desde abajo vimos una pareja que discutía con el guarda frente a la ubicación de Mari. No sabíamos qué pasaba. El colectivo estaba retrasado a causa de esa situación. Finalmente bajó la pareja... había habido sobreventa de pasajes y tenían los mismos números que otros pasajeros que estaban AL LADO de Mari!!!
Partió y llegué a envidiarla... para ella terminaría el suplicio de tener que compartir algo más con los insoportables!
Al fin llegó el último capítulo de esa pesadilla de nunca acabar y el día que teníamos que ir a la terminal no encontrábamos taxi que nos acercara a la terminal. Estábamos muy cerca pero con las valijas pesadas era imposible llegar. El portero, de onda, ofreció el flete de un amigo que llegó de inmediato y, luego de cargar los bártulos, salimos a la terminal a pie.
Llegamos, buscamos en un lado, en otro, y las valijas no aparecían!!!! ¿Y si el tipo era un vivo y se las había llevado? Mientras recorríamos apuradas (porque estábamos sobre la hora) las distintas entradas, por ahí miro hacia atrás y veo a mi mamá desparramada en el piso boca abajo... se había caído!!!!!!! Afortunadamente no se hizo nada, pero había aterrizado sobre piso de tierra seco, así que era una bola de polvo!!
Finalmente apareció el fletero, nuestras valijas y cuando cerró la puerta del colectivo deseamos que todo aquello quedara atrás. "Nunca más" eran dos palabras que sonaban bastante en nuestras cabezas aunque no las pronunciáramos. Nunca más!!

sábado, 7 de agosto de 2010

TROPEZONES QUE FUERON CAÍDAS!!

(((Este post está dedicado a Monikit, que tiene una especial debilidad por este tema...
Podés reírte con ganas, guachaaaaaaaa!!!)))
Hoy voy a hablar de las grandes caídas de mi vida... pero no los bajones anímicos, ni las "caídas del catre"... escribiré acerca de los grandes porrazos (literalmente hablando) que me pegué a través de la historia!!!
¿Por qué rememoré esos episodios?
Porque después de notar ayer que "mis amigos" los albañiles habían hecho un pedacito de piso en el garage, que no podía pisar porque estaba fresco, tuve que ir a una cochera privada a dejar a la pobre Carola en un piso subterráneo.
Hoy, cuando fui a buscarla, bajé por los escalones a un lado de la pendiente para evitar accidentes y plum! caí de rodillas al piso como implorando a Dios que por fin termine esta obra de m... o no llegaré viva a ver mi casa en condiciones.
Y así me puse a revisar mi historia de caídas, que comenzó muy temprano... tenía un año y me había largado a caminar, cuando mi tía quiso dar la sorpresa a mi papá que estaba trabajando en el negocio. Entonces mi equilibrio me abandonó y me fui al piso, lo que hizo que no intentara volver a caminar como hasta los 15 meses... toda una cobarde la criatura!!
Sin duda alguna la caída más traumática fue la que tuve en la placita de las banderas. Estaba con mis primas y tropecé con una de esas lajas inmundas. No me dieron mucha bolilla hasta que notaron que no paraba de llorar (y esa no era precisamente mi costumbre... al menos de chiquita!) cuando notaron que tenía la bombacha llena de sangre. No sé si perdí ahí mi virginidad o fue muchos años después, pero la cosa terminó con sutura y todo!
Un poco más grandecita, aunque todavía con dientes de leche, un día salí de la pileta para ir al baño, para el cual había que atravesar un lavadero. Cuando terminé quise hacer una salida triunfal, digna de una estrella como yo. Pensé abrir los postigos de la ventana y cha chan cha chan... salir como reina para luego correr por el patio y saltar dentro del agua. Pero hubo un pequeño error de cálculo. La ecuación era simple: pies mojados + mosaicos de granito + ventana dura de abrir = resbalón de antología, para caer de panza al piso con tal puntería como para clavar los dientes en el umbral.
Gran fortuna para mí que fueran dientes de leche, ya que no sólo los cambié sino que también ligué propina del ratón Pérez!!
Años más tarde, regresando del almacén donde había comprado una 7UP, cuando todavía éramos ecológicos y venían en envases de vidrio de un litro, por saludar a alguien efusivamente me comí el cordón y caí sobre la botella. La jodita me dejó una cicatriz en el mentón que todavía tengo y me tuvo sin hablar durante un tiempito, ya que si bien no me pusieron puntos, con la venda no podía mover la boca para hablar.
A los nueve años murió mi abuela en el día del niño (pobre mujer, pero qué puntería!!) y para evitar que me mantuviera en ese ambiente de "velorio en casa", me deportaron a un festival con juegos que organizaba la municipalidad, junto a mis amigas las mellis.
Me "obligaron" (porque había que participar!) a correr carreras de embolsados y saltando dentro de la bolsa de repente me vi en el suelo comiendo cascotes y puteando a los organizadores porque culpa de esa carrera pedorra me había rayado la esfera de mi primer reloj que me acababan de regalar.
Siguiendo esta cronología de espanto, iba a la primaria cuando acostumbraba subir y bajar de la vereda con la bici. Tomaba las entradas a las cocheras y para mí era una especie de circuito con obstáculos que atravesaba para probar mis habilidades... hasta que un día subí una muy empinada y aterricé en todo el amplio sentido de la palabra!!!!!! Creo que me desmayé porque tuve un blanco mental por un momento. Cuando reaccioné y volví a montar mi "caballo" vi que de mi rodilla izquierda para abajo chorreaba sangre. Con los días se formó clarito el mapa de América. Juro que era así, allí estaban América del Sur, Central y América del norte, todas en rojo furioso. Al menos hasta que se me infectó la herida, gracias a las patadas que me propinaba Luis, un compañerito de primaria que me odiaba... a mí y creo que a la humanidad en general!! porque estaba enojadísimo con el mundo.
En mi adolescencia dejé de comprar terrenos por el mundo y la caída más memorable que puedo recordar fue en un corso. Mis amigas iban delante de mí y yo era la última. Me enredé entre las raíces de un árbol al subir a la vereda y caí de rodillas (frente a la iglesia, sin perder nunca el don de la oportunidad!) Me levanté con tal elegancia que mis amigas no lo notaron sino hasta que vieron la mugre en mis rodillas.
Ahhh y casi me olvido!! también tuve mi caída motorizada pero con la moto en la mano!! porque tenía una zanellita 50 cc y subiendo los escalones de la entrada de mi casa, se me fue para el costado y terminé con la motito encima y una pierna quemada por el caño de escape!
En la adultez me amigué con don equilibrio y fueron muy pocas las caídas que registré. Tenía pavor por caer y pasar papelones!! Más aún ésas en que nunca terminás de caer, como si todo fuera en cámara lenta, arrasando todo lo que haya a tu paso.
Siempre dije que dejaría de estudiar si me iba al suelo en la universidad o renunciaría, si me ocurría algo similar en el trabajo.
Nunca me fui al suelo en la facultad, pero en la escalera de tribunales di tal resbalón que caí como bolsa de papas sentada en uno de los escalones. Al menos no comencé a bajarlos de a uno con el culo porque eso hubiera sido humillante!!
Para culminar, la peor caída de mi vida, que fue al poco tiempo de mudarme a mi casa actual.
Tenía una nueva adquisición: la bañera! y era tan deliciosa como peligrosa. No había descubierto aún las bondades de las alfombritas antideslizantes de goma y un día cuando entré a ducharme resbalé para caer hacia atrás embolsada en la cortina de baño. Cayó el barral y quedaron mis piernas dentro de la bañera en tanto el resto de mi cuerpo estaba encajado entre el lavatorio y el bidet. Lo peor (además del dolor) fue que no podía incorporarme, por lo que debí poner el retroceso (pip pip, como hacen los autos) y moverme arrastrándome hacia atrás hasta llegar a un sitio donde hubiera lugar para ponerme de pie.
En fin, viéndolo así, en perspectiva, me doy cuenta que he tenido más golpes en la vida de los que recordaba!! Lo bueno es que la capacidad de recuperación del ser humano... no tiene límites!!!!!!

jueves, 5 de agosto de 2010

EL TÚNEL DEL TIEMPO: ¿a qué edad regresarían?

En este último tiempo me pasaron cosas muy curiosas que me hacen tener sentimientos bastante  contradictorios.
Siempre renegué de mi pasado, y muy especialmente de mi adolescencia porque no lo disfruté mucho que digamos.
Primero porque en la adolescencia todo está muy desordenado, no sabemos quiénes somos ni hacia dónde vamos; ni siquiera qué queremos!
Y además porque fui gorda el ciclo completo y la sensación de ser el sapo de otro pozo me persiguió durante toda la secundaria, con la burla al acecho detrás de cada esquina y ciertos sueños y deseos escondidos para que nadie los notara.
Casi se podría decir que en la adolescencia no existí. Era un expectador que miraba todo desde afuera, sin terminar de atreverse a entrar.
Hoy vi una foto del aniversario del boliche en que aparecía y me dije "la pucha, ahí estaba!" (casualmente sólo salí en una foto entre la gente el año que había bajado millones de kgs. de peso) porque hasta el momento no me había reconocido en ninguno de los sucesos de mi adolescencia. Estaba en todos pero era invisible. Nadie sabía que yo existía.
Cuando surgió en Facebook el grupo de los galvenses ochentosos me entusiasmó la idea de poder volver a esos tiempos en que las chicas bailaban con los varones y la música se dejaba escuchar sin perforar los tímpanos ni romper la paciencia.
¿Por qué querer volver a los 80 si en esa década lo pasé tan mal?
Es una pregunta difícil de responder.
Tal vez para revivir el momento en que la mayor responsabilidad era aprobar materias y el problema más grande era que el chico que te gustaba no te diera pelota.
O tal vez quería encontrar a esa Cary adolescente; comprobar al fin si efectivamente había vivido entre todas esas personas y si había sido visible o permanecido oculta, como siempre pensé.
Y me encantó revivir momentos, tener una participación activa en algo tan exitoso como esta comunidad, ver fotos, ver comentarios... hasta que me dí cuenta que efectivamente estaba repitiendo la historia de mirar todo desde afuera.
Cuando se comenzó a hablar de una fiesta ochentosa confieso que me paralicé. Fundamentalmente porque hay cosas que no quiero volver a vivir. Noches de plancha, de burla, de sonreír como idiota sola mientras el resto de mis amigas habían salido a bailar... no! Prefiero pecar por cobarde pero disfrutar de la agradable tranquilidad que me da estar segura al teclado, detrás de una pantalla.
Si tuviera que elegir una edad a la cual volver, no sería precisamente los 15. Sin duda alguna me quedaría en los 30s.
Más segura de mí misma, con los pies bien plantados sobre la tierra, una carrera terminada, hombres para elegir... y como si fuera poco, con todo el tiempo del mundo para ser mamá de 2 o 3 hijos!! Sólo que entonces todavía creía como una boluda en el amor y el matrimonio, y esperando el hombre correcto se me pasó el cuarto de hora.
El sábado asistí a un cumpleaños de 15 y me sentí un fósil, porque además de ver que mis amigas ya tienen sus hijos criaditos y casi adultos, me di cuenta que ya no tengo resistencia física. Ni a la música, ni a la trasnoche, ni a las pendejadas. Soy una vieja chota que aún sueña con la maternidad!!!
Definitivamente volvería a los 30 para cerrar con candado la adolescencia y tener tiempo para empezar con esas etapas que si no se aprovechan a tiempo prescriben!!
¿Y ustedes?... si pudieran meterse en el túnel del tiempo y regresar al año que elijan, ¿adónde arrancarían  de nuevo para revivir esa edad con la madurez que adquirieron recién ahora?