lunes, 29 de marzo de 2010

HISTORIAS SOBRE RUEDAS: Aquí Fangio en polleras!!

El miércoles emprenderé nuevo viaje a bordo de Carola (para quienes no la conocen por nombre, es mi camioneta) y muchos me preguntan si no me da ni un poquito de temor conducir sola.
La respuesta es una pregunta: ¿miedo yoooooooo? Como decía mi vieja: si el miedo me tiene miedo a mí!!!!!!!
Creo que sobre ruedas tengo todo el valor que no tengo con los pies sobre la tierra. No sé de dónde salió tanta temeridad; pero ahí está y es de larga data.
La primera vez que salí a manejar tenía 15 años. Era una aburrida tarde de domingo y con mis primos Darío y Gabi dijimos “¿por qué no?” así que pedí el Falcon verde a mi hermano y partimos.

El Falcon era un barco... un trasatlántico!! Y Darío cometió el error de llevarme por primera vez a conducir por las calles de Gálvez. Y si bien no es una ciudad súper concurrida, tiene trazadas calles, hay autos estacionados, peatones, bicicletas, etc., obstáculos que no son lo ideal para un aprendiz.
Ibamos cerca de la actual Facultad cuando tuve que doblar la esquina hacia la derecha. Acababa de arrancar así que iba en primera, ni siquiera llegué a colocar la segunda.

Aparentemente no tenía registrado que al torcer el volante había que volverlo a su lugar y tratándose de una dirección tan sensible como la del Falcon, iba directo a las construcciones de la vereda derecha. Mi primo pegó el volantazo y a causa de los nervios, en lugar de frenar, aceleré. Subimos al otro cordón y ahí comencé a arrasar con lo que había (aclaro que todo esto sin haber llegado a poner la segunda): un bananero, una montaña de escombros, una de piedritas, otra de arena y finalmente un cesto para la basura, que literalmente lo tragamos y quedó bajo el auto, frenando nuestra alocada carrera.
Afortunadamente el hecho no pasó a mayores, nadie salió lastimado, sólo un pequeño abollón que había que ponerse de panza debajo del Falcon para verlo, pero obviamente mi hermano lo descubrió, lo que ameritó un sermón de media hora.

Quedé 2 años en standby hasta que a los 17 decidí juntar coraje nuevamente y salí a manejar con aquel amorzote de mi infancia: Tuny. ¿Cómo no iba a aprender a conducir con él? Claro que estaba más propensa a ciertas distracciones, con semejante bombonazo a mi lado!!
Esta vez me llevó a la ruta de San Eugenio. Nuevita y poco transitada, era un lugar ideal para el aprendizaje.
Estuvimos toda la tarde luchando con los cambios (palanca al volante) y arrancar en primera sin corcovear y al regreso me pregunta: “¿te animás a manejar hasta Gálvez?” ¿¿¿Cóooomo??? Ahí nomás agarré la ruta y piloteé a 120 km por hora en mi primera clase.
Como el auto no era mío tuve que esperar un tiempito hasta la segunda lección. Esta vez con Marcelo, el marido de mi prima, un tipo fantástico para enseñar porque tiene una serenidad a prueba de balas!! Por último reincidí con mi primo Darío, esta vez sin incidentes. Y a la cuarta me largué sola por el camino de tierra para Gessler (un pueblito cercano) junto a mi prima Marcela, que no sabía manejar.
Tal era nuestro coraje (o inconsciencia) que a la vuelta paramos a auxiliar a un auto que estaba detenido. Sólo necesitaban una llave cruz, que si no... bah, ni siquiera sabía qué era una llave cruz!!
Y así llegué a mi licencia de conductor, para la que tuve quedar examen de señales de tránsito y práctica, que casualmente me tocó con un “viejo amigo” inspector.
Cuando tenía 15 o 16 años, andaba en moto (bah, una zanellita) con mi sobrino Guille cuando comenzó a perseguirme un auto. Sabía que era un inspector y ese auto a pesar de no tener ninguna identificación pertenecía a la dirección de tránsito, pero no me detuve. El tipo gritaba como poseído “pará hija de puta!!” y lo tuve corriendo carreras hasta perderlo.
Quisieron cobrarme una multa por menor de edad y no responder a la autoridad, pero me planté frente al intendente diciendo que cómo iba a detenerse esa pobre adolescente indefensa que era, si la estaban insultando. La multa quedó en la nada, pero mi mala leche hizo que me tocara ese mismo inspector en el examen!!
A pesar de todo aprobé y ahí me lancé a las carreteras.
Nunca tuve miedo conduciendo, aún cuando hubo situaciones en que me las vi negras, como la primera vez que hice camino de montaña o el día que llovía torrencialmente y me lancé a pasar un colectivo... la ruta estaba llena de agua y un enorme tsunami se me vino encima tapando el techo de la pobre Carolita (reconozco que ahí quedé con las piernas temblando, porque si hubiera venido alguien de frente, no estaría escribiendo este post)

Hasta un día me atreví a sacar la camioneta grande del negocio. Nunca la había manejado. Tenía pedales duros y freno a disco, por lo que si frenaba poco no respondía y si apretaba más hacía un chillido que se daba vuelta hasta el menos curioso para ver.
Sólo recuerdo que fue una carrera desenfrenada hasta llegar al negocio nuevamente. Claudio, uno de los empleados, caminaba nervioso por la vereda como padre primerizo fuera de la sala de partos. Y llegué yo triunfante y superada. Pero nunca más saqué la Chevrolet!!!
Empantanadas, metidas de pata, perdidas varias, pero aprendí a manejar para nunca más dejar de hacerlo. Y lo disfruto mucho, de verdad.
¿Y ustedes?... ¿tienen historias sobre ruedas para compartir?


miércoles, 17 de marzo de 2010

Homenaje atrasado: Viki, nuestra Mafaldita

Por distintas razones que está de más mencionar, este mes se me hizo bastante pesadito y tendría que haber tenido días de 48 horas para ponerme al día.
Pero estoy a tiempo de reivindicarme y hacer a dos personas el homenaje que merecen en mi blog.
Hoy entonces pensemos que es 12 de marzo para escribir esta pequeña dedicatoria cumpleañera a Viki, nuestra pequeña Mafalda.
Virginia fue una de las últimas personitas menudas de mi familia que robaron mi corazón, otra de mis sobrinas postizas (aunque perdí la cuenta de qué número de sobrina hubiera sido)
Afortunadamente nació nena, ya que si era varón mi prima pensaba castigarla con el nombre Mirco, algo que (según el papá de la criatura) podía llegar a ser causal de divorcio!!

Creo que Viki fue la nena a la que más besos le di. Tenía una carita “besable”, unos cachetotes comestibles, y desde chiquita –al igual que su hermana Luisina- tenía esos ojazos celestes que observaban todo, como registrando cada detalle, cada persona, cada movimiento, guardando información que tal vez más adelante le sería útil.
Más adelante con sus anteojitos y esa pinta de intelectual, parecía una nena serenita e inofensiva, pero en silencio analizaba, procesaba y reunía datos para después con total naturalidad tener la mejor de las salidas que te dejaba boquiabierta.
Por eso tal vez siempre la imaginé como nuestra Mafalda, la analítica, la sincera, la que se preocupaba por detalles que otros chicos ni advertían. Y a veces eran muy graciosos, vaya si lo eran!!

Como el día que veía a su abuela (mi tía) renegar tanto con mi tío enfermo que, en voz bajita y con tono cómplice le dijo: “Vamos a llevarlo al galponcito y ahí lo agarramos con una escopeta” y como si no hubiera quedado claro el tema de la eutanasia agregó “pero una escopeta que ande!!”
O aquel inolvidable velorio de su otro abuelo, cuando teniendo en cuenta su edad le explicaron que él había ido al cielo. Ella lo meditó y después de estudiar la situación preguntó: “si mi abuelo se fue al cielo, ¿quién es ése que está en el cajón?”
Definitivamente no se la podía engañar.
Como toda hermana menor heredaba la ropa de la mayor, algo que no le gustaba en absoluto. Un día le habían comprado ropa nueva a Luisina y para no levantar la perdiz le dijeron que era de una prima. Ella miró con desconfianza y después de oler la prenda afirmó “no, esto es nuevo. Tiene olor a Ceci”. Había descubierto hasta el lugar adonde lo habían comprado!!
Luisi y Viki siempre fueron el día y la noche. Luisina tan sentimental y Viki en cambio, más racional, analítica. Sólo hacía lo que quería, lo que le convenía y sostenía su decisión, desde chiquita.
Recuerdo cuando Luisi enfermó de escarlatina. Estaba tan afiebrada, tan mal, que le compraron una de las famosas valijitas Juliana para entretenerse mientras estaba en cama. Por supuesto que Virginia la quería y afirmaba a media lengua: “a valijita e mía!!” y la pobre Luisi, volando de fiebre, aceptaba compartirla diciendo “es de las dos!”. Viki no aflojaba y volvía a la carga con su “e mía!!!” y la otra lloraba “es de las dos!!” pero no se la perdonó!! La quería y punto!!
Fue la única a quien llevé de pañales a los tradicionales picnics del día del niño que hacíamos en la placita de las madres. Estaba tan acostumbrada a mí que podíamos pasar el día juntas sin que se opusiera. Y no daba el menor trabajo, se la podía llevar adonde fuera, por lo que se adaptó inmediatamente a las salidas que yo organizaba con el resto de la tribu.

Me parece increíble que ya tengas 23 años, un novio, casi un título y un proyecto de vida en curso. Te sigo viendo tan madura y tan resuelta como desde chiquita y pienso que cualquier cosa que te propongas la podrás lograr porque tenés el material del que están hechos los triunfadores: mucho empeño, carácter y determinación.
Con atraso pero con el mismo cariño de siempre quiero desearte hoy un muy feliz cumpleaños!!!!!!!!! Lo mejor todavía está por venir y estoy segura que te espera una vida maravillosa!!!!
¡¡Te quiero muuuucho!!


viernes, 12 de marzo de 2010

QUÉ PRETENDE UD. DE MÍ: disquisiciones de una mujer de 40

Hoy, tal vez por el día nubladito y esa llovizna incesante y tremendamente embolante, me permito adentrarme en el tema de las relaciones de pareja del siglo XXI.
Podrán decir que no soy una voz autorizada porque no tengo pareja en este momento. Lo cierto es que cada vez estoy más convencida de que cuanta más distancia se toma de algo con más objetividad se puede mirar y por lo tanto alcanzar si no a la "verdá de la milanesa", al menos a picotear algo del pan rallado del asunto.
El otro día oí el testimonio de una mujer de mi edad que decía que estaba desesperada. Pero no el grado de desesperación por tener un hombre a cualquier precio, sino por el hecho de que somos de una generación que fue criada para otra cosa (aquella utopía de casarse y tener hijitos) y que hoy por hoy se encuentra ante esta situación de porquería en que no hay encuentro entre partes que buscan lo mismo, sumado a las exigencias femeninas de trabajar y triunfar en una profesión, y con el agravante de la histeria masculina en su esplendor.
Estamos en el medio porque hay una generación anterior que es la que consolidó relaciones, se casó y dejó descendencia sin el mayor inconveniente. Y está la generación siguiente que como ya nació con toda esta desconexión general, ya lo tiene asumido y hace la suya sin remordimientos.

Entre tanto nosotras seguimos esperando... esperando cumplir el rol para el cual nos educaron y al cual nos condicionaron.
Las mujeres nos preguntamos "¿y dónde están los hombres?" Y ellos se preguntan "¿qué fue de las mujeres?"
Quisiera saber por qué extraña razón damas y caballeros dejaron de encontrarse.
Antes todo era más simple. Se arrancaba con un noviazgo adolescente que terminaba en boda y en ese estado se permanecía hasta el día del juicio final.
Ahora no.
Todo el tiempo encuentro mujeres fabulosas, lindas, inteligentes, divertidas... y solas!!
Y no sólo lo aplico a mujeres solteras sino también a divorciadas porque cuando te separás vaya si cuesta volver al mercado!!! Es como si hubieras estado en una burbuja durante siglos y de repente tuvieras que acostumbrarte a otra atmósfera, otro clima y definitivamente otras reglas que aquéllas que estaban vigentes cuando te casaste.
Creo que hoy por hoy la única chance para una mujer post 30 de poder iniciar una relación es un compañero de trabajo. Porque a menos que el amor toque a la puerta de tu casa (tan improbable como que los chanchos vuelen) no hay lugar para el encuentro, para conocerse, para gustarse.
Los boliches están llenos de pendejitas de 14 y en los que son para mayores no hay chance alguna para algo serio: si vas, aunque sea porque simplemente te gusta bailar, según ellos sos una trola!!
Me dirán que está internet... vamos, no jodamos! Si te engañan frente a frente cuánto más se puede mentir frente a una pantallita mientras tipeás!!!! Yo también creí que era un medio de encuentro, pero internet (léase chat, sitios de encuentro, etc.) sólo sirve para pegar algún que otro revolcón y listo.

Y las mujeres, confesémoslo chicas, necesitamos enamorarnos aunque sea un poquito. El sexo por el sexo mismo es asunto de unas pocas (de unas pocas menores de edad, porque ellas son las que ya asumieron cómo viene la mano). La mayoría de nosotras sueña con un compañero, con alguien que te comprenda y te apoye. Algunas pensarán en formar una familia, otras simplemente en la compañía, pero cuento con los dedos de una mano a las que no estén hartas de "relaciones sólo carnales".
Y los hombres... ayyyyyyy!!! En este punto podría preguntar a un hombre al mejor estilo Coca: "¿qué pretende Ud. de mí?"
Quieren relaciones formales pero buscan pendejas para sentirse más jóvenes. Dicen querer minas inteligentes y terminan enganchados con una pollerita corta, un par de tetas fabricadas y un cerebro con licencia permanente. Y cuando conocen un mujerón de los que pueden llegar a moverles el piso y cambiarles la vida, se sienten amenazados y cortan la relación con su frase favorita: "No sos vos, soy yo".
¿Qué buscan, muchachos?

Pienso que lo primero que ambicionan es la eterna juventud, que creen que conseguirán enganchándose con una mina de 20, azotándose al sol y corriendo como pelotudos del gimnasio al spa para verse como ellas. No, chicos, no funciona. Sólo se ven patéticos!
No quieren compromisos, nada que pueda significarles una atadura. Entonces es más fácil tener una agenda llena de nombres descartables que hacerse cargo de una relación con un ser de carne y hueso que se instale en sus vidas para quedarse.
Y mientras tanto, a nosotras se nos pasa la vida... sí, porque si queremos formar una familia nosotras sí tenemos fecha de vencimiento; ellos no. De última terminarán enganchados con la pendeja que se embarazó a propósito (para tenerlo bien agarrado de los huevos y disfrutar los beneficios económicos de alguien ya instaladito y asentado), infelices, soñando con una conversación profunda o con compartir con una mujer algo más que un buen culo y un reggaeton.
En fin, muchachos, ustedes se lo pierden!! Las chicas post 30s podremos tener arruguitas de más y algunos (o muchos) kilos instalados en las partes incorrectas, pero tenemos la sabiduría que da la experiencia y la tranquilidad de tenerla más clara que a los 20.

Continúen coqueteando con su histeria mientras les dure, porque lamento decirles que esta generación de "vivitos" aún está en la fase experimental... ojo chiquitos, que todavía no llegaron a viejos y tienen que saber que ahí es cuando sufrimos todas las consecuencias de las elecciones que hicimos años atrás. Como siempre dice mi vieja "nunca se sabe quién te cerrará los ojos al momento de morir".
Creceremos juntos pero separados y allá los espero, a ver adónde conduce tanta "viveza masculina"...

martes, 9 de marzo de 2010

VACACIONES ULTIMA ENTREGA: la internación que no fue

Ya nos vamos metiendo en el mes de marzo y con ello se va cerrando el período vacacional. Pensé mucho en qué viaje elegir como cierre a estos relatos y finalmente me quedé con un “viaje transformista” porque fue cambiando a medida que se sucedían distintos hechos.
No recuerdo en qué año fue. Supongo que a mediados de los 90, porque yo venía de un súper adelgazamiento de 45 kilos pastillas mediante y el efecto rebote fue brutal, así que había engordado los 45 y más!
Desesperada, así como en mis 15 había pedido de regalo una internación en una clínica para adelgazar, propuse a mi mamá ir ambas al Diquecito Health Resort, en Córdoba.
Sonaba bien: un sanatorio a todo culo en un lugar paradisíaco, buenas instalaciones y de paso regresar con unos cuantos kilos menos. Soñado.
Pero por alguna extraña razón mis sueños siempre terminan en pesadilla…
Mi vieja hizo todas las averiguaciones del caso y contrató una estadía de 15 días para ambas, al precio de una. Una promoción que había salido publicada en las revistas y que telefónicamente nos dijeron que era viable.
Fuimos en auto. Yo tenía entonces el Ford Falcon celeste, que era un buque por el tamaño pero era un cochazo que nunca nos había dejado ni nos dejaría a pie.
Llovió todo el puto camino. Tenía los ojos en la nuca cuando llegamos a la ciudad de Córdoba, que aún era un laberinto endemoniado de callecitas por atravesar. Y encontrar el caminito a Diquecito fue otra odisea, pero con esta experimentada conductora, llegamos al fin, sanas y salvas.

La primera impresión del lugar fue que era demasiado viejo y se parecía poco a las fotos. La pileta además parecía que había encogido hasta asemejarse a una pelopincho de material.
Tratando de superar la decepción y el desaliento, entramos. El hall tampoco era gran cosa, todo viejo, oscuro, precario.
La primera noticia con que nos encontramos fue que la dichosa promoción de “2 x 1” había perdido vigencia el 31 de diciembre. Nadie se hizo responsable de lo que nos habían informado telefónicamente y en definitiva estábamos ahí, teníamos una chequera, podíamos pagarlo… nos quedamos!
Arreamos las valijas hasta la habitación que, al igual que la pileta, como en el cuento de Alicia en el país de las maravillas, también había encogido!! Dos camas diminutas (justitas para obesos… porque les recuerdo que era una clínica para obesos, ¿me siguen?) en un cuarto de 2 x 2, con ventilador de techo (también por arte de magia habían desaparecido los acondicionadores de aire que aparecían en las fotos) y un baño al que había que entrar empujando tus carnes con un calzador.
Pero eso no fue todo!!... detrás de la puerta aparecía una listita de “servicios excluidos”, prolijamente encolumnados por tarifa. El 90% de las cosas estaban excluidas de la importante suma que cobraban, que al parecer sólo incluía hospedaje y comida (poca), más alguna que otra caminata y un remojón en la Pelopincho.

Ahí mi vieja colapsó y exclamó “¡Nos vamos!”. Yo atiné a preguntar “¿estás loca?” Y ya manoteó la valija ante la perplejidad de mi mirada.
Entonces la mucama, que presenciaba todo en silencio, emitió un vómito de regocijo diciendo: “Bien hecho, señora, váyanse!!… son unos mafiosos. No se deje estafar!!”
Y así juntamos nuevamente nuevos bártulos y acto seguido, con las frentes en alto, cargamos todo en el Falcon y salimos cual dos ladies, con rumbo incierto.
Mi vieja quería pegar la vuelta pero yo me sentía tan cansada que no podía siquiera pensar en hacer nuevamente los 500 km. en el mismo día.
Entonces nos detuvimos en una estación de servicio y saqué un mapa. Cerré los ojos y apunté con el dedo… La Falda!! Miré bien las rutas que tenía que tomar y cual Thelma y Louise del subdesarrollo (y sin Brad Pitt) salimos en medio de una llovizna que no parecía tener fin.
Llegamos a La Falda y encontramos un hermoso hotel con pileta y todos los servicios que el puto Diquecito no tenía.
Hicimos todos los paseos a los que me animé y que permitieron el estado de salud de mi mamá, que entonces empezaba a renegar con la artritis de sus piernas.
Recuerdo que en el hotel había un matrimonio con un nene chiquito y una bebé. Los pobres estaban agotados y ya no sabían qué hacer con el pobre pendejito que se aburría a más no poder entre tanta sierra y arroyo.

Donde fuéramos los encontrábamos, con esa pinta de máximo hastío y arrepentimiento de no haberse quedado en casa con los juguetes del nene y los amiguitos del crío.
Una tarde estábamos dando uno de nuestros habituales paseos por la ciudad cuando los vemos venir en un sulky!!! Ella con la beba en brazos y él con una cara de resignación que era para alquilar balcones!!
Pero si ellos la pasaron mal, nosotras nos divertimos mucho y descansamos más!
Un día descubrimos el museo del ferrocarril, un paraíso para los que adoramos los trencitos de juguete, montados en una enorme mesa que era una gran ciudad, con sus túneles y bosquecitos, estaciones y montañas… maravilloso!! Pero no llegamos a eso hasta estacionar.
El sitio estaba en una cumbre, en subida, y si hay algo que no funcionaba y nunca funcionó en el Falcon, eso era el freno de mano!! (que por otro lado no era un freno “de mano” sino que se apretaba con el pie!!) Como agravante, el otro freno no andaba cuando el auto se detenía.
Pues bien, dada mi poca experiencia en ese entonces en terrenos no planos, subí con gran esfuerzo en segunda y el auto se paró. Como “olvídate del freno de mano” y el otro pedal no respondía, empezamos a ir cuesta abajo hacia atrás, en medio de los gritos de mi vieja. Lo solucioné moviendo la palanca de cambios, pero por poco no contamos la historia!!
Así transcurrieron diez días de aventuras, los últimos que compartimos en viaje con mi mamá. Lo pasamos muy bien, recorrimos mucho y volvimos también con varios kilitos de más. El aire serrano, como dicen…


miércoles, 3 de marzo de 2010

NUESTRA ETERNA PETER PAN: Feliz cumple, Pachu!!

Hoy es el cumpleaños de la más chica de mis sobrinas: Marcela, o Pachu, apodo inventado por mi mamá.
El bisabuelo Juan había interpretado que le decíamos lapacho; por lo que una vez preguntó: “¿por qué a esa nena la llaman quebracho?”
Marce siempre fue la más independiente de los tres, la que se cortaba sola simulando ser sumisa y estar de acuerdo con todo con su clásico “meno” (bueno), para después hacer lo que quisiera!
Siempre tuvo un buen humor envidiable, pero no había que dirigirle la palabra en la primera hora después de levantarse porque era una verdadera peste!! Pelo revuelto, seño fruncido y un vozarrón a lo Graciela Borges que exclamaba: “No me coques!” (sí, no sólo no se le podía hablar sino tampoco tocarla)
Fue y es “la creativa” de la familia, por lo que siempre lamenté que no hubiera elegido una carrera acorde con ese alto grado de imaginación que mostró desde chiquita.


Era la de las salidas graciosas, desopilantes, como la del día que en primer grado la maestra comenzó a repasar de qué aparatos habían estado hablando (respiratorio, digestivo, etc.) y ella exigió que la señorita explicara el aparato reproductor, lo que hizo convocar reunión de padres en el colegio de monjas al que asistía.
Y cómo olvidar cuando estaban hablando del verano y qué traía consigo (calor, vacaciones, etc.) y ella respondió con sinceridad total: “transpirazión". Sí, transpiración con z porque no pronunciaba las eses, lo que después de aprender el abecedario, la llevó un día a hacer una pregunta insólita: “¿por qué todaz las palabraz ze escriben con z?”
Compinche absoluta de su hermano mayor, juntos eran la verdadera piel de Judas! Guille hacía payasadas y ella las festejaba con ganas, riendo a carcajadas (me parece escucharla!) cual cacareo de gallinita.
Determinada como ninguna otra, tendría unos 3 años cuando un día se enojó con sus padres, metió una bombachita en su carterita y salió de la casa diciendo que se iba a vivir con su abuela Irma.

O bien cuando planteó a su papá que si algún día se separaba de su mamá, ella iría a vivir con él, bajo el argumento de “total me sé peinar sola”.
Recuerdo también el día que llegó una cuenta astronómica de teléfono. Mi hermano reclamó a Telecom y le dijeron que eran todas llamadas a Tsu cosméticos. Él negó ese hecho a muerte, hasta ver en un almuerzo que Marcela torcía la boca como solía hacerlo cuando mentía, y la interrogó para comprobar que ella, aburrida, llamaba a Tsu Buenos Aires preguntando por precios de ollas!!
Fanática de las películas de terror, desde chiquita las miraba con la luz apagada… para que le diera más miedo!!


Cinéfila, como todos los Bertolio, llegó a ver tantas veces cada película que conocía nombres de personajes y diálogos de memoria. Cuando le preguntabas si había visto tal o cual film respondía “noooo, si la vi una sola vez!”


Amante de los animales, estuvo 14 años bregando por un perro, conformándose con mi Poli, que la adoraba!


El día que su papá le regaló a Sasha, la llevó a la veterinaria sin decirle palabra y ella se tiró al piso a jugar con los cachorros de gran danés. Entonces mi hermano le dijo “¿y si la llevamos?” ¡Le brillaban los ojos! Aún con la perra en el auto no lo podía creer y preguntaba “¿y mami sabe?”

Cuando me llamó para contarme casi no podía hablar por la emoción. Tartamudeaba en el teléfono. Creo que fue “el regalo” de su vida.




Jugaba más con animales que con muñecas. La recuerdo un día en la pileta, junto a su primita Luisina y otras nenas. Una dijo “juguemos a que yo era Nicole Neuman”, Luisi agregó “y yo, Valeria Mazza”. Marcela con despreocupación respondió: “bueno, yo era un delfín”, dicho lo cual se zambulló en el agua.
Debo confesar que nos acercamos más de grandes que cuando era chiquita. No sé si a causa de su personalidad tan avasallante, pero si bien éramos cercanas no teníamos una relación tan simbiótica como con su hermana.
De adultas tal vez nuestro problema común (la obesidad) fue lo que nos acercó y nos hizo compinches. En ocasiones descubrí que teníamos pensamientos similares sobre las mismas cosas, como si fuéramos parte de lo mismo. Pero lo que siempre deseé con toda mi alma fue que no llegara a pasar lo que yo había vivido, que nunca se mirara en este espejo…
Nuestros viajes fueron inolvidables y debo reconocer que cuando recorro los lugares que visitamos juntas la extraño mucho, porque cada detalle tiene su historia, nuestros juegos, nuestras salidas desopilantes. Me sentía de su edad estando a su lado, como si no existieran 15 años de diferencia entre nosotras.


Lo curioso de mi sobrina menor es que no perdió la ingenuidad y la inocencia de su infancia. A veces la veo como Peter Pan, el niño que no quería crecer y me asusta un poco que no esté suficientemente preparada para este mundo tan cruel e implacable.
Quisiera poder trasmitirle todo lo que la vida me enseño, a los golpes. Pero a su edad es difícil escuchar a los mayores y creo que es lo mejor, porque cada uno tiene que vivir sus propias experiencias y analizarlas desde su propia historia, que nunca es siquiera similar a la de los demás.



Hoy Marce te regalo como siempre todo mi cariño y mi amor; un par de orejas atentas a lo que quieras contar, un par de ojos dispuestos a leer lo que quieras escribir y fundamentalmente dos hombros bien fornidos en los que te puedas apoyar.



¡¡¡ F E L I Z C U M P L E !!!

lunes, 1 de marzo de 2010

DONDE SEA QUE ESTÉS... feliz cumple, viejo!!!

Marzo es bastante complicado en lo afectivo, ya que es a la vez el mes del cumpleaños de mi papá y aniversario de su fallecimiento.
Mi viejo hoy cumpliría 84 años y parece mentira porque en mi mente y en mi corazón será siempre un hombre de jóvenes 57 años.
Falleció hace 27 años, pero cuando eso ocurrió llevaba 5 años muerto en vida, degradado a que su existencia transcurra sólo por la mitad izquierda de su cuerpo, atado a un sillón de ruedas.
Mi papá no era famoso, ni letrado, ni hizo lo que el común de la gente llamarían grandes cosas en su vida. Pero era un gran tipo, de ésos que tienden a todos una mano solidaria cuando cualquiera lo necesita, emprendedor y no temeroso del trabajo, de la cultura del esfuerzo como único medio para alcanzar objetivos.
Cuando pienso en mi viejo me da una enorme tristeza. En primer lugar, porque siento que nunca llegó a cosechar los frutos de todo aquello que sembró. Y también me da tristeza tener tan pocos recuerdos de él.
Es tan poco lo que viví con mi padre y sin embargo cuánto amor debió haberme dado en los ocho años que estuvo presente, que para mí sirvió como combustible inagotable por el resto del tiempo que pasé sin él.


Muchas cosas me contaron. Así sé, por ejemplo, que cuando nací iba a estar presente en el parto y lo impresionó tanto la sangre que tuvo que salir; que tenía tal chochera que en lugar de habanos repartió helados a todo el personal del sanatorio; que estaba loco por mí y podía hacerle lo que fuera porque su afecto no conocía límites.

Recuerdo sucesos como pantallazos aislados. Cuando me llevaba a cada circo que llegaba a la zona, mi primer día en la academia de inglés, los viajes que hacíamos para repartir helados, las canciones que cantábamos (marchas, generalmente) golpeándome las piernas con las palmas de las manos siguiente el ritmo, hasta que quedaran enrojecidas; o cómo se levantaba de la cama con resignación, cuando yo en medio de la noche me cruzaba a dormir con mi mamá... y la cantidad de regalos que me hacía!! desde muñecas de todo tamaño y color, hasta aquella marioneta que me había comprado en la carrera de motos de Santa Clara.

Tengo presente el día que me dijo que tendría que comenzar el cuarto grado por la mañana porque iban a hacer una sola división. ¡Cuánto me enojé! No quería levantarme temprano por nada del mundo!! El último recuerdo que tengo grabado es el día en que me dijo que no podía llevarme a la escuela porque le dolía la cabeza. Fue el principio de su enfermedad...



Los años sobrevinientes fueron tiempo suplementario, pero no cuentan. Me costó horrores aceptar que el desprecio de mi papá por mí en los últimos años porque no podía concebir que su cariño se hubiera convertido en intolerancia.

Nunca volvió a pronunciar mi nombre y fui Hugo hasta el último día. Cuando estaba por llegar la ambulancia para internarlo, el último momento en que lo vi con vida, me llamó Carina. Yo le tomé la mano enferma y podría jurar que apretó la mía.

Hoy hubiera sido su cumpleaños y como cada año me pregunto cómo hubiera sido mi vida junto a él (imaginándolo sano, desde luego). Cuántos viajes hubiéramos hecho, cómo hubiera disfrutado a sus nietos y bisnieta, la compañía que hubiera significado para mi mamá, la fiesta que hubiera hecho para celebrar mi graduación, o cómo compartiríamos juntos nuestro pasatiempo común: el cine y la fotografía.
No dejo de pensar que mi vida hubiera tenido un giro de 180 grados si él viviera...
Lo seguro es que definitivamente hoy no sería un día tan triste sino una celebración. Fiesta con chopp y baile, de ésas que (creo) nos gustaría organizar... en grande!!