domingo, 30 de mayo de 2010

UNA NOCHE DE TERROR

Llovía incesantemente en la capital santafesina y un viento tenebroso comenzaba a soplar.

Quien suscribe, ajena a las inclemencias del tiempo y habiendo ya aceptado la parte inconveniente que me tocaba (suspensión de la obra hasta tanto el clima seque), estaba encerrada en la cueva, calentita, junto a sus cachorros, viendo películas en dvd y a punto de cenar sandwichitos de Mami’s acompañados por una cervecita danesa que tenía en capilla desde hace un par de meses. El paraíso terrenal!

Lejos estaba yo de imaginar qué noche me esperaba…

No soy persona de asustarme. Vivo sola desde los 20 años y he tenido todo tipo de experiencias en estos… 20 años (buaaaaa!!!). Hasta ayer sólo en dos ocasiones había sentido miedo. Una fue mi primera noche en esta casa. Venía de vivir en un departamento ruidoso del centro y acá había tanto silencio!! Encima, con habitación al lado de la vereda, desconocía los ruidos y cada persona que pasaba por la calle parecía caminar dentro de mi dormitorio. De más está decir que no pegué un ojo!!!

La segunda fue cuando viajé sola a Villa General Belgrano en temporada baja y alquilé una cabaña enorme en el kilómetro 82 de la ruta 5 (para quienes no conocen, es lejísimo de la zona poblada, ya camino a Santa Rosa de Calamuchita). La cabaña estaba en un complejo en el que no quedaba personal por las noches y yo era la única huésped ese primer día… ubicada en medio de un bosque… ah, y otro detalle!!... las ventanas sólo tenían vidrio, ni postigos ni rejas. Esa noche el viento soplaba y los árboles del bosque hacían uhhhhhhhhhhh uhhhhhhhh. Juro que nunca sentí tanto miedo en mi vida!!!!

Ayer tuve mi tercera experiencia.

Todo comenzó cuando, estando instalada en mi dormitorio, oí un ruido en la casa de al lado. Frecuentemente escucho correr muebles. Es siempre el mismo ruido y repetidas veces. Siempre me pregunté qué hacen, ya que allí viven dos mujeres solas, tía y sobrina. Nunca me asustó ese ruido hasta que anoche lo escuché mientras oía que ambas estaban… en la vereda regresando de misa!!!!

No fue el ruido en sí, sino que siempre lo escucho. Por un momento pensé que podía ser el fantasma de la mamá, que murió ahí y su dormitorio daba con el mío. Y de verdad no me asustó que lo fuera porque me llevaba muy bien con ella y me apreciaba mucho. Lo supuse un fantasma inofensivo! Además no era la primera vez que oía ese ruido. Era conocido, familiar. Seguí con lo mío.

De ahí en más comencé a escuchar ruidos de todo tipo, pero esta vez en mi casa!!!!!! Los perros también los oían porque al menos Andy estaba con las orejitas levantadas, atento, mientras Mora sólo metía barullo ladrando como poseída.

Para completar el panorama, el idiota de los sándwiches cuando vio que mi timbre no funcionaba en lugar de golpear la puerta del living, fue hacia el portón de chapa (en la zona de la obra) y comenzó a azotarlo. Creo que ahí se detuvo mi corazón!!

Tomé los sándwiches y la cerveza y me encerré con llave en la parte de los dormitorios.

De más está decir que lo que comí me quedó atravesado. Más aún cuando oí el ruido de algo pesado que caía en el patio y los perros ladraron. Me repetí a mí misma “es en la calle, es en la calle, es el viento”… iba bien con mi autocontrol cuando suena el teléfono: mi vecina de al lado (la de la casa del fantasma) que me preguntaba si había oído ese ruido. Me contó que había encendido las luces del patio porque había sido en el mío. Ahí me paralicé, porque del patio a mi living sólo hay una puerta que apoya y una reja finita con un candadito de mierda!!!

Para “tranquilizarme” mi vecina me comenzó a hablar acerca de la cantidad de robos que habían ocurrido esta semana en el barrio, entrando por los techos, además de contarme que había presenciado esa misma tarde un asalto en el almacén de la otra cuadra.

Histérica, cuando corté fui hacia el otro dormitorio y me detuve a escuchar. Nada. Silencio absoluto y sólo el sonido del viento azotando todo.

Me puse a pensar que mi celular estaba roto (yo hablo y no me escuchan) y que de este lado sólo tenía un teléfono fijo inalámbrico, por lo que si cortaban la luz quedaba absolutamente incomunicada. Comencé a sentir paranoia y me faltaba el aire.

Le conté a dos amigas y reaccionaron fieles a su estilo. Una minimizando todo. La otra llamando por teléfono y ofreciéndose a venir. Por supuesto ninguna me pudo ayudar porque yo estaba psicótica!!!!

Y como guindita de la torta, otra de mis amigas (ignorando lo que me estaba pasando) me reenvía un mail intitulado “ola de asaltos”. Ni lo pude abrir!!

Pensé en llamar a la policía, pero después tendría que abrirles para que revisaran y no, definitivamente no saldría de mi zona segura!

Me acosté cerca de las 2 y por supuesto que no pegué un ojo. Oía ruidos de todo tipo, me asustaba hasta de mis propios ronquidos cuando quedaba entredormida y por momentos no sabía si soñaba o realmente escuchaba lo que me parecía escuchar.

Pensé en correr el lavarropas contra la insegura puerta de la cocina, pero para eso tenía que abandonar mi espacio seguro, así que de ninguna manera!!

Cómo me habré sentido que aún con el frío que hacía transpiré entera (me corría por el cuerpo ese sudor frío del terror!!)

Los perros, a causa de los nervios que yo les trasmitía, estaban intranquilos y, además de empujar la puerta para ir al living, tomaban agua sin parar. Agua que por supuesto en algún momento tenía que salir. Comenzaron a pedir pis a las 4 de la mañana y por más que les explicaba no entendían que no podíamos salir de ahí.

Usé unos diarios para improvisarles un bañito en el pasillo y cuando no aguantaron más hicieron ahí sus necesidades.

Eran las 6 pasadas cuando entredormida oí un portazo. Me pregunté de qué puerta se trataría, ya que no tengo más puertas!!!... excepto la del living! ¿Y si todo ese tiempo hubiera habido alguien en el living, que recién salía ahora?? Recordé que había dejado las llaves de Carola sobre un mueble y pensé que alguien podía armarse con eso, aunque entre todos los sonidos no había oído el del motor al encenderse.

Esperé pacientemente (¿por qué nunca pasa el tiempo cuando hay ansiedad???) y a las 7 y media cuando aclaró, decidí que era tiempo de abandonar el bunker.

Armada con un palo de escoba y un Glade toques (para tirar algo en los ojos al supuesto malhechor) abrí la puerta hacia el living y salí. ¿A qué no saben qué me encontré??... todo estaba tal cual lo había dejado la noche anterior.

Al levantar la persiana y ver la luz del día sentí la misma tranquilidad que el protagonista de una película de vampiros, al salir el sol.

La llave de la puerta del frente trabando la cerradura, la silla apoyando la puerta que va hacia la cocina… nadie había entrado en ese ambiente y tal vez tampoco haya habido nadie en el patio anoche… todavía estoy juntando coraje para ir a revisar!!


lunes, 24 de mayo de 2010

LLEGAMOS A LAS MIL VISITAS!!


Parece ayer, gente linda, que escribía mi primer post. Y hoy celebramos las primeras mil visitas... primeras porque pienso seguir escribiendo en tanto haya un valiente que continúe leyéndome.

Gracias a todos por estar y participar!!!

¡¡¡Los quiero muuuuucho!!!

domingo, 23 de mayo de 2010

LAS DELICIAS DE LA CONSTRUCCIÓN: tercera parte recargada!!

Este fin de semana largo, para celebrar el bicentenario de nuestra patria, decidí alejarme un par de días del mundanal ruido de paredes y techos que se demuelen y huir a refugiarme en la casa de la vieja.

No puedo decir precisamente que descansé, pero al menos dejar atrás el polvillo, el ruido y el desorden.

Hoy domingo a las 6 de la tarde arribé.

Lloviznó durante todo el camino y a lo lejos se veían unos relámpagos horrorosos, pero apenas pasamos la zona de countries, la amenaza de tormenta se hizo realidad y comenzó a diluviar.

Quien tiene auto, ¿no se preguntó alguna vez por qué extraña razón, si trabajan juntos, el limpia parabrisas del lado del conductor se gasta más rápido? Pues así sucede y claro, no los venden de a uno, sino el par!! Pues bien, mi limpia parabrisas hoy sólo ensuciaba y no veía un pomo, manejando sólo por instinto.

Entré a una Santa Fe medio inundada y finalmente me detuve frente al portón de mi cochera. Dos días antes había dejado la llave a una amiga para que viniera a diario a revisar que no se fueran sin cerrar todo, apagar las luces, etc. y como no tenía duplicado, le pedí que la depositara en el buzón.

Antes de bajar tenía que elaborar una estrategia. Lo primero era ir por el frente a buscar la llave del garaje. Por otra parte llovía demasiado para ponerme a bajar todos los bártulos. Tampoco podía bajarlos dentro del garaje porque desde ahí no tengo comunicación con el living, o sea que sí o sí tenía que ir por la vereda lluviosa. ¿Y los perros? Ay, cómo se mojarían!!!

El agua iba de cordón a cordón, así que estacioné un poco más allá del portón (a fin de evitar el “bachetta” –bache del intendente Barletta!!- que tengo frente a mi casa) Igualmente cuando bajé me mojé los pies hasta el tobillo y me empapé llegando a la puerta del living.

Saqué la llave del buzón y volví a la cochera, abriendo el portón.

Intenté encender la luz (a las 18 de un día tan tormentoso era noche cerrada!) y nada. Ahí recordé que ese sector de la casa quedaría sin electricidad… pero el miércoles!!!!! A oscuras y con el agua chorreando por todas partes (porque una parte de la cocina no está techada y falta la puerta de la cochera hacia el patio) advertí que el mojarme y bajar mi equipaje no sería precisamente el peor problema que enfrentaría a mi regreso…

Mi casa parecía un campo de batalla y ahora mi cochera lo confirmaba. Al fondo, contra el placard, una hilera de bolsas de cemento apiladas simulaba una trinchera bien acomodada, encima de la cual coronaban máquinas y herramientas. ¿Acaso no había otro lugar seco donde ponerlas?

Con la sola iluminación de los faros de Carola entré a tientas al garaje. Ah, pero no piensen que sería simplemente evitar el frente… con bolsas al frente y a la derecha lo lógico hubiera sido tirarme hacia la izquierda pero ¿recuerdan la preciosa canaleta del desagüe pluvial? Pues sigue destapada!! Y con el plus de que ahora también le pusieron encima los perfiles de hierro!!

A oscuras, habiendo chocado un par de bolsas y con los perros ansiosos por bajar, que no dejaban de ladrar, bajé haciendo equilibrio instintivo (ya que no veía; los faros no alumbran a los costados!) para no caer en la canaleta.

Por suerte traía una luz de emergencia que encendí y dejé en el piso de la cocina, para advertir que el portón no cerraba!!! Claro, con las bolsas delante y un portón que abre hacia adentro, no había espacio para cerrarlo.

Comencé a gritar como poseída, puteando contra las cinco generaciones por encima de los albañiles, electricista, arquitectos y afines. Tal es así que mi pobre vecina apareció a ver qué me pasaba (pobre!! A esta altura no se curó de espanto con mis ataques de bronca!)

No podía mover las bolsas porque al oscuro ¿adónde las pondría? Tanto la cocina como el patio estaban llenos de pozos para enterrar las columnas que sostengan la nueva estructura.

Pasé al plan B: intentar quitar la rueda auxiliar de atrás de Carola. Hice el esfuerzo pero por más empeño que le puse no logré desajustar la cubierta.

Media hora de maniobras me llevó cruzar a Carola de un lado y otro para cerrar el portón por partes sin caer en la canaleta en el intento! Sólo me pregunto cómo sacaré a la pobre Carola de ese lugar!!!!!!!!!

Descargué perros y equipaje y resoplando mi rabia al fin entré al área habitable de mi casa al grito de BASTAAAAAAAAAAAAAA!!!!! Quisiera despertar pronto de esta pesadilla y que todo esté terminado ya!!... ¿Cuánto más falta?... ¿Cuánto más resistiré?

lunes, 17 de mayo de 2010

POLIDORO, MI FIEL AMIGO

Hoy 17 de mayo hubiera sido el cumpleaños de quien fuera una parte muy importante de mi vida: Polidoro, mi perro.
Como era todo un personaje quiero rendirle hoy un modesto homenaje en este blog de recuerdos y mucha nostalgia.
Polidoro nació un 17 de mayo de 1986 y se integró a mi vida sólo un mes más tarde. Hijo de madre bretona pura y padre desconocido (sospechamos que se trataba de un galgo), era el último de la camada, en cierta manera el despreciado, por lo que me sentí identificada de inmediato y fue un amor a primera vista.
Lo llevé a casa un poco a la fuerza porque –como conté en otro post- mi mamá ya no quería más animales, pero pronto supo ganarse su lugar en la casa y en nuestros corazones.

Ustedes se preguntarán de dónde salió ese nombre tan extraño. Bueno, mi vieja en su infancia había tenido una vez un Poli y yo miraba en ese momento una novela mexicana con un personaje llamado Polidoro. Y quedó. Claro que después recibió miles de apodos (mi debilidad es poner apodos!!): Pomposo, Pollo, Grinzi, Tototo, Huevolín... hasta algún h de p que ligaba de rebote cuando se mandaba alguna de las suyas!!
Poli no era un perro faldero y sumiso, sino que siempre demostró que tenía carácter fuerte y sabía imponerse. Cuando algo no le gustaba no se preocupaba en comunicártelo, solita lo ibas a adivinar!! Su veterinario decía que era el segundo perro más jodido que había atendido en su vida profesional.
¡Cómo le gustaba la calle! No podía aguantar la irresistible tentación de vagar por ahí. Pasaba entre las rejas de mi casa y le gustaba perderse por la ciudad. Bueno, perderse es un decir, porque siempre encontraba el camino por más lejos que estuviera.
En una oportunidad nos fuimos de viaje y lo dejamos a cargo de mi hermano. Durante días recorrió una a una las casas de todos los parientes para verificar si estábamos en alguno de los sitios conocidos.

La palabra NO no existía en su diccionario. No podía comprender por qué no podía estar conmigo todo el tiempo. Y así, cuando salía en auto se hacía el boludo mirando para otro lado y apenas arrancaba pasaba a través de las rejas contorsionándose (porque era bastante panzón) para seguirme a toda velocidad. Fiel a sus raíces galgas, corría como una chita!!
Desconozco si alguna vez perdió su virginidad, pero era tan enamoradizo!! No le hacía asco a nada y si tenía que cruzar media ciudad para hacer guardia frente a la casa de alguna percanta, lo hacía, sin importarle el hambre, la sed ni las inclemencias del tiempo. A la noche volvía casi ojeroso, agotado, para cargar energías y partir al día siguiente tempranito.
No había forma de detenerlo a menos que se lo atara. Era un alma libre.
Cuando no había “canesas” en celo a la vista, se las arreglaba muy bien con lo que habíamos bautizado su “perramatic”. Afanaba una alfombra gruesa que teníamos para limpiarnos los pies y la llevaba sobre una maceta, donde la acomodaba para usarla a sus efectos.
Pero su gran amor era Chiqui, una perra tan fea que parecía cruce con comadreja!, que vivía frente a la casa de mi mamá. Ni siquiera era simpática... no sé qué le gustaba, francamente.
Le hacía guardia durante días... cómo habrá sido de fea la perra que ni siquiera había otros perros disputándose su amor.
La perra era bastante trola, por cierto. Le acercaba su “chochi” al tejido para que le hiciera sexo oral... sin palabras!! Y el otro la miraba embelesado y desesperado, sufriendo al otro lado del tejido.
Un día me apiadé del alma torturada de Polidoro, esperé que saliera la dueña de Chiqui y lo tiré adentro de la casa. Y no pasó nada!!! Era pura histeriqueada nomás... Poli terminó rogándome paradito en dos patas que lo sacara. Un fiasco! O bien un sentimiento demasiado puro... amor platónico nomás.

Podría contar anécdotas durante horas. Su gusto por las fresias italianas (que nunca dejó crecer), los huesos de pollo (que no le dábamos y robaba de la basura de los vecinos), los morrones o las manzanas y mandarinas. Cómo odiaba a los veterinarios tanto como al baño semanal. O cómo se ofendió y desapareció la primera vez que lo pelamos.
Cuando vine a estudiar a Santa Fe no sé cómo lo sabía pero iba a esperarme a la parada de ómnibus en la esquina de mi casa. No importaba qué coche eligiera, qué horario o de qué día. Él lo sabía y cuando un viernes los vecinos lo veían paradito en la esquina decían “Seguro llega Cary” porque nunca se equivocaba.
Intenté traerlo a vivir conmigo al departamento y nunca se adaptó. En una oportunidad, en una sola noche, perdió todo el pelo de su panza por el stress.
Su vida era el aire libre, el vagueo, la calle. Y murió en su ley.
A pesar de que tenía 15 años y estaba un poco sordo y desdentado, seguía siendo un perro vital, con mucha energía y ganas de jugar todo el tiempo. Hasta que lo atropelló una moto y se le cayó la parte trasera del cuerpo.
En principio su terquedad hizo que buscara recuperarse. Se levantaba, hacía unos pasos y volvía a caer, pero andaba. Más adelante se deprimió y comenzó a tener episodios de ahogos, cada vez más frecuentes.
Llegó un momento en el que hubo que tomar una drástica decisión. Y agradezco que lo hizo mi mamá por mí.
La muerte de Polidoro fue un duelo familiar, un dolor que parecía no tener fin.

Pero como la vida es cíclica y creo firmemente en la reencarnación, la vida me compensó devolviéndome a Poli a través de Mora.
Ustedes no lo creerán, pero son dos gotas de agua, con idénticas reacciones, gestos y gustos. Sólo que Mora no es agresiva, lo que confirma que nuestras sucesivas vidas son aprendizajes para dejar de cometer los mismos errores una y otra vez.
A veces lo extraño mucho y en ocasiones llamo a mis perros por su nombre, pero después veo a Mora junto a mí y confirmo que el verdadero amor nunca muere.

viernes, 14 de mayo de 2010

UN GREMIO HORROROSO: Plomeros, gasistas y cía.


Sobreviví a la primera semana de construcción en casa y si los albañiles me habían parecido nefastos, mugrientos y despelotados, recibir a plomeros y gasistas fue casi casi una experiencia religiosa!!
Tal vez sean mis prejuicios contra estos sujetos, pero después de varios malos ratos que me han hecho pasar (lo que me llevó a crear una agenda negra de plomeros innombrables), puedo afirmar con plena certeza que puede llegar a ser más fácil encontrar un buen marido que un buen plomero y/o gasista!!!!!
Si los albañiles iban rápido con la destrucción, el gremio plomeril en cambio se formó en el culto del “slow down” a base de sopa de caracol.
Nada de trabajar 8 o 9 horas diarias; sólo unas 4 o 5 siendo muy generosos!, algo que no me molestaría en absoluto si no fuera porque atrasa el trabajo del resto.
Yo, que tomaba fotos del día a día y podían observarse cambios en el aspecto de mi casa y la verdadera evolución de la obra, me detuve porque no tenía sentido que en una foto se viera hoy un caño tirado en el piso y al día siguiente el mismo caño movido 2 centímetros más allá.
Ah, porque irán muy lento pero para desparramar cosas fueron mandados a hacer!!! Ya prácticamente no quedaba un espacio libre en el piso y mi pata 45 no podía esquivar tanta “plomería” desparramada!
Un día se le rompió un caño (claaaaaaaaro, así la felicidad era completa!) y quiso cerrar la llave de paso de la vereda. Pues estaba rota!! Entonces llamó a los dulces muchachos de Aguas Provinciales que se tomaron un día completito para venir y cambiarla… dejando un pozo inmundo en la vereda, que nunca cubrieron y que luce como cráter rodeado de cascotes y tierra cual hormiguero gigante.
Hoy llegaba de mi trabajo cuando veo a los pelotudones de mis vecinitos adolescentes, con la clásica risa “jo jo jo” de Tonto y retonto, arrojándose cascotes y tierra de la montañita.
No dije ni una palabra. Me acerqué, me detuve al lado del boludón mayor, me quité los anteojos y le lancé mi mirada aniquiladora.
Tampoco dijo nada. Tiró lo que tenía en la mano y se fue como perro que pateó la olla.
Entonces tuve la dicha de ver al señor plomero/gasista a quien nunca encuentro porque se las toma antes que yo llegue. Lo saludé y pregunté por el caos. Me respondió que terminarían hoy con la instalación de gas (¿puede eso ser verdad?) Acto seguido pregunté por mi calefón y respondió que aún permanecería en su antiguo lugar, funcionando. Y tranquila, fui a dormir la siesta.

Cuando desperté, entré a ducharme para ir a kinesiología y… agua fría, helada!! Extracto de iceberg salía por la ducha!!!!!!! En bolas y encabronada, me tiré la ropa que tenía encima y salí a la vereda… ah, sí, porque no puedo pasar a la cocina desde adentro!!
Al llegar al calefón, después de sortear todo tipo de obstáculos en el piso, y a oscuras porque ya eran pasadas las 6, observé que estaba apagado. Intenté encenderlo y nada.
Furiosa, abrí la reja y pasé al comedor para hablar con la arquitecta. Su número estaba en mi celular y sólo podía ver una pantallita azul. Sí, claro, anoche mi pequeño mamut (Mora) se llevó puesto el cable del cargador y mi pobre teléfono salió disparado como jabalina!
Después de varios intentos encendió y llamé.
Mi arquitecta, con su clásica parsimonia, dijo que el tipo estaba por ir al estudio así que le preguntaría en vivo. ¿Tanto le costaba llamarlo por teléfono???
Pasó media hora y tic tac, yo esperando.
En eso golpean la puerta (sí, estoy sin timbre!!) y cuando abro… un testigo de Jehová!!! Biblia en mano, con su clásica sonrisita de “llame ya”. Creo que ni llegó a decirme buenas tardes que ya lo había echado.
Tomé nuevamente mi averiado celular y con mucha dificultad logré enviar sms a la arquitecta intimándolos a responder. Entonces se acordó de llamarme para decirme alegremente que el gasista se había olvidado de abrirme la llave de paso del techo… un divino!! Pero era tan considerado que mañana sábado vendría “especialmente” a abrir la llave… un primor!
Le ladré al teléfono y marché al baño. Hice de tripas corazón y me metí bajo la ducha fría. Fue como meterme en la olla de La Cumbrecita en pleno invierno ayyyyyyy!!
Cuando salía a la calle para partir, se escapan los perros!! Fue tal el grito que les pegué, que ni siquiera lo dudaron y regresaron a casa sin chistar (o jadear, o ladrar…)
Con la lengua afuera llegué al consultorio de la kinesióloga, quien con esa súper onda sonriente y feliz que tienen todos los kinesiólogos, me preguntó qué tal había estado mi día. La miré y respondí “¿de verdad querés que te cuente?” Y claro, todos preguntan “cómo estás” pero pocos quieren esperar por la respuesta. No respondió, dio media vuelta y siguió con su sonrisa en “on” mientras cantaba y silbaba como para no alterar esa atmósfera artificial de consultorio.

martes, 11 de mayo de 2010

LAS DELICIAS DE LA CONSTRUCCIÓN (primera parte)

Siempre me gustó la palabra “construir” porque sugiere proyectos, acción, sueños, futuro… eso hasta tener el primer encuentro del tercer tipo con albañiles.
Mis padres construyeron de cero la casa en la que viví a partir de los cinco años y no sé si fue buena suerte o pura ignorancia (porque cuando se es chico hay muchas cosas que resultan ajenas a nosotros por el simple hecho de que no nos interesan!), pero nunca hubo que hacer grandes arreglos en casa, más que pintar o cambiar el empapelado.
Fue recién cuando me mudé a mi primer departamento, que la nefasta humedad de la pared del sur me obligó a contratar albañiles.


El jefe mayor era todo un personaje. Machista como pocos, nunca hablaba conmigo. Yo en ocasiones estaba acompañada por un masculino (como diría la cana) y lo miraba a él aunque fuera yo la que estaba dándole indicaciones!!! Y encima era medio sordo. Por ahí me miraba como si no entendiera una palabra de lo que estaba diciendo, o le estuviera hablando en chino. Y el muy turro se iba con sus peones para volver después a cobrar. Entonces yo (de puro yegua nomás) esperaba que estuvieran todos para mencionar que le había entregado plata, para que no currara a los otros, pobres!
Creí que iba a poder sobrevivir a ese caos que reinaba en dos ambientes, pero no pude… y al primer día nomás planté bandera y fui a vivir a la casa de unos amigos.
Claro que entonces no tenía a Andy y Mora junto a mí y todo era tan simple como hacer un bolsito y cerrar la puerta! Ahora todo cambió.
Hay proyectos que están en nuestra cabeza y son bellos para soñar, pero difíciles de concretar.
Hace años que fantaseo con mi living, con una “salita de cine” donde tener un enorme LCD, sillones confortables y un mueble donde poner mi enorme colección de videos y dvds.
Decidí poner manos a la obra y así empezó este baile…
Después de cuatro meses de dimes y diretes con los arquitectos, se largó la obra, con nosotros tres viviendo en la casa. Y entonces descubrí las delicias de construir… de esa bella palabra tan dura de realizar!!
El primer día creí que iba a darme un ataque de pánico. Todo era destrucción: pisos levantados, azulejos arrancados, pilas de escombros, más polvillo que en el lejano oeste y llovizna… que hacía que mis dos hijitos con sus patitas hechas milanesas de inmundicia, llevaran hacia cada rincón de lo que alguna vez fue mi casa ese paté de escombro y barro.
Renuncié a la limpieza, cerré los ojos y así sobreviví al primer día.
El siguiente día no fue mejor y mi cocina amaneció con un enorme agujero en la pared. Resulta que nadie había pensado en que yo tendría que dormir con ese hueco por el que entraban juntos tres de mi tamaño!!
Mandé un sms a la arquitecta intimándola a hacer algo. Muy divina ella me pidió “paciencia” que al día siguiente lo arreglarían. No se trataba de paciencia, sino de mi seguridad!!!!!!!!
Creí que esa noche no dormiría, pero estaba tan cansada que apoyé la cabeza en la almohada y morí.
El tercer día no fue mejor y yo no resucité entre los muertos sino que creí morir al ver todas las paredes tumbadas!! Ahora por el agujero entraba todo el equipo de Colón, banco de suplentes incluido!

Mis perros eran los únicos que parecían disfrutar el nuevo paisaje demoledor. Mora, cual José De Zer buscando a la Dra. Giubileo, investigando todo, olfateando cada cascotito y escarbando hasta desaparecer dentro de la nube de polvo. Andy, por su parte, tirado en la montaña de arena al sol, como si estuviera veraneando en el Caribe. Y yo, mientras tanto, mirando con espanto las ruinas de lo que alguna vez fue mi casa.

Lo único que agradezco es trabajar tantas horas y tener una rodilla rebelde que me obliga a ir de la kinesióloga a diario porque de lo contrario no sólo tendría que bancarme el desorden sino también el ruido!!!!
Un día llegué, me metí en mi bunker (léase zona de dormitorios) y en un pestaneo me desnudé para ponerme el camisón y tirarme a dormir la siesta aunque sea un ratito. Estaba en bolas cuando escucho “Carina… Carina” Era el cacique albañil pidiéndome yerba.
Podía tener yerba en mi improvisada alacena, pero como no tomo mate la había guardado… en una caja en el escritorio!!!!!!!!
Creo que me puse el corpiño al revés, me calcé la ropa que encontré y fui para el escritorio (por la vereda, lógicamente). Después de revolver dos cajas encontré el dichoso paquete y lo entregué.
Entonces lo guardaron y con una sonrisita me saludaron… hasta mañana!!!!!!!!! ¿¿¿Me habían hecho perder la siesta por esoooooooo???

El viernes sobrevino la canaleta. Llegué y sin aviso previo, encontré todo el piso del garaje atravesado por una larga y profunda cuneta. ¿Cómo entraría a Carola ahí??
La primera vez fue todo un desafío, porque tenía que procurar no meter las ruedas izquierdas en la canaleta, no pisar todas las cosas que estaban del lado opuesto y a la vez evitar meter la pata en ese pozo… mucho no!?? Pues bien, de tres hice dos bien porque al entrar pude escuchar un “trisch trasch” y así murió atropellado el extractor de la cocina.
En fin, ommmmmmmmmm ommmmmmmmmmm paz, amor y buena onda, llegué al final de la primera semana.
Y esto recién empieza... así que seguiré encendiendo sahumerios e invocando santos hasta que algún día dejé de sentir que las sábanas pinchan y el piso hace crich crich y mirando hacia la cocina pueda admirar la reforma terminada!!

Continuará…

viernes, 7 de mayo de 2010

LAURA EN EL PAÍS DE LAS ANTIMARAVILLAS


Este es un homenaje muy especial, porque hasta ahora siempre los dediqué a familiares o aquellas amigas que compartieron conmigo la infancia.
Hoy este espacio está dedicado a una amiga de mi adultez: Laura.
Pienso que con los amigos pasa lo mismo que con las parejas. Es más fácil hacer amigos en la infancia, o compartir tu vida con tu primer novio, porque de esa manera ambos van creciendo juntos, aprendiendo de a dos, compartiendo de alguna manera las mismas vivencias.
Cuando ya se es adulto cada uno carga con una historia que no fue común y vivencias totalmente diferentes. Así, convertidos en un abanico de rayes, manías y por qué no, también virtudes, se hace un poquito más difícil hacer nuevas relaciones.

Mi vida adulta me dio unos amigos grandiosos, que son contados pero valiosísimos. Y entre ellos está Laura.
Nos conocimos hace más de diez años, por cuestiones laborales, pero no era el momento propicio para el nacimiento de nuestra amistad.
Entonces, ambas nos llevamos impresiones equivocadas una de la otra. Yo creyendo que ella era la novia de su jefe y Laura viéndome como una total antipática que ni siquiera la saludaba.
Eran mis tiempos de “cortesana” (no sean malpensados, che!!... era porque trabajaba en la Corte!!) y no me caracterizaba precisamente por la simpatía. No porque me la creyera, enfundada en mi traje de teflón de relatora; sino porque estaba tan mal con mi vida, mi entorno y mi profesión, que no registraba a las personas que me rodeaban. Por eso tal vez fuera que incluso llegaba a mirar a las personas sin saludarlas. Lo sé porque me lo cuentan, no porque lo recuerde.
Cuando pasé a la Secretaría de Informática mi vida cambió y el destino quiso que Laura y yo volviéramos a cruzarnos. Yo estrenando mi nuevo rol de documentalista y ella como secretaria de un estudio jurídico. Y Andy, Mora, Sol y Nube hicieron el resto!
Pronto descubrimos la mutua pasión por los animales y bastó esa chispita de complicidad para darnos cuenta que teníamos innumerables cosas en común, sobre las que construimos la relación que hoy tenemos.
Creo que Lau es la amiga que más se me parece. Ambas somos sentimentales, impetuosas, un poco cabronas y unas leonas al momento de defender sus derechos!!
Laura es más fuerte de lo que piensa. Casi como un transformer. No importa lo que pase en su vida. Llorará y se dará la cabeza contra la pared hasta que tome todas las partes de sí misma (incluso las que parecen no funcionar) y se rearme para volver a andar. Con otra forma, con otras funciones, pero con su misma esencia.
Una amiga como pocas. De las presentes en todo momento. Para divertirnos muertas de risa, o hacerme compañía en los tiempos más duros y tristes.
Estamos tan presentes en la vida de cada una que casi tenemos el minuto a minuto (como el rating) de lo que nos pasa. Lau es ese tipo de amiga que primero pienso para contarle las cosas al instante en que me están pasando. Y estamos en permanente contacto: mails, sms o teléfono; las distancias no existen.

Lo curioso es cuánto nos parecemos a pesar de tener historias de vida tan distintas. Como Alicia, tu heroína, más de una vez habrás deseado escapar de este mundo de las antimaravillas para seguir al conejo blanco y sumergirte en el agujero que llevara a cumplir todos tus sueños.
Y es cierto, no nacimos con la mejor estrella, pero seguimos vivas, amiga, luchando a brazo partido cada cual con su meta a cuestas, sorteando obstáculos a diario en busca de lo que tanto ansiamos.
Hoy, que es tu cumpleaños, quisiera regalarte ese techo con el que tanto soñás, pero más me gustaría poder darte esas cosas que por no tener valor económico son precisamente tan valiosas: la paz tan ansiada, una vida familiar con menos sobresaltos donde el afecto todo lo supere y todo lo perdone, la comprensión que tanto te hace falta, un pasaje de ida a Groenlandia para todos los personajes nefastos de tu entorno, el placer de disfrutar hacer lo que más te gusta y el amor de un hombre que te merezca y valga la pena, para construir tu propia familia.

Como no tengo tanto poder, sólo puedo hacer una de las cosas que (según dicen) mejor me sale: escribir estas líneas y decirte que te quiero mucho, que agradezco que las primeras impresiones no siempre cuenten y hayas entrado a mi vida; y que espero que seamos amigas para siempre, quizás hasta que en el geriátrico una mire a la otra y le pregunte “quién cazzo sos??”.


¡¡¡Feliz cumple, Lau!!!



Brindo porque el próximo año marque el final de los tiempos amargos y comienzo de las mieles de tu vida!!