sábado, 27 de febrero de 2010

EL VIEJO MUNDO Y YO: Segunda parte



Y así siguieron transcurriendo los días del viaje, entre camas que eran cuasi cuchas, pedos y escaleras.
Fue un viaje justo a la medida de alguien como yo que tiene una buena estrella (incrustada en el culo!!) porque por extrañas razones siempre perdíamos lo mejor de la excursión. Por ejemplo: no vimos la Capilla Sixtina del Vaticano porque había visita oficial; no pudimos entrar a la gruta azul en Capri porque la marea estaba alta; tampoco visitamos el pabellón chino en Bruselas porque era feriado nacional!... en fin, siempre había alguna traba que amenazaba con arruinar el viaje.
Pero nos divertimos, vaya si nos divertimos a pesar de todo!!
Como relaté en la primera parte, no le tenía nada de fe al grupo de gente muy mayor (para una pendex de 16 al menos) pero eran increíblemente graciosos. El capo del grupo era Coco, un gordo uruguayo que tenía salidas desopilantes. Su mujer, Poupeé no se quedaba atrás y lo secundaba en sus fechorías.
Siempre recuerdo la noche que visitamos Mónaco. Sí, sólo fue una noche, porque todo lo veíamos de pasada y a toda velocidad. Ibamos caminando en grupo cuando Coco se descompuso. Nos preocupamos muchísimo, por su peso y porque decían que sufría problemas cardíacos. Resulta que tenía diarrea!! Y al día siguiente en el colectivo relataba su experiencia en los baños del principado. Llegó a decir que el papel higiénico tenía impresa la cara del príncipe Rainiero y que le daba pena pero no tenía cómo esquivarle la cara para limpiarse!
Por las noches nos reuníamos después de cenar y eran unas máquinas de contar chistes. Nunca se les acababa el arsenal. Eran maravillosos!!
Nos seguimos viendo después del viaje. Hicimos varios encuentros (con tours incluidos, de varios días): en Santa Clara, Buenos Aires, Carlos Paz, Rosario… casualmente el otro día encontré una carta de Andrés, un farmacéutico rosarino que había viajado con su esposa, donde me invitaba al nuevo encuentro para recorrer el noroeste argentino.
Ese viaje no llegó a concretarse porque sobrevino la crisis de la hiperinflación… a alguno de ellos los volví a ver, otros fallecieron, pero nunca más estuvimos todos juntos.
Volviendo a aquella travesía, casi llegando al final tuvimos nuestra experiencia acuática. Todavía no estaba el túnel hacia el Reino Unido y teníamos que abordar un ferry. Tengo grabada la cara de pánico de mi tía que detestaba los barcos. Ibamos en el colectivo, el mar era sólo una rayita celeste a lo lejos y ella con cara de circunstancia, ya repetía “Mirá, está picado el mar… está picado”.
Con mi tío nos reíamos ya que habíamos pasado todo el viaje de ida tomando fotos en la cubierta mientras mi tía no se desatornillaba del asiento. Pero la muy bruja tenía razón!!! El mar estaba en “estado Titanic”. Yo me hice la piola y pedí de comer una milanesa con papas fritas (era tan atípico comer algo “normal”!!) Pues bien… lo que “navegó” esa comida en mi estómago sólo lo sé yo… fue un suplicio de 4 horas!!! (algo que debí recordar 9 años después cuando contraté el famoso crucero a Bahamas!), pero llegamos sanos y salvos. El barco en que viajamos naufragó un mes después al caerse sobre su parte lateral… no podía creerlo cuando vi la noticia! Esta vez mi estrella había estado donde tenía que estar…
Mi viaje no sólo me sirvió como esparcimiento y diversión, sino que también me permitió definirme sentimentalmente. La pucha que ayuda la distancia!! Había llevado dos fotos de vagos que me gustaban: uno era Germán (el clásico!) y el otro un atorrante bastante mayor que yo a quien le perdí el rastro cuando huyó dejando a su novia embarazada. La cuestión es que nunca miré esta última foto y me definí por mi estúpido primer amor (estúpidos él, el amor y yo, se entiende ¿no?)
Al llegar a Londres no aguanté más las ganas de saber de él y llamé a las mellis, mis mejores amigas.


Los teléfonos andaban con monedas y hablar era carísimo. Tragaban como la bestia más voraz. No recuerdo cuál de las dos me atendió pero después de comentarles algo acerca del viaje, pregunté por él y se hizo un silencio de radio al tiempo que escucho “¿te lo digo o no te lo digo?” y ahí se cortó la comunicación!!!!!!! Desesperada fui por más monedas y volví a llamar. Me atendió la otra melli y después de montón de preguntas de rigor, pregunto qué había pasado con Germán. Ella responde “tuvo un accidente”… y se cortó nuevamente!!!!!! Parecía una novela mexicana de mala calidad.
No podía conseguir más monedas. Cuando al fin me pude comunicar… me atiende la madre!!!!!!! Casi a los gritos pedí hablar con alguna de ellas. Ahí me contaron que el muy imbécil se había dormido y había chocado un árbol, por lo que le habían tenido que dar 80 puntos en la cara.
Imaginen la desesperación de una idiota enamorada como yo!!... a partir de ahí no disfruté más mi viaje. Sólo quería volver y verlo, obviamente!
Lo último fue París, ciudad con la que estaba tan cruzada que no me gustó. No me gustaron los franceses, ni el catre que me tocó en el hotel, ni nada de lo que vi.

Peleé con todo y cada uno de los franchutes que encontré a mi paso, desde el policía que me quiso quitar el rollo de la cámara por tomar fotos en las galerías Lafayette hasta el guardia que me retó por tocar una estatua en los jardines de Versalles.
La peor discusión la viví con el conserje de mi hotel, cuando me quiso cobrar dos latas de cerveza y yo había bebido sólo una!! Casi mi tío nos tiene que separar. Yo lo insultaba en tres idiomas (excepto en el puto francés) y él trataba de explicarme que las latas estaban en un compartimiento del frigobar y al tomar una había que consumir las dos. Lo pagué, pero exigí que me dieran la otra. Cuando subí a la habitación a buscarla, abandoné París con el último berrinche adolescente. Me afané un destapador, una Selecciones de Reader’s Digest en francés y revolví toda la habitación tipo demonio de Tasmania!! (como escarban mis perros la cucha cuando les pongo perfume, qué pedazo de idiota!!!)

El vuelo Madrid-Buenos Aires fue una tortura. Tuvimos una tormenta fuertísima durante las 14 horas de vuelo… Yo pensaba que moría feliz, porque era el vuelo de regreso, ya había conocido Europa al menos. Y sobrevivimos!... a las 14 horas estábamos… en Río de Janeiro!!!! Sí, llegamos a sobrevolar el aeropuerto de Ezeiza y era tal la niebla que no pudimos bajar y nos llevaron a Brasil.
Unas 23892839 horas más tarde pisamos suelo argentino, sin dormir, cansados como perros y habiendo perdido la conexión a Santa Fe. Siete horas más estuvimos haciendo tiempo en aeroparque hasta poder tomar el vuelo a Sauce Viejo.
Y todo eso para encontrarme con que a pesar de lo que me habían dicho, había quedado libre y tenía que hacer recuperatorio de todas las materias!!
En fin, una experiencia agotadora en todos los sentidos, pero si tuviera que repetirla no lo dudaría un solo instante porque fue simplemente inolvidable…


lunes, 22 de febrero de 2010

MILAGRO URBANO: un relato para volver a creer


Hoy iba a publicar la segunda parte de mi viaje a Europa, pero una emergencia hizo que cambiara sobre la marcha y decidiera contar esta pequeña historia acerca de un milagro urbano.
Este post está dedicado a una amiga que está pasando un muy mal momento y como sucede en tiempos adversos ve todo negro, negativo y sin salida. Con este relato quiero demostrarle que los milagros también existen e incluso pueden sucederle a alguien como a mí!!!

Corría el año 1991 y yo cursaba mi cuarto año de facultad. Como recordarán había logrado huir de las garras de la bruja Adela y pasé dos de los años más felices de mi vida en mi monoambiente alquilado. Pero como todo cuento de hadas llega a su final, mi contrato de alquiler vencía y no querían renovarlo.
Si hacemos memoria, habíamos tocado fondo con la hiperinflación (recuerdo que de un mes al otro mi alquiler aumentaba hasta un 160%!!) y volvían los pesos a reemplazar a los pobres devaluados australes.
Comenzamos a buscar departamento para comprar, pero el mercado inmobiliario estaba muerto!! No había propiedades en venta ni en alquiler. Nunca volví a ver algo semejante.
Pasaba los días leyendo avisos, de rally por las inmobiliarias, viendo lo poco que había (totalmente destruido). Se agotaba el tiempo y no aparecía nada. En quince días vencía mi alquiler, mis muebles quedarían en la vereda y yo sería una homeless!
Un día vinieron mi mamá y mi hermano a Santa Fe. Mi vieja tenía turno con un médico y yo había reunido en una mañana todos los departamentos que podíamos ver.
Eran horrorosos!! Muy desanimada fui sola al último lugar (4 de enero y Boulevard Pellegrini: a pocas cuadras de la facultad) porque ya ellos estaban en horario de la consulta médica.
Era un departamento vacío, así que tenía que esperar que el empleado de la inmobiliaria me lo mostrara.
Diciembre en Santa Fe, imaginen el calor!! Era asfixiante!!!
Esperé media hora y nadie apareció.
De pronto una mujer salió de la nada y comenzó a conversar conmigo.
Soy poco fisonomista pero atípicamente recuerdo sus facciones. Tenía unos 40 años, trigueña, cabello oscuro largo.
Me preguntó si iba a ver el departamento de dos dormitorios y le respondí que no, que vería el de uno. Ni siquiera sabía que hubiera uno de tres ambientes.
Entonces me comentó que había un departamento en venta cerca del Palomar, muy barato porque era un matrimonio con una hijita y les había quedado chico, que se tenían que ir porque la nena tenía una enfermedad cardíaca y necesitaba espacio.
El departamento en cuestión era de dos ambientes pero muy amplio.
Pregunté qué inmobiliaria lo tenía y me mencionó una de un martillero (nunca la había oído nombrar), que estaba a dos cuadras del departamento.
Me nombró al dueño de la inmobiliaria y al empleado, por nombres, y me pidió que les dijera que iba de parte de ella, de Guadalupe.
Era cerca del mediodía así que corrí al consultorio a buscar a mi hermano y juntos fuimos hasta la inmobiliaria. Llegamos cuando estaban cerrando.

Efectivamente ese departamento estaba en venta y todos los datos eran correctos, incluyendo el precio irrisorio de 20 mil dólares. También eran correctos los nombres del dueño y el empleado, pero ninguno de los dos conocía a la tal Guadalupe.
Recuerdo que llegamos al departamento y estaban almorzando. Había mucho olor a fritura y las ventanas (que tan bella vista tenían) estaban cerradas. Les sobraban muebles y todo era desorden, pero fue amor a primera vista. Había llegado a mi lugar.
Había otra inmobiliaria que también tenía el departamento y un comprador que estaba a punto de señarlo. Pero se arrepintió. Y finalmente ese lugar fue para mí.
Nunca nadie supo quién era la mujer que me dio tan valiosa información en tiempos tan revueltos. Yo tengo mi propia versión de los hechos: ¡era la virgen de Guadalupe!

sábado, 20 de febrero de 2010

MI PRIMER CONTACTO CON EL VIEJO MUNDO: Primera parte


El viaje más lejano y extenso de mi vida fue Europa 1986.
Tenía 16 años (una verdadera florecita!!) y muuuuchos kilos menos!!
El proyecto original era un viaje madre e hija. Mi vieja había viajado en 1984 y pagaba un círculo para volver a visitar el viejo mundo junto a mis tíos Tito y Chela.
En el 86 comenzó con sus problemas en las piernas y desistió. Yo quedé masticando mi bronca hasta que surgió la posibilidad de ir sola junto a mis tíos.
En medio de ese trámite también ellos se echaron hacia atrás por distintas circunstancias. Recuerdo el día que se lo estaban anunciando a mi mamá por teléfono. Tenía tanto odio encima que empecé a insultarlos ahí nomás, diciendo que siempre habían sido unos fallutos, que no esperaba otra cosa de ellos bla bla bla… pues resultó que me tuve que tragar mis palabras porque finalmente el viaje se hizo!!!
Puse mi mejor cara de pocker, me vestí con saquito de teflón para hacer que todo me resbale y me dispuse a pasar un mes junto a los tíos que había insultado.
En realidad éramos casi extraños porque nunca tuve con ellos la relación que tenía con mis otros tíos. Nos veíamos pocas veces al año y ahora teníamos que convivir 24 horas!! Sí, porque mi mamá no se había animado a mandar a su nenita de 16 años a una habitación sola y tenía que estar en una triple… con ellos!!
En fin, todo fuera por conocer Europa. Tragué mi orgullo, hice mi valija y allá me embarqué.
En Ezeiza ya me hubiera tomado el primer avión con otro destino, pero seguí adelante.
Cuando conocí al grupo me dieron ganas de huir. Todas parejas de “viejos”; el único guapísimo que me gustaba (igualito a Imanol Arias) estaba de viaje de bodas!!!
Claro que después me tuve que tomar con soda esa primera impresión porque fueron las personas más divertidas, hilarantes y ocurrentes que conocí en mi vida. Nunca volvió a tocarme gente tan macanuda en un tour.

El viaje fue glorioso, inolvidable!! Y agotador… 9 países en 30 días!!! Cada noche, cuando bajábamos a cenar los cartelitos en el ascensor indicaban algo así como 5 hs. llamada, 5:30 maletas afuera, 6 hs desayuno, 6:30 partida. Y luego kilómetros y kilómetros y caminatas y escaleras… bajé 10 kgs en ese viaje!! Un poco por el trajín y otro poco por la comida que no me gustaba.
Además dormía poco. Los hoteles eran de puta madre pero siempre la tercera cama en cuestión (o sea la mía) era una cucha. En París teníamos un hotel cuatro o cinco estrellas y mi cama era un catre. No, no lo digo en sentido figurativo. Era un catre de verdad!!, con patas cruzadas de madera y una lona en lugar de colchón! Por supuesto yo era bastante pollita para defender mis derechos y mis tíos nunca reclamaron. Claro, no tenían que dormir ellos ahí!!
Cada vez que visitábamos un palacio, mis compañeros se reían y me gritaban “una cama imperial, tirate Carina!” A mí no me hacía mucha gracia…
En Lourdes fuimos a un hotel chiquito, antiguo. Recuerdo que tenía un ascensor que parecía un pene enrejado y todavía oigo a Leticia (una de las más viejitas del grupo) gritar cuando estuvo a bordo: “me voy en la nave espacial!!”

Allí mi cama era un cajón. Literalmente un cajón. Salía de debajo de las camas como una marinera, pero tenía bordes, de modo que parecía un féretro. Yo moría de cansancio pero me planté y dije “ni loca duermo ahí adentro” y me quedé sentada como el cacique Toro sentado mientras hacía mi protesta. Por supuesto nadie me dio bola y en algún momento el sueño me tiene que haber vencido porque amanecí acostadita como Dios manda.
Como antes dije, no me gustaba ni medio la comida europea, así que esperaba con ansias los lugares que no incluían almuerzo y cena, para escapar a un Wendy o Mc. Donalds y comer algo parecido a nuestra comida. Mis tíos me miraban con desdén y me preguntaban “¿vas a comer todo eso?” al tiempo que ellos comían una ensalada entre dos. Claro que sólo hacían dieta cuando la comida no estaba incluida… dieta a medias porque también picoteaban mis papas fritas.
En un momento me atacó una crisis de compañía que lo único que quería al menos por una sola noche era estar sola. Estaba harta de eructos, pedos y ronquidos. Una noche pensé “sólo falta que mi tío vomite”… y esa noche vomitó!!! Había comido seis paltas rellenas (incluidas) que nadie más quiso y ésas eran las consecuencias.
En Amsterdam mi sueño se hizo realidad y como era un hotel nuevo y no tenían habitaciones triples, dormí en una single!!!!!!! Recuerdo cada detalle de esa hermosa habitación, el olor a muros recién pintados, los plumones blancos como la nieve, la decoración en color marfil… maravilloso!! Dormí como hacía tiempo que no lo hacía.
A la mañana siguiente partíamos a otro país. Después de desayunar mi tía se acercó a mí y me preguntó: “no viste esa película tan asquerosa anoche”. No, respondí, no sabía de qué me hablaba. Había hecho zapping por todos los canales y nada de lo que vi me había parecido “asqueroso”. En eso sube al micro el coordinador y pregunta por mi tío, reclamando una cuentita que había quedado pendiente de pago en el hotel. El respondió que no había tomado nada del frigobar… lo cierto es que había visto una película porno por un canal codificado!!! Yo era la que siempre investigaba botones, funciones y curiosidades (mi tío me llamaba “la ingeniera”) y como esa noche había faltado ya había hecho cagadas.

Continuará…

lunes, 15 de febrero de 2010

EL SUEÑO DE MI VIDA: y una de las peores pesadillas!!


Toda mi vida había querido conocer el mundo mágico de Disney, En el año 1994 decidí contratar el viaje como regalo de 15 para Julia… y también me lo regalé!
Fue un verdadero sacrificio pagar ese viaje. Recuerdo que mi sueldo no llegaba a los $800 y cada mes religiosamente depositaba $500 para nuestro viaje. Eso sí: durante un año no me compré absolutamente nada!!
Y viajamos en diciembre de 1995.
El itinerario incluía 10 días en Orlando, 3 de crucero por las islas Bahamas finalizando con 4 en Miami.
Los días en Orlando fueron soñados, perfectos, un regreso glorioso a mi infancia. Jugué, reí y paseé como nunca!!
Como era un tour programado para chicas de quince, yo era una de las más viejas… yo y Dorita, la abuela de la nena más chica, algo así como una pesadilla de tiempo completo.
Dorita era más pesada que submarino a remos, por lo que todos la evitábamos (coordinadoras inclusive!)
Nunca olvidaré el día en que las coordinadoras la convencieron de que el paseo sería muy largo, agotador y difícil para una persona de su edad, dejándola en el hotel al cuidado de otro coordinador. Como éste tampoco la soportaba, le dijo que ella era una mujer activa y podía con todo, así que estábamos saliendo cuando detuvo el colectivo y subió triunfante… nos queríamos morir!!!!
Ese día le alquilaron una silla de ruedas (común, no a motor) y pretendían que nosotras empujáramos de ella por todo el parque. “Vamos chicas, como si fuera su abuelita”, decían las turras de las coordinadoras. Julia me miró y dijo “ni ebria ni dormida paseo a la vieja” En efecto, no era nuestra responsabilidad!!! Y la nieta no sabía cómo deshacerse de ella.
Aparentemente Dorita había regalado un viaje similar a la hermana mayor de esta nena, sólo que aquélla había viajado sola mientras ésta tenía que cargar con el paquete.
Otro día se perdió en el Magic Kingdom. Habíamos fijado horario de encuentro y ella no aparecía. Nuestro transporte tenía que partir (porque tenía otro compromiso más tarde) así que una de las coordinadoras tuvo que quedarse en el parque a esperarla.
Por algo cuando quedó encerrada en el baño del colectivo y gritaba como poseída, todos nos hacíamos los distraídos, las dormidas o con auriculares.
Ser una de las más viejas también me daba cierta credibilidad y apariencia de seriedad.
Cierto día, a nuestro regreso del diario trajín, empezamos a jugar guerra de almohadas con Juli. En un momento se me terminó la cama y caí al piso para terminar debajo de una mesa y un sillón, con todo el estruendo que eso significó.
Al toque estaba una de las coordinadoras tocando nuestra puerta.
Estaba tan tentada que fue a atender Julia con su mejor cara de pocker, mientras yo me encerraba en el baño. Sólo alcancé a oír: “Ah no, no es acá, vos estás con Carina” y se fue. Nos tirábamos al piso de la risa!!
En los juegos con simuladores o montañas rusas grité tanto que Julia bajaba la mirada y se tapaba la cara de vergüenza mientras decía “callate por favor, qué papelón!!”
Todo fue maravillosamente bien hasta que llegó mi peor pesadilla: el crucero!!
El sueño de mi vida era concretar un viaje en barco. Como antes comenté, miraba “El crucero del amor” y todo ese glamour, ese lujo y esa tripulación tan servicial eran algo que me atraía mucho.
La primera decepción fue al llegar al puerto. Nuestro barco era el más chiquitín de todos. Parecía el Fiat 600 de los cruceros!! Por supuesto que nuestras coordinadoras (más falsas que dólar rosado) se encargaban de adornar lo que estaba a la vista, diciendo que la elección había estado basada en la comida, ya que el Dolphin era famoso por su alta cocina (sí, tal vez estaba en el último piso!)
Las dimensiones del camarote eran algo así como mi placard más una mesa. Al menos no eran cuchetas!
Fui a cubierta para tomar unas fotos mientras nos alejábamos del puerto de Miami y ahí comencé a sentir que ya no estaba en tierra firme.
A ver cómo lo explico: el barco no se movía violentamente, ni se balanceaba, pero yo sentía dentro de mi cabeza una oscilación, casi como si fuera un balde lleno de agua que se agitaba a un lado y el otro por el movimiento.
Y ¡qué aburrimiento! La gente no hacía otra cosa más que comer. Cenaban a las 7 y a las 11 o 12 de la noche estaban comiendo otra vez. Soy de bien comer pero verlos francamente me daba asco! Esa gente que sólo come mucho cuando está incluido me da repugnancia!!

Y mientras estábamos en camino yo siempre mareada y nauseabunda. No vomité nunca pero apuesto que si lo hubiera hecho devolvía hasta la leche materna!!
La noche del capitán, famosa en todos los cruceros del mundo, yo estaba apoyada en la pared como un prisionero a quien están por ejecutar. Me parecía que si despegaba la cabeza de algo firme me caería redonda!!
La pileta estaba clausurada, otros espectáculos no hubo y nuestra estadía en el crucero sólo fue una sucesión de aburrimiento y desilusión.
¿Y dónde estaban los hombres? No en el Dolphin, niñas. Los únicos jóvenes eran los mozos portorriqueños… todos putos!! (o al menos un 90%) No tengo nada contra los homosexuales, excepto cuando espero que sean heterosexuales y se enamoren de mí!
Al menos Bahamas valió la pena y el paseo a la laguna azul fue inolvidable.
Terminamos la travesía en Miami, que no me pareció ni muy glamoroso, ni muy alucinante. Sólo una sucursal latina, sucia y peligrosa, con una playa poceada de arena gruesa y un mar helado de alto oleaje. Pasamos más tiempo en la piscina del hotel que en cualquier otro sitio. Pero nos hospedábamos en un appart que era más grande que mi departamento!!!

A pesar de todo, Disney 1995 fue uno de los mejores viajes que hice y siempre planeé volver.
Las circunstancias económicas no me permitieron repetir la experiencia con mis sobrinos menores pero las ganas están y sé que regresaré un día. Eso sí: sin cruceros ni Miami inclusive… sólo parques!!!!!!!!!

martes, 9 de febrero de 2010

VACACIONES primera parte: El peor viaje de mi vida


Al tiempo que algunos afortunados aún se encuentran vacacionando, no se me ocurre escribir sino de un tema maravilloso: vacaciones!!!
Soy (¿soy?) una viajera incansable (al menos lo era hasta la víspera de mis 40) y tengo un nutrido anecdotario en el rubro, pero como pesimista que soy sólo podía comenzar por las peores vacaciones de mi vida.
Corría el año 1997 (¡era tan joven!) y con mi amiga Angélica planeamos conocer el Caribe. No teníamos un destino concreto, sólo queríamos ver palmeras, arenas blancas y aguas tibias cristalinas.
Cuando comencé a hacer averiguaciones, se agregó a la comitiva mi sobrina Julia, aprovechando el poder que me habían extendido un par de años antes para sacarla del país.
Costa Rica, Punta Cana (tan de moda en esa época) y Cartagena de Indias estuvieron entre los destinos en danza, pero ¿qué elegimos?... la isla Mierdarita!!! Perdón, la isla Margarita, en Venezuela.
No sé qué se nos pudo cruzar en la cabeza para hacer semejante elección. No fue el costo porque a lo sumo la diferencia entre un lugar y el otro eran 100 dólares (cuando teníamos el dichoso 1 a 1)
Pero ahí partimos las tres ingenuas, preparadas para hartarnos de ver tanta palmera y playa paradisíaca.
Unos vouchers que llegaron a último momento (horas antes de nuestra partida) y una demora de casi 7 horas en Ezeiza a causa de desperfectos técnicos en el avión sólo fueron el prólogo de todo lo que nos esperaba en esa isla endemoniada.

Después de chotocientas horas de un viaje de terror (los vuelos charter son una verdadera maldición!!) arribamos a nuestro destino.
Lejos de ser la isla de la fantasía, apenas se pudieron ver entre las nubes las primeras imágenes, sólo una pregunta me invadió: ¿adónde se fueron las palmeras???
La isla era un gran desierto, arena y más arena. Tratando de conservar el optimismo, me pregunté si acaso el aeropuerto estaba al otro lado, del lado seco y árido, pero todo se veía igual.
El aeropuerto era casi tan grande como mi casa y allí nos esperaban un par de personas para subirnos a la traffic y comenzar la vuelta de “el tren fantasma”.
Apenas estuvimos a bordo de la incómoda leonera, una guía empezó con las recomendaciones: que la isla era peligrosa, no había que alejarse de los complejos hoteleros (¿acaso los nativos eran cavernícolas?), recomendaban no visitar la feria en la capital, no tomar agua porque no era potable, no meterse demasiado en el mar porque era bravo, tener cuidado con el sol, etc. etc. etc.
¿¿¿Cómo caímos acá???, me pregunté, ¿En qué momento de inconsciencia habíamos descartado Punta Cana por ser un sitio tan popular en aquellos días?
Llegar al hotel fue la primera buena noticia que habíamos tenido en las últimas 24?... 36?... 48? horas. Al menos se veía firme, cómodo y limpio.
Llegamos a la habitación con el último aliento. No puedo describir el calor que hacía. Era como estar en Santa Fe cambiando el río Salado por el Mar Caribe.
Sólo queríamos bañarnos para sacarnos toda esa cracha y olor a viajero que traíamos hace tanto tiempo. Pero las valijas no habían llegado con nosotras a la habitación…Esperamos un tiempito prudencial hasta que levanté el teléfono y las reclamé a conserjería. Nos aseguraron que en unos minutos estarían, pero los minutos se acumulaban y no aparecían.


Enojada opté por ir personalmente a reclamarlas y Angélica y Juli me siguieron cual dos secuaces. Allí estaban, en medio del amplio lobby, sólo tres valijas: las nuestras!
Cuando pregunté por la demora, muy frescos me respondieron que era la hora del almuerzo, así que todos los empleados estaban… comiendo!!!!!!!
No podía creerlo. Quisimos cargar nosotras las valijas pero “nooooooo, eso no es para señoritas!!” Cómo será la cara que les hice al tiempo que no soltaba la manija, que ahí dejaron de comer y supongo que pensaron “mejor que las llevemos o la gorda nos emboca!!”
Más tarde, más frescas y descansadas, salimos a explorar. El complejo era muy lindo. Se habían esforzado (tal vez fuera tarea de varias generaciones) en forestar, así que al menos allí teníamos algo verde para ver. Caminamos hacia la playa un senderito interminable hasta llegar al mar.



Mar del Plata era Jamaica al lado del panorama que se nos presentó. Viento patagónico, olas para practicar surf y unas aguas y arenas dignas de las playas de Coronda!!!
¿Nunca les ocurrió eso de querer negar la realidad hasta el último momento? Pues yo estaba en ese estado. “Tiene que haber otra playa”, afirmé muy canchera. Y caminé, caminé, caminé, pero más me alejaba del hotel y peor era la calidad de la arena y las aguas, por no hablar de lo inhóspito del paisaje.
¡Pobre Angélica! Recién conocía el mar y tener esa experiencia!!! Sólo Julia parecía estar contenta de tener un solazo que la azotara en forma. Yo permanecía bajo una reposera con techito, que parecía que en cualquier momento iba a volar aún conmigo encima!!
En los días siguientes tratamos de llenar las horas con actividades, desde las propias del hotel (esas ezquizofrénicas como gimnasia, juegos, shows) hasta excursiones. Lo hicimos todo por huir de esa playa. Aunque teníamos tela para no aburrirnos… como la alergia al bronceador que dejó los ojos de Angélica rojos e hinchados, o la intoxicación que agarré sobre los últimos días y me hizo perder una excursión ya pagada.

Lo mejor que vimos en esos días fue Los roques, un archipiélago coralino donde hicimos snorkel con Julia. Era lo que esperábamos encontrar en aquel horroroso lugar!!
Claro que el viaje no fue sencillo. Fuimos en una avioneta destartalada que dudé hasta el último momento que fuera a levantar vuelo (la inconsciencia de la juventud, como dicen) Creí que íbamos a tener que sacar los pies al estilo Picapiedras para darle envión!
Flechadas como camarones, descompuestas por el agua y la comida y agotadas, nos cruzamos con un par de cordobesas en la playa del hotel que nos dieron una aliciente: “Al menos ustedes se van en una semana… y nosotras, que vinimos por 15 días???”, decían con resignación.

Otra de las excursiones interesantes fue por el río, en la zona de los manglares (esos árboles medio selváticos que tienen sus raíces fuera del agua) Mientras viajábamos en esas lanchitas diminutas, masticadas por los mosquitos, los lancheros nos decían como gracia que solían descomponerse los motores y quedarse allí hasta que otro fuera por nosotros. Yo sólo pensaba que tocar con un solo dedo del pie esa agua turbia y moría en el instante!! ¿Todo tenía que ser tan “aventurero”? No soy una persona aventurera, quiero comodidades, suelo firme y atención de reina. Si no, me quedo en mi casa… sólo que entonces estaba tan lejos!!!

El último día (glorioso por ser el último!) averigüé por teléfono quién nos pasaría a buscar porque la única noticia local que se escuchaba en televisión es que había paro del personal de aeropuertos. Me respondieron que una combi pasaría por nosotras en la mañana.

Por supuesto que, terminada la estadía, nos cortaron la pulserita que nos habilitaba a tener pensión completa en el complejo y nos echaron de las habitaciones.
Un rato aquí y allá, quedamos aguardando que nos fueran a buscar. Después del mediodía ya comenzaba a picar el bagre y nadie aparecía. Parecíamos “Anita la huerfanita”, abandonadas a nuestra suerte por tres, sentadas al lado de las valijas preguntando a cada chofer que arribaba si nos buscaba a nosotras. Ninguno era el nuestro.
Al fin a la tardecita apareció un gordito que se apiadó de nosotros y nos cargó!! Pensamos que no llegaríamos a tiempo a tomar el vuelo pero nos equivocamos. El tipo agarró esas curvas con precipicio a velocidad montaña rusa, hasta arribar con vida después de rezar el rosario completo!!!!
El aeropuerto era un caos. Si había capacidad para 100 personas, allí había unas 1500. Nadie sabía si saldrían los vuelos, a qué hora, qué haríamos si no salían, nada. En el teléfono de la agencia nadie respondía.
A esta altura el eco que había en nuestros estómagos vacíos era para el Guiness. No habíamos comido bocado desde el desayuno y ya estaba anocheciendo. No manejaban dinero en el hotel así que no habíamos podido almorzar allí. Tampoco había ningún kiosco o restaurant a mano, por lo que habíamos llegado en ese estado al aeropuerto.
Decidida dije “voy a comprar unos sándwiches” pero desistí al instante. Cientos de turistas hambrientos hacían cola frente al restaurantito del aeropuerto. Nunca nos tocaría el turno.
A las 10 y pico anunciaron nuestra partida. Respiramos aliviadas al poner los tres tristes culos cansados en los asientos del avión. Nuestros estómagos eran una verdadera sinfonía y no sabíamos si nuestros equipajes estaban viajando en el mismo avión o no, pero al menos estábamos en camino.


Despegamos al fin y fue la primera vez que ansié tanto dar por finalizadas mis vacaciones. Cerca de medianoche trajeron la cena y ahí nuestra felicidad fue completa.
Terminamos la travesía prendidas a la bandejita del avión, cual tres famélicas recién salidas de un campo de concentración.

Caribe… NUNCA MÁS!!!!!!!!!!!!

viernes, 5 de febrero de 2010

HOMENAJE: "Luisina Paola cara de bola"

Luisina fue mi “segunda sobrina” porque nació dos años después que Juli y ocho meses antes que Guille, el segundo de mis sobrinos. A pesar de ser hija de mi prima siempre fue una sobrina más.
Luego de meterme en el mundo de la genealogía me enteré que realmente es mi sobrina segunda (como denominan a los hijos de los primos)



Luisi era una pequeñita adorable, dulce, graciosa y pizpireta. Desde el primer momento sentí afinidad con ella y junto a Julia pasamos a ser un trío inseparable.
Más tarde se agregó Guille y se parecían tanto (o yo los veía así) que fantaseaba que eran mellicitos y secretamente jugaba con los tres un poco a la mamá (como saben, mi vocación maternal siempre fue muy fuerte!)
Como mi mejor amiga era su niñera, todo el tiempo estaba junto a nosotras y participaba de nuestras reuniones y salidas como una adolescente más.

Aprendía rapidísimo y sabía todas las monerías propias de la edad y algo más…
Decía llamarse “Luisina Paola, cara de bola”, tal como mi mamá le había enseñado y entonaba tangos que le enseñaba su abuela.
Con Luisi también me vi en los peores aprietos que me tocaron vivir con una criatura.
Cierto día la cargaba en brazos y el piso estaba mojado. Resbalé de boca y lo único que atiné fue a levantarla sobre mis hombros para evitar caerle encima con todo mi peso. Ella estuvo bien pero casi me rompo la mandíbula por el golpe!!
En otra ocasión la dejé un segundo sentada en la escalerita de la pileta al cuidado de mi tía, para mojarme el cabello y cuando asomé a la superficie estaba flotando boca abajo!! Enorme fue el susto que nos llevamos. Afortunadamente no fue más que tragar un poco de agua…

El peor momento fue cuando estaba comiendo caramelos de goma (“nomitas”, según su vocabulario a media lengua) y se ahogó por meterse unos cuatro juntos. Ni lerda ni perezosa tuve que sostenerla de las piernitas boca abajo hasta que despidiera su atracón de golosinas.



Pero los sustos se compensaban con lindos momentos. Me parece verla todavía en su “pata pata” al que llamaba “molmagen” (porque tenía etiquetas de Volkswagen) pegando el envión para luego levantar los pies y dejarse llevar. Lo mismo que hacía en el andador, por lo que caminó tardísimo!!
Y qué celos tenía de los demás chicos! Una vez le conté que había estado Nati (otra prima) usando su triciclo y esa pequeña personita, después de pensar en cómo ocultar su bronca, subió al asiento, me miró y arrancó diciendo “alora (ahora) lo uso yo!”.
Ocurrente, cierto día, también refiriéndose a Nati dijo: “no quiero jugar con ella porque estape”. ¿Cómo estape?, preguntamos. Y simplemente respondió: “estápe… lotuda!!”



Cuánto le gustaba el chupete!!! Era una chupeteadicta!! Solía llevar uno o dos en la boca (sí, juntos!) y dos o tres en cada mano!!! Quitárselos fue el más grande acto de maldad contra esa criatura. Lloraba y pedía a gritos “una chupadita y basta…” Una vez la pesqué chupando el extremo de un palito de amasar del juego de cocina.
La extrañé mucho cuando se mudaron. Dejó de estar 24 horas disponible frente a mi casa y ya no podía verla todo el tiempo con sólo cruzar la calle. Pero siempre seguí buscándola, para pasear y jugar. Yo vivía en Gálvez y nada podía impedirme el contacto.


La niñita creció y se transformó en una hermosa adolescente, sentimental y enamoradiza. Recuerdo que a sus 12 o 13 años le gustaba un veinteañero. Todos le hablábamos de la diferencia de edad y ella con una simplicidad e ingenuidad increíbles respondía “ahhhhhhhh... qué le haaaaceee!!... la diferencia ahora se nota pero más adelante no va a ser así…”.


Sensible sin remedio, inquieta, cariñosa, dueña de una dulzura sin igual, hoy Luisi te agradezco todo el amor que me diste (que espero haber correspondido) y te deseo un muy feliz 27mo. cumpleaños!!!!!!!!!
Deseo que este año encuentres un amor que te merezca y llene tus días de dicha, que puedas trabajar en la profesión que elegiste y tengas una vida maravillosa!!!!!!!!!