miércoles, 28 de abril de 2010

A LOS MEJORES AMIGOS DEL HOMBRE EN SU DÍA




Hoy es el día del animal y de alguna manera quiero rendir homenaje a estos seres llenos de amor incondicional que –según dicen- fueron puestos sobre la tierra para servirnos.
Personalmente creo que eso es un error de concepto y uno de los defectos más grandes de la creación (algo en lo que me extenderé en otro post) fue no dotar a los animales del don de la palabra.
El amor que siento por los animales es genético. En la casa de mi mamá tenían un pequeño zoológico que incluía hasta avestruces!!
Cuentan que mi bisabuelo Botelli llegó a tener 22 perros en el campo cuando parió una de sus perras, Lola. Tal era el amor que sentía por los animales y el que ellos sentías por mi bisabuelo, que cuando falleció, lo acompañaron a la par del coche fúnebre hasta su último destino.
Para hablar de mi relación con los animales tengo que referir a aquéllos que tocaron mi vida, desde chiquita.


Mis primeros recuerdos se relacionan con conejos. Tuvimos uno que era casi una criatura. Se paraba al lado de la mesada cada vez que oía destapar la lata de las galletitas, implorando por un bocado!
Cuando se empachaba yo lo llevaba en brazos a casa de una vecina para que lo curara (tal como lo hacía conmigo) y mi mamá pasaba vergüenza por mi atrevimiento, pero el matrimonio de viejitos italianos se divertía mucho conmigo, así que me recibían de buena gana.
Me cuentan que Orestes, el tano, aún tenía problemas de pronunciación y le salía “coneco”. Yo lo corregía y le decía “pero mirá que sos boludo; se dice conejo!!” y él reía con ganas.

Siempre tuvimos pájaros, especialmente canarios; y hasta llegué a tener una tortuga de agua y un pez suicida (que terminó cumpliendo su cometido el día que saltó de la pecera y nadie lo vio a tiempo para devolverlo al agua)
Y después llegaron mis preferidos: los canes!!
Mi primera perra se llamó Puchi y era una pequinesa marrón de trompita negra. Poco recuerdo de ella porque era muy chica, pero nunca olvidaré el día de su muerte. Fundamentalmente porque fue mi culpa.
Nunca salía a la calle y un día yo (que habré tenido 4 años) la saqué con la correa y me dieron ganas de hacer pis. En lugar de volver a entrar a la casa con ella, la enganché de una débil rama de palmera y fui al baño. Ella se escapó y al cruzar la calle, la atropelló un auto. Era muy chica pero la culpa me devoró por mucho tiempo!!

A ella siguió otra Puchi, también pequinesa, preciosa! Era tan hermosa y codiciada que un día desapareció. Pusimos avisos, ofrecimos recompensa, hasta que apareció un dato: que la tenían en cierta casa. Fuimos para allá y por supuesto que negaron todo. Aseguraron que la perra había sido un regalo proveniente del sur, pero no la mostraron en ningún momento. La pobre Puchi escuchó hablar a mi mamá y salió como tiro de la casa. Mi vieja, ni lerda ni perezosa, la tomó en brazos y previa amenaza, se la llevó.
La rescatamos esa vez pero la volvieron a robar y nunca más supimos de ella…
No me dejaron más llevar un perro a casa. La perra de mi tía tuvo cría y me quedé con un cachorro, Jimmy. Raza PP (puro perro) nomás. Me insistieron y torturaron tanto que terminé regalándolo contra mi voluntad. Fue lo más horrible que me obligaron a hacer en mi vida. Y lloré mares!! Pero aún después de regalarlo seguía viéndolo, con un régimen de visitas como un padre separado.

Un día fui y me dijeron que Jimmy ya no vivía. Lo había matado un auto. Lloré una semana de punta!! Ni siquiera me quedó una sola foto del chiquitín.
Después de eso mi mamá no quiso más saber de perros, hasta que Pamela llegó a nuestras vidas. De raza pichichus, fue la perra más tierna y dulce que conocí. Una compañera incomparable. Lamentablemente nos dejó muy joven, a causa de una hepatitis.
Ahora sí que no habría más perros en casa...


A los 16 años me enteré de una perra bretona que había tenido 10 cachorros mestizos. Y así, de prepo, adopté a Polidoro, a cambio de un kilo de dulce de leche y 10.000 australes.
Poli fue una institución, que merece su propio post (y lo tendrá el día de su cumpleaños) y nunca jamás lo olvidaré!!
Y así llegamos a mis bebés. Andy y Mora son mi vida, los que me hacen renegar a diario y me dan tanto trabajo, pero llenan mi tiempo de amor. El amor incondicional que hace que vuelvan a moverme la cola aún después de retarlos y castigarlos. El amor que los lleva a que cada regreso a casa sea una fiesta.

Mi amor también todo lo perdona… los pichines de Andy, los boquetes de Mora en la pared, los atropellos que cometen contra todo ser que camine por la vereda, las escapadas, los ladridos chillones, la ropa que me ensucian, los moretones… todo es poco comparado con lo que me brindan!!
Por eso este 29 de abril quiero rendir homenaje a los animales con los que compartí mi vida y a los que la comparten conmigo actualmente; a los que tienen cuna de oro y a los que luchan por sobrevivir; a los que corren libres en su hábitat y a los que cayeron atrapados por las jaulas del hombre; a los que sufren y los que nacieron para “servir” a los humanos; a todos ellos ¡feliz día! Y ojalá tomemos conciencia para brindar ayuda a los necesitados y reconocer que no son seres inferiores a nosotros, sino solamente distintos y como tal merecen respeto!


Me gustaría que participen mucho en este post, contando las “historias animales” que seguramente la mayoría de ustedes tiene.

lunes, 26 de abril de 2010

CÓMO NOS HICIERON EL CUENTO!!


No soy como Karina Jelinek, de “la generación de los que no leen” sino que por el contrario pertenezco a aquélla (tal vez la última) que disfrutaba el placer de la lectura, devorando cada trozo de papel escrito que encontrara a su paso.
Recuerdo que ni siquiera podía ir al baño sin leer algo. Si no había alguna revista o librito, tomaba quizás un frasco de colonia o un envase de champú, pero algo tenía que estar leyendo.
Elegir cada mes qué comprar en el “Club del Libro” era tan estimulante como hoy en día es ver las novedades en videojuegos; y era una alegría cuando llegaba esa encomienda por correo, lista para ser leída.
Pero ese gusto por la lectura no nos había caído del cielo, sino que había sido inculcado. Al menos así fue en mi caso, que desde chiquita tuve quien me contara cuentos antes de dormir y me comprara decenas de libros de cuentos.
Todos eran muy inocentes, aparentemente desprovistos de cualquier contenido nocivo para nuestras mentes vírgenes de entonces. Pero hoy, que los analizo con mi mentalidad adulta (o podrida, como gusten) encuentro que al igual que las canciones no eran tan ingenuos sino que traían su parte de adoctrinamiento!! Veamos...

Caso 1) Caperucita Roja: ¿Puede haber mayor inocencia que la de una niña visitando a su abuelita? Pero no!... ése no era el verdadero contenido de la historia. En primer lugar adviertan que la pobre Caperucita se veía obligada a usar la horrenda capa roja sólo porque se la había hecho su abuelita, sin derecho a opinión. ¿Y si ella quería usar pantalones?... ¿un cardigan?... ¿una campera de jean? No!, ponete la capita con capucha y sin chistar!!
Además me pregunto: la vieja ¿era abuela materna o paterna de Caperucita? Porque si era materna, flor de yegua era su propia hija (madre de la niñita) de no ir a verla ella misma. Y si era la suegra está bien que uno se lleve mal con la madre política, pero ¿había necesidad de mandar a la nena por un camino supuestamente peligroso sólo para quedar bien?
Otro punto: el camino. Ya ahí nos muestran claramente que hay que seguir el camino trazado por los padres. Nada de libre albedrío. Si no seguís el camino que te indican... te come el lobo!!



Caso 2) Blancanieves: Aunque no me cierra para nada que esta minita tan hermosa y tan buena pudiera vivir con 7 hombres que por más que fueran enanos tenían sangre en las venas, voy a dejar de lado el tema del celibato de los enanos y me inclinaré sólo a la explotación femenina. ¿No era demasiado cocinar para 8, lavar para 8, limpiar la mugre de 8, etc. para pagar su estadía?? Lectura: mujer, nunca pagarás suficiente el hecho de que un hombre te rescate!


Caso 3) Otra boluda: Cenicienta!! No voy a extenderme en la historia de envidia que siempre le tuve a causa de su piecito diminuto en comparación a mi pisada de oso. Simplemente concluyo en el siguiente mensaje del cuento: sé buena, obediente y fregona, que a la larga serás premiada. Otro verso, por supuesto!... la zanahoria delante del burro!!!


Caso 4) Hansel y Gretel. Acá la mano venía un poco mejor porque ambos hermanos (varón y mujer) se perdieron porque ambos se habían distraído con la casita de chocolate... ajá... ahora bien, ¿por qué la bruja elige al nene para engordarlo y comerlo?... ni siquiera para eso somos tenidas en cuenta??? Mientras el nene morfaba a más no poder, la pobre Gretel no hacía otra cosa que laburar: limpiar, cocinar... en fin, nunca consideradas!!


Caso 5) La bella y la bestia: un verso más! ¿Alguna vez vieron un cuento sobre el bello y la bestia?? No, es más fácil que aparezca una versión del vello púbico de la bestia antes de que la mujer fea del cuento sea la que ligue algo!! Resulta que nosotras sí tenemos que aceptar hombres feos, desagradables, déspotas, etc., para que se conviertan con nuestro amor (cosa probable sólo en los cuentos de hadas), pero basta que tengas un poco más de celulitis en la cintura para que pases a ser la bruja del relato!!


Caso 6) Otra bella: la durmiente! Una confirmación más de que tenemos que hacer exactamente lo que nos dicen o sufriremos las consecuencias. El NO HACER siempre presente en la vida de las féminas. Al menos ésta termina apoliyando bastante sin envejecer y se casa con un pendejo, porque el príncipe aparece tantos años después que bien podría haber sido su nieto!!


Caso 7) Sólo una pregunta: ¿Por qué las brujas siempre eran mujeres?

En fin, podría enumerar muuuuchos casos más de mensajes encubiertos en los adorables cuentos de hadas, pero no quiero agotar a los lectores.

El cuento favorito de mi infancia no era conocido. Estaba en un libro maravilloso que me había regalado mi papá: Fiesta de cuentos. Se llamaba “Olvidadiza” y de ahí debí haber aprendido a conducirme en la vida, mas nunca lo aprendí.
La protagonista del cuento era una chica muy despistada a la que nada se le podía pedir porque todo le salía mal, se le olvidaba o lo hacía al revés.
Harta de soportar sus errores, la madre la mandó a trabajar en la casa de una vieja y sus tres hijos.
Para hacerla corta, eran 4 ladrones que contaban con la ayuda de la chica para ejecutar una de sus fechorías. Y bueno, a causa del lío que armó, la policía termina arrestando a la familia delincuente y ella cobra una recompensa.
Siempre pensé que ese cuento era un fiel reflejo de la realidad argentina. Siempre los ineficientes y despistados terminan llevando las de ganar! Así que, como verán, también había algo de cierto en esas minificciones.
Ahora seguimos escuchando cuentos de una amplia gama de “contadores profesionales”: hombres, políticos, jefes, hijos, clientes... sólo que no son tan lindos como aquéllos que nos embaucaron en nuestra infancia. Y definitivamente pocas veces tienen final feliz!!


martes, 20 de abril de 2010

CÓMO NOS “CANTARON” LA INFANCIA

Dicen que somos el reflejo de nuestra historia y que nuestra crianza nos condiciona aún más que la genética. Y es absolutamente cierto!!
Me detuve a pensar en las nenas y cómo los adultos se encargaron de adoctrinarnos desde chica a través de las canciones infantiles, por ejemplo.
Veamos algunos casos emblemáticos:


1) Recordarán esa canción “lunes antes de almorzar / una niña fue a jugar / pero no pudo jugar / porque tenía que barrer”… bajo la excusa de aprender los días de la semana, se sucedían las tareas domésticas (lavar, cocinar, planchar, etc. etc.) hasta llegar al domingo, único día permitido para pasear (por alguna cuestión religiosa, seguramente, y no porque se pensara en esparcimiento).
Así empezaban a inculcarnos nuestras madres que la mujer venía al mundo para ser ama de casa sin chistar, era algo inherente a nuestro género y era prioridad entre todas las actividades, incluyendo la de “jugar”.


2) Si acaso quedaba alguna duda, teníamos al “arroz con leche”, que básicamente nos enseñaba que para casarnos teníamos que saber coser, bordar y “abrir la puerta para ir a jugar”, una forma delicadita de decir a una niña que también tenía que ser buena en la cama!!


3) Claro que además de ser un set de electrodomésticos humano, las mujeres teníamos que producirnos para ellos. Recordemos “yo soy la marinerita la más bonita del regimiento… marinerita, niña bonita, yo quisiera ser tu amor!”… en fin, sólo los hombres se fijaban en la señorita en cuestión por ser la más linda!!
Sin embargo, la segunda parte de la canción da para otra interpretación: en realidad la marinerita apuntaba a los varoncitos!! “Una semana, con muchas ganas, a tu lado estaría yo” ¿¿¿Sólo una semana??? Claro, ésas fueron las raíces de la histeria actual, así se criaron los primeros machos cabríos que creen que después de pasada la primera semana se acaba la novedad y lo interesante en una relación. ¡La culpa era de la marinera de m…!

4) El patito presumido tampoco se quedaba atrás. Aunque más que educadora, yo diría que era una canción premonitoria, con visión de futuro. En primer lugar, el patito tan presumido… o era gay o era metrosexual!!
La patita que se ganaba al patito presumido era la que lo mataba con la indiferencia y hacía que este gil la siguiera y persiguiera. El concepto de “gran señor” estaba ligado a ser un baboso perseguidor de patitas indiferentes. Eso era un macho, señoras y señores!! Y por supuesto, se casaban por iglesia y por civil con la pata desfachatada que se había hecho la difícil. Pata que se durmió terminaba en la cacerola!!!


5) Para reconocer el valor del amor en la vida de una mujer, bastaba con cantar los “diez alpinos… que venían de la guerra”. ¿Lo recuerdan? El más joven traía una rosa y el muy turro sólo se la quiso regalar a la princesa a cambio de casamiento (en mi humilde opinión, por interés, porque llegaba de la guerra, ni conocía a la fulana… sólo quería pasar de alpino a príncipe… pero bueh, pensemos que era por amor!)
De ahí en más, con la negativa del rey se desataba una epidemia necrológica macabra: el alpino moría fusilado, la princesa moría de tristeza, el rey iba a morir a China, el perro moría de rabia y hasta el loro ligaba una psitacosis!!! Lectura para las niñas en cuestión: no se puede vivir sin pareja!!


6) La blanca paloma (que estaba sentada en un verde limón…) nos instruía acerca de cómo actuar con nuestra pareja: “me arrodillo a los pies de mi amante”… ¿¿¿de rodillas??? Primero muerta como el alpino y la aldea completa, antes que verme más abajo o detrás de un tipo!!!!!!!!


7) Por último (y aclaro que sólo para no extenderme demasiado y agotar a mis lectores) teníamos a la Catalina, que nos aleccionaba acerca de qué hacer cuando el hombre se va.
¿Tienen presente esa canción? “Estaba la Catalina / sentada bajo un laurel / escuchando la frescura / de las aguas al caer”
El soldado era el marido pero le hacía creer que este buen hombre había muerto en la guerra. Entonces Catalina, que ya había esperado 7 años el regreso del marido (una mártir esta mujer) amenazaba con esperar 7 años más!!! (vaya mensaje!... no vivan, niñas, sigan esperando!!) Como si fuera poco y no fuera suficiente haber perdido 14 gloriosos años de su vida, anunciaba que si a los 14 no volvía se iba a meter en un convento!!!
Y esta atrocidad no terminaba allí… también había lecciones de maternidad (de cómo cagar la vida de los hijos): no sólo se conformaba con recluirse en un convento a orar por su castidad el resto de sus días, sino que arrastraba en su desgracia a todos sus hijos: las mujeres al convento con ella (claro!... ¿qué otro destino podían tener dos minas?) y los hijos a la guerra! (para que palmen como el padre!)


En fin, haciendo un repaso de lo que nos hicieron cantar y aprender en la infancia, ahora comprendo por qué todas nos transformamos en unas neuróticas carne de diván y por qué las relaciones de pareja funcionan del modo en que funcionan. ¡Nada es casual!

Eso por no hablar de los cuentos infantiles… pero eso será material para el próximo post!!!


viernes, 16 de abril de 2010

DOBLE CELEBRACIÓN: ¡¡¡Feliz cumple, mellis!!!

Es muy difícil y hasta atípico llegar a adulto conservando los amigos de la niñez. Sin embargo, yo aún los tengo. Pocos, contados con los dedos de las manos, pero valiosísimos.
Hoy rindo homenaje a quienes (podría asegurar que) fueron mis primeras amigas: las mellis!!

Conocí a Angélica y Alejandra en primer grado, y a pesar de la poca memoria que tengo de los hechos de mi infancia, si hay algo que no puedo olvidar son los momentos compartidos con ellas, porque además de ser parte de mi vida, fueron sinónimo de niñez, de esa inocencia y frescura que se va perdiendo al llegar a la adultez.
Nuestros amigos, cuando son muy cercanos, se parecen a los hermanos. Son los hermanos que elegimos. Y en mi vida de “hija única” y nena perdida en un mundo de adultos, sin duda alguna vinieron a llenar un enorme espacio vacío que hasta ese momento llenaba de juguetes y amigos imaginarios.
No podría hablar de mi infancia sin incluirlas. Recuerdo nuestros juegos, desde las imitaciones a programas como La mujer maravilla y Los ángeles de Charlie (justo éramos tres!) hasta los de mesa (El estanciero, el bucanero, el ludomatic...) Nuestros shows de canto y baile, las largas tardes de pileta, los partidos de fútbol que jugábamos detrás de mi casa (cómo solíamos pelear por quién pateaba y quién atajaba), las bombitas en tiempos de carnaval...
Recuerdo incluso el día que me compraron unos silloncitos de mimbre, con la mesita, como un pequeño living. Apenas los vi, dije “bien, asiento doble para las mellis y el simple para mí”. Tenían su lugar doble en todos los aspectos de mi vida.
Ale era la más fuerte, de más carácter y más cabrona. La que siempre se enojaba por algo. Tengo siempre presentes sus berrinches, cuando se plantaba y obligaba a Angélica a emprender la retirada con la amenaza de “contarle a mamá”.
Angélica era la más dócil, tranquila, cediendo siempre... cómo nos cambia la vida porque ahora, de adultas, las veo exactamente al revés!!!
Nuestras charlas eran interminables. Nunca estábamos suficiente tiempo juntas. Vivíamos a cuatro cuadras pero cada vez que alguna iba a la casa de la otra no nos podíamos despedir. Nos acompañábamos una a la otra de ida, de vuelta y de ida y de vuelta; y no podíamos despegar!!
Juntas tuvimos las conversaciones más jugosas, como cuando descubrimos “cómo se hacían los bebés” (sí, éramos por demás de ingenuotas , nadie lo divulgaba y los medios de comunicación de aquella época no aportaban demasiado... de eso no se habla!) Recuerdo que estábamos cuchicheando en la pileta, mi prima Marcela nos oyó y se burló de mí. Me sentí tan mortificada!! Y, en honor a mi inocencia, declaré abiertamente: “yo adoptaré, eso no lo hago!!” Uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras, porque creo que la vida tomó en serio aquel arranque de moralidad infantil y me lo cobró muy caro!! Pero eso es harina de otro costal.

Unidas llegamos a la adolescencia y nuestras charlas y juegos cambiaron de orientación. Sólo chicos en nuestro horizonte!! Los famosos asaltos, las noches en Django II, los Tía María compartidos entre cinco que sumaban sus consumiciones gratuitas, los vecinos sexies, los llamados a la radio... ¡nos divertíamos con tan poco! Sin internet, ni celulares, ni chats.
Al terminar la escuela secundaria sobrevino un nubarrón en nuestras vidas y nos distanciamos.
Y asumo toda la responsabilidad, porque fue una pavada, tontería de los 17 años (fíjense que nos peleamos por teléfono a causa de un regalo de casamiento, porque Angélica quería comprar una cosa y yo otra... y Ale la ligó de rebote!). ¡Qué ridiculez!... ni siquiera ese matrimonio perduró!!
Habíamos tenido miles de peleas como ésa, pero siempre lo solucionábamos, sólo que aquí contribuyó que ya no nos veíamos tan seguido, yo estaba en otra ciudad, ya en la facultad, y la distancia geográfica profundizó las diferencias haciendo que los días se transformaran en semanas, las semanas en meses y los meses (cuando menos lo advertimos) se hicieron siete años.
El día que me enteré que Alejandra se casaba lloré mucho. A los 25 ya no se ven las cosas como a los 17 y me dolía no participar en algo que formaba parte de los sueños que tanto habíamos acunado desde chiquitas.
Envié un ramo de rosas con una tarjeta que ya ni recuerdo qué decía y el mismo día que se casaba, Ale apareció en casa como si nada hubiera pasado, el tiempo transcurrido se hubiera reducido a segundos y fuera posible retomar todo justo y donde lo habíamos dejado.
Me invitó a la iglesia y esa noche fui a verla. Me emocionó muchísimo ver a la primera de las tres cumplir ese sueño de caminar al altar vestida de blanco (sí, en ese entonces todavía yo creía en el matrimonio!)
Angélica por su cuenta se presentó en casa y después de compartir una vez más una charla importante, retomamos nuestra amistad. Hubo perdón y del auténtico!, ése que permite parar la pelota y volver a comenzar el juego.
No hubo nunca reproches, ni cuestionamientos. Creo que las tres eliminamos esos siete años de silencio de nuestra historia común. Y algo así sólo puede hacerse cuando el afecto es verdadero y los cimientos de la relación son lo suficientemente fuertes como para resistir cualquier embate.
Hoy estamos en los cuarenta, cargamos historias muy diferentes, realidades distintas y puntos de vista radicalmente opuestos, pero el cariño es el mismo que nos unió allá lejos en los 70.


Por eso este 16 de abril en que celebran sus 82 años (bueh, 41 cada una!! ), quise rendirles este pequeño y sentido homenaje. Decirles que son mis amigas del alma, las que se tienen para toda la vida.


¡¡¡Feliz cumpleaños x 2!!!

Les deseo de corazón que obtengan el doble de todo aquello que desean.

¡Las quiero mucho!


miércoles, 14 de abril de 2010

TURISMO AVENTURA: Santa Fe en un día de lluvia


En días como hoy, que llueve sin cesar, me pregunto por qué y en qué momento ciertas cosas que adorábamos y nos divertían comenzaron a molestarnos.
La música a todo volumen, reírse sin sentido, las boberías de la edad del pavo, el griterío de madrugada, son cosas que todos hicimos alguna vez y ahora nos irritan tanto!!

Y la lluvia era una de esas cosas. ¿Quién no disfrutó de chica cantar bajo la lluvia, pisar charcos a propósito o jugar con barquitos de papel? Bueno, al menos yo, que vivía en un pueblo lo hacía.
Ni siquiera me molestaba la lluvia cuando tenía que ir a la secundaria y cruzar esa avenida de mayo que con diez gotas se inundaba de cordón a cordón. No había de qué preocuparse porque siempre algún alma caritativa ponía un par de ladrillos, o bien te sacabas los reglamentarios mocasines y medias ¾ y simplemente cruzabas en pata!
Nada era entonces motivo de preocupación. Si te mojabas y llegabas con el cabello hecho grenchas, era fáyon!, y se secaba con el aire que recibías al caminar rapidito.
No sé en qué momento la lluvia pasó de ser “pura diversión” a “puta molestia”. Creo que más que con la edad, tuvo que ver el haberme mudado a esta acuaciudad.

Aún puedo recordar cuando vivía en el departamento de Rivadavia. Un chaparrón medio fuerte y la calle era un océano que paría olas gigantes con cada colectivo que pasaba (y 10 líneas andaban por ahí así que imaginen el furor de las aguas!!)
También el hueco del ascensor se llenaba en días de lluvia y al subir se podía sentir los cables saliendo del agua.
Como tenía escalones en la puerta de calle, nunca se llegó a inundar el palier, pero siempre recuerdo el día que me descalcé para llegar desde la esquina y al subir la escalerita distraída encontré que la puerta se había azotado por el viento y era un regadero de vidrios. Tambaleando tuve que ponerme los zapatos con los pies mojados y sorteando los pedacitos de vidrio desparramados por el piso, llegar al aquamóvil (el ascensor).
Ya en mi casa, la amenaza estaba más cerca y pasé varias madrugadas en medio de la lluvia sacando las hojitas de mi linda enredadera, que tapaban la rejilla de desagüe y formaban una piscina olímpica en el patio!! Hasta el día en que me dormí y cuando desperté y arranqué descalza pise líquido y pegué el grito: “Andy, orinaste adentro, pedazo de hijo de p...!!!” Y al encender la luz advertí que la cantidad de agua que había en mi casa no podía provenir de algo tan chiquito como mi pobre can.
De las inundaciones de 2003 y 2007 me abstendré de hablar porque sobran los comentarios!!

Mucho tiempo pasó, dejé de estar a pata para conducir un auto (alto, desde luego!), mas nada ha cambiado.
Un día, para salir de la ciudad post lluvia, tuve que probar unos diez caminitos distintos. Badén con agua en uno, basura tapando desagües en otro, un árbol caído por aquí, cables colgando más allá... un verdadero laberinto!!

Gracias a nuestro benemérito intendente “Charletta” nuestra ciudad sigue siendo un caos en días de lluvia, porque es ahí donde recrudecen los demás problemas: basura, baches, desagües pluviales, etc. etc. etc. por no hablar del dichoso estacionamiento medido que me obligó a buscar cochera y tener que dejar el auto a una cuadra y media!!!!!!!! (que parece poco pero en un día de lluvia equivale a kilómetro y medio!)
Sin ir más lejos en la última lluvia torrencial, de ésas que ahora vienen preanunciadas de “alerta meteorológica” (término que no existía cuando éramos chicos), salí de casa (toda arregladita y bien vestidita) bajo el diluvio universal (sí, porque una de las leyes de Murphy es que “siempre lloverá a la hora de entrada al trabajo”). Como el paraguas se volaba me mojé toda la cara, que se convirtió en una máscara corrida de lo que era maquillada.

Opté por cruzar la calle en el lugar que menos agua había, aunque igualmente me mojé los pies. Y justo a medio metro de la puerta del auto, meto la pata en un bache y termino con el agua hasta las rodillas!!!!!!!!!! Ahí nomás cerré el paraguas (total ya estaba empapada hasta los calzones!!) y elevé mis ojos al cielo gritando: “Charletta y la c... de tu hermana!!!!!!!”
Un transeúnte que pasaba casualmente por ahí apuró aún más su paso, convencido que estaba frente a una paciente psiquiátrica que había aprovechado la tormenta para huir del Sanatorio La Merced.
Llegar al trabajo no fue tarea menor. Calles anegadas, poca visibilidad más los desubicados de siempre (que transitan en día de lluvia como si estuvieran corriendo el Dakar), llegué al tribunal.
Intenté bajar por el lado del acompañante, juro que lo intenté. Pero después de quedar con una pierna en el asiento del acompañante y la otra debajo del volante y ante el temor de perder la “virginidad” con la palanca de cambios o el freno de mano, bajé nomás por mi lado.

Nuevamente pies en el agua, puteadas y después subir las escaleras derrapando (porque si caminar descalza era peligroso, más aún lo era estar con un par de sandalias mojadas!) fichar (para no llegar tarde, porque estas peripecias no sirven como atenuante a llegadas tarde en días de lluvia) y regresar a buscar ropa seca, para después repetir la operación, esta vez dejando el auto en su cochera para hacer la puta cuadra y media a pie!!
Maravilloso, realmente...

Entonces hoy, cuando amaneció lloviendo muy finito para largarse con todo a la hora de partir, no pensé en la falta de agua ni en una siesta confortable oyendo ese ruidito aplacador, sino en el horror de tener que salir a navegar por esta ciudad de mierda!!!!!

En fin, así como tendré que bancarme a Charletta hasta agotar su mandato (maldita la hora en que lo voteeeeeeeeeé!!!!!!!!), siempre que llovió paró. Así que mientras tanto café con tortas fritas y good show!!!


domingo, 11 de abril de 2010

NUESTRA ANASTASIA: LA ÚLTIMA PRINCESITA DE LA FAMILIA

Unos posts atrás escribí que estaba en deuda con dos personas a quienes tenía que homenajear. Así que imaginemos por un momento que es 13 de marzo, cumpleaños número 14 de Lucía!
Lucía fue la última princesa de la familia, como Anastasia en la dinastía rusa. La última nena de esa gran legión de criaturas que pobló nuestra familia entre los años 81 y 98.
Tal vez fuera a causa de mi cercanía con su mamá, o porque esta criatura tenía un ángel especial, que fue un amor a primera vista.


Es verdad que los chicos me fascinaban y siempre supe crear lazos con ellos, pero con Lucía era distinto. Pocas veces lo conté, pero siempre sentí una relación que venía desde más allá.
Creo en la reencarnación, así que no podía evitar que en otra vida podría haber sido mi madre o padre, mi hijo, mi hermana…
Dueña de una pachorra sin igual, a esta niñita angelical había que despertarla para comer; incluso tomando la teta se dormía!!
Ya estaba yo viviendo en Santa Fe y ansiaba mi regreso los sábados porque entonces podía buscarla temprano a la mañana y devolverla a su casa al mediodía o a la tarde.
Le encantaban esas excursiones y jugábamos tanto que siempre la llevaba dormida.
Inteligente y despierta como pocas, tenía una chispa y un encanto inusual que encantaba como el canto de la flauta a las serpientes.


Su vocabulario fue nutrido y completo desde el primer momento. Sabía como darse a entender, como el día en que perdió una gorrita roja que tenía una estampa de Tweety al frente y dijo: “ta te pe te te ta pa te te de pipí!!!”, con cara de sorpresa y preocupación y abriendo bien grandes sus enormes ojazos claros.
También tenía la picardía de zafar cuando las cosas se complicaban. Así, si había hecho alguna travesura o la estaban retando por alguna metida de pata, miraba hacia otro lado y con disimulo llamaba a mi perro juntando los deditos y buscándolo: “babáu… babáu!!”
No recuerdo cuántos rollos vacié disparándole fotos y más fotos. No habíamos entrado aún en la era digital y no me preocupaba demasiado cómo saldría cada toma, porque eras la más fotogénica de las personitas menudas de la familia.
Lucía no llegó al tiempo de los picnics del día del niño ni a los paseos de cuentos por Gálvez, donde solía cargar en el auto a todos los chicos de la familiar y les contaba historias acerca de las casas de la ciudad.
La última princesita era la más pequeña de la familia y por esto también tal vez me haya sentido tan identificada. Estaba en tiempos de jugar entre tantos adolescentes y adultos con otro tipo de entretenimientos.

Pero pronto dejó de ser la única, con el nacimiento de su hermanito Francisco.
Sabía que iba a sufrir de pasar de ser el centro del universo a tener que compartir su trono con alguien menor. Y efectivamente así lo demostró, cuando enfrentó a sus padres y les dijo que ella quería a su hermanito pero que no lo había pedido, que estaba bien con papá y mamá.
Convivimos durante dos meses y no te sentí como una huésped sino como un regreso a casa, algo que habíamos compartido sin duda alguna en otras vidas.
Sé del dolor que sufriste en tu primera escuela porque yo misma también lo experimenté (y ahora prometí no volver a mencionar); pero tuviste la valentía necesaria para superarlo y tener una vida normal y feliz.

Lucía: en un año cumplirás los 15 y sos toda una mujer, una hermosa mujer que tiene una vida increíble por delante!!

Lucía: quiero agradecerte por toda la dulzura, la ternura, las sonrisas y el cariño que me diste en todos estos años. No hay obsequio en el mundo que pueda igualar lo que me regalaste desde el mismo día en que naciste.

¡Feliz cumple Lu!... ¡¡¡te quiero mucho!!!

miércoles, 7 de abril de 2010

MANIFIESTO VISCERAL

En la vida se van sucediendo etapas, que no coinciden necesariamente con las biológicas. Son especies de despertares, recomienzos, puntos finales.
Hoy termina una etapa para mí y comenzará una nueva, totalmente diferente a la anteriormente vivida.
A muchos no les gustará el cambio. Bien, lo lamento.
Me fueron 40 largos años para darme cuenta de lo equivocada que estaba y que brindarse por completo tiene muy pocas recompensas y hace que nos tengamos que comer muchos garrones.
Estoy harta. Harta de que nada de lo que haga alcance. Harta de estar siempre bajo la lupa. Harta de que la paja sólo se vea en mis ojos. Harta de tanto esfuerzo para conformar a todo el mundo.
Casualmente ayer conversaba con dos amigas al respecto y recordaba el cuento de la familia y el burro. No importa a quién subieran o dejaran de subir al animal que nunca iban a satisfacer las demandas de todos.
En uno de mis posts dije que estaba podrida de rendir exámenes, refiriéndome al estudio. Pues también estoy cansada de ser examinada en mi vida personal, de que todo lo que haga sea cuestionado y medido con la vara de la perfección con la que nadie se mide a sí mismo.
Siempre fui la boluda que intentó solucionar los embrollos y entuertos ajenos, cubriendo agujeros y siendo soporte, orejas y ojos de quien lo necesitara. Y la mayoría de las veces me pregunté adónde estaban aquéllos a quienes tanto escuché cuando yo necesitaba que me apuntalen.
El común de las personas resuelve todo con un “no puedo”, “no sé”, “no estoy”, sin dar mayores explicaciones. Yo pasé 40 años de mi vida argumentando cada paso que dí o dejé de dar.
Pues esa Carina murió ayer de una herida fatal. Porque no hay dolor más grande que descubrir que se puede llegar a generar tanto odio y resentimiento en alguien a quien se ama.
De ahora en adelante seré una “Carina hasta ahí”. Una tibia si se quiere.
Nunca me sirvió involucrarme demasiado con las personas así que tendré que probar otra forma de encarar las cosas.
De aquí en más habrá gente para quien estaré muerta; otros para quienes seré una figura difusa y muy pocos, contados, amigos de verdad. El resto (como dijo Jorge Guillén)... la selva!!
Lamento profundamente que también en la volteada caerán y pagarán justos por inocentes, pero a partir de hoy decido:

* Principio de la muerte absoluta: Para quienes estoy muerta es en todos los sentidos, para bien o para mal.
* Principio del trueque: No haré ningún favor a menos que obtenga algo a cambio.
* Principio de la preservación: Me alejaré de todo aquello que me hace daño. Preservarme siempre será primordial a cuidar a los demás. Desde luego eso también implicará acercarme más a las personas que valen la pena.
* Principio de las tres oportunidades: A la primera que me hagan lo pasaré por alto, la segunda la tendré en cuenta y la tercera será la última porque arrancaré de raíz a quien me haya hecho daño.
* Principio de la no intervención: Me mantendré al margen de todo, como si fuera un mero espectador. No pienso involucrarme más ni siquiera para dar una opinión.
* Principio de la ventaja: Nunca seré víctima porque llegado el momento sólo asumiré el rol de victimaria.
* Principio de la mediocridad: Ya que laboralmente todos la pasan bien haciendo las cosas “hasta ahí”, ésa será mi actitud de aquí en adelante. No más correr tras las cosas, poner esfuerzo, ganas, tiempo, si total a la hora de la repartija los “hasta ahí” obtienen más que la pelotuda que labura como negra chica!!
* Principio de la autenticidad: Ya que parezco una egocéntrica resentida manipuladora echa culpas, voy a actuar en consecuencia.
* Principio de la pachorra: No me esforzaré más por mantener situaciones insostenibles. Lo conflictivo se corta ya!
* Principio de la desconfianza: Nunca más depositaré confianza absoluta en nadie. Remito al principio de la preservación.
* Principio de la inadmisibilidad: No admitiré más reproches, ni cuestionamientos, ni críticas a mis gustos o mi manera de vivir. Soy una adulta y la que vive en mis zapatos, así que nadie más que yo sabe adónde le ajustan.
* Principio de reserva: No contaré absolutamente nada acerca de mis sentimientos. Son míos y si los resguardo no dará para malentendidos ni interpretaciones.
* Principio de censura: No me oirán hablar nunca más de mi obesidad. Ojo que eso también significa que no permitiré que nadie haga referencias al tema.
* Principio del aislamiento: Haré de mi casa un bunker y sólo vendrá quien yo invite. Así que pocos tendrán que soportar mi mal humor, mis broncas y mi “victimitis”.
* Principio de la territorialidad: Espaciaré más mis viajes a Gálvez, donde sólo voy a apagar incendios y siempre termino en el medio y quemada.
* Principio del ocio: Disfrutaré por primera vez en mi historia laboral de vacaciones completas, sin laburitos extras impagos en el medio. Soy socia capitalista.
* Principio de la no maternidad: Los hijos ajenos no son míos, así que evitaré encariñarme con cualquiera. Total, para que al crecer me eche en cara hasta la mamadera que le dí cinco minutos más tarde del horario, prefiero que no haya afecto en el medio.
* Principio de la maternidad: Los únicos que gozarán de mi amor incondicional serán Andy y Mora, mis hijos (tal vez sean los únicos), que son una fuente de amor inagotable (y como si fuera poco: no hablan!)
* Principio de la no reiteración: Aplicaré la gran Pancho (un vecino de Gálvez), que sólo contaba una sola vez las cosas y nunca más las repetía para no sufrir dos veces. Por eso eliminé los comentarios de este post. No los quiero. No publico lo que siento para recibir palmadas en el hombro (o como alguien dijo: para que se compadezcan de mí), sino porque sólo escribir lo que me pasa me ayuda. Eso no quiere decir que los comentarios queden censurados para siempre; me gusta que participen, pero no en este post.

Sintetizando: todo “me chupará un ovario”, me haré la boluda olímpica que no ve nada, no oye nada y no dice nada. Tal vez así me vaya mejor, quién sabe...