domingo, 22 de agosto de 2010

COMO UN VOLCÁN EN ERUPCIÓN: el final... de mi paciencia!!!

Para ninguno de ustedes es noticia que soy bastante temperamental y cabrona, pero la semana pasada llegué al tope de la resistencia de mi pobre corazón.
Después de casi cuatro meses de obra, con las molestias, inconvenientes, incomodidad, inseguridad, retrasos y desembolsos que superaron  largamente lo presupuestado, llegando al final del proyecto, al momento en que todo eso debiera considerarse superado para pasar a disfrutar los resultados, lo único que siento es impotencia y un sabor amargo.
No me gusta lo que veo, no me gustan las terminaciones, y hay cosas más allá de la estética, que superan lo imaginable.
Y sobre todo eso, un culebrón mexicano que me involucró cuando yo debiera permanecer ajena, limitándome sólo a pagar por un servicio profesionalmente brindado.
No sé cuál es mi problema con las personas, si soy demasiado flexible o demasiado estúpida para que tantas cosas me pasen a mí.
Después de comprobar al menos una docena de errores gruesos en la terminación (como por ejemplo que el piso de la galería no tenga caída hacia el patio sino hacia la casa!!!), sólo recibí de mi arquitecta un "lo lamento profundamente" como excusa y argumento para salir del paso.
Así entonces recurrí a la persona que había  contratado originariamente (su socio), para enterarme del culebrón.
Resulta que ellos se separaron... se pelearon al mejor estilo Pimpinella y yo quedé en el medio, pero ninguno de los dos tuvo la decencia de comunicármelo.
Ahora estoy con una obra casi terminada (siempre "casi" porque nunca terminan!!!) y una ex pareja de socios que se tiran la pelota uno al otro sin hacerse cargo.
Toda esta pesadilla que creí que llegaría a su fin cuando terminaran de construir, recién comienza ahora!!
La semana que termina hoy (gracias a Dios!) fue terrible. Con una bronquitis crónica (después de seguir andando tipo conejito de Duracell durante una semana), escupiendo los pulmones por la boca de tanto toser, llegué al viernes en que tendría que reintegrarme a la oficina tras tres días de ausencia.
La noche del jueves me enteré que los albañiles no podrían terminar con lo previsto el viernes porque "tenían que viajar" y el carpintero se ve que se solidarizaba con ellos porque tampoco vino. Sólo el electricista haría su aparición triunfal para hacer instalaciones eléctricas y colocar al fin la grifería del lavadero.
El viernes en la oficina fue una locura!! Trabajo atrasadísimo, trabajo nuevo, tensión permanente.
Llego a casa a las 4, previa parada en el lavadero (porque sigo sin poder habilitar el mío), y encuentro una lámpara colgada, la luz cortada y nadie trabajando.
Como tenía que viajar y nadie aparecía, mandé un mensaje de texto a mi arquitecta para que me diera el número de celular del electricista. ¿Por qué un sms y no una llamada telefónica? Simplemente porque no me responde.
Pasó más de media hora y no respondió, por lo que hice el mismo pedido al arquitecto.
Al rato conseguía el número y llamé al electricista... para enterarme que habían olvidado activar el disyuntor. Yo tengo una heladera en marcha, con un viaje pendiente y ¿qué hubiera pasado si no regresaba a mi casa?
Levanté la tecla del disyuntor y en medio de un ataque de tos nerviosa, pude al fin hacerme la nebulización pendiente.
En eso el arquitecto manda un sms para que le diera mi número fijo para llamarme. Intenté hablarle pero simplemente caía en el buzón de correo.
Con mi celular nuevo que no termino de entender, trataba de ingresar números en el texto, sin resultado.
Mi histeria iba in crescendo hasta que se me ocurrió pedir a una amiga que escriba en un sms mi número y así poder reenviarlo. No di mayores explicaciones y cómo habrá sido mi estado nervioso que ella (pobre!) llegó a pensar que había olvidado mi propio número telefónico!!!
Bueno, me habló y coordinamos ver el lunes una de las cagadas a arreglar.
Preparé los bolsos para partir a Gálvez y apenas llegaron los canes de su paseo, partimos.
No encontré los cinturones de seguridad para atarlos en el auto, así que viajaron sueltos.
Logré bajar decibeles en el camino hasta que decidí entrar a la estación de servicio de la autopista para comprar algo fresco para tomar... hacía tanto calor!
Entonces Andy, que parece adivinar cuándo es el momento menos propicio para joderme la vida, se escapó y comenzó a pelear con otros tres perros.
Comencé a los gritos por la playa de estacionamiento, como una loca recientemente escapada de un psiquiátrico. Cacé a Andy de los pelos y lo metí al auto, mientras los tres perros saltaban rayando todas las puertas.
Por supuesto arranqué sin comprar ninguna bebida y llegué a Gálvez pasada de revoluciones.
Y para qué se me ocurre revisar el correo... encuentro mail de la pelotuda con otro novelón. Además de hacerse la víctima por culpar de esta situación a la muerte de su madre (algo que comprendo que la haya sumido en un duelo, pero profesionalmente debió derivar el trabajo y no dejarme dos semanas en banda sin poder ubicarla!), quería sacarse la responsabilidad de encima diciendo que no se haría cargo de lo que no había hecho personalmente!!
A ver... si yo la contrato para supervisar y ejecutar una obra, obviamente tendrá que hacerse cargo de cosas no hechas personalmente por ellas pero por las cuales responde como conductora!!!!!!!!
Ahhhhh... y se atrevía a pedir el saldo del dinero!... con la docena de arreglos por hacer todavía quiere que cancele???
Y por último, la guindita de la torta: que ésta era su última obra, ya que después de esto abandonaría su profesión.
¿Qué esperaba?... ¿que le pidiera que no lo haga desgarrándome los calzones?... si no abandona la profesión garantizo que trabajo no volverá a conseguir porque me encargaré de decir a cuanto ser vivo cruce, la calidad del trabajo de la Fulana.
No pude esperar más y respondí ahí un mail que fue una explosión de toda la rabia, frustración y nervios que había acumulado en el transcurso del día.
Sólo pude llegar al final de ese viernes gracias a "San clonazepam".
Aún no recibí respuesta y hoy domingo llegué a mi casa y todo está como entonces. Una lámpara colgada que no enciende y un par de dicroicas que sí. El resto... noooo, ¿para qué?
Mi paciencia no alcanzó para todo el trayecto y terminó mucho antes que la obra. Soy un verdadero volcán en erupción y sinceramente ya no respondo por mis actos.
Nunca en mi vida me sentí tan basureada, rebajada, impotente y desquiciada... no puedo más!!!!!!!!

2 comentarios:

  1. Cary espero que la escritura te calme un poco....yse que haces catarsis con ella. te digo que no es que te toman de estupida o que sos buena...son diferentes codigos de vida y la verdad te entiendo..siendo buena no logro tantas cosas..si te puedo asegurar que la conciencia te deja dormir.....tene paciencia que seguro van a arreglarte las cosas mal y sino hace uso de tu titulo...que se lo merecen o al menos al intimarlos tendras una respuesta....paciencia cary todo pasa.....

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  2. Te acompaño el sentimiento, Cary!!! Creeme que te entiendo!!! La impotencia es un mal difícil de curar!!! ¿Qué estás pensando hacer al respecto??? ¿Les iniciarás una demanda? Cuando estés un poco más tranquila, seguramente verás algunas soluciones posibles. Cuidate mucho!!! La salud es lo más importante. Todo pasa y nos hace añicos, pero logramos sobrevivir!!! Nadie es tan estúpido y flexible. Simplemente estamos rodeados de gente ineficiente e irrespetuosa...
    Espero puedas conciliar el sueño y en unos días, estarás mejor!!!

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