miércoles, 14 de abril de 2010

TURISMO AVENTURA: Santa Fe en un día de lluvia


En días como hoy, que llueve sin cesar, me pregunto por qué y en qué momento ciertas cosas que adorábamos y nos divertían comenzaron a molestarnos.
La música a todo volumen, reírse sin sentido, las boberías de la edad del pavo, el griterío de madrugada, son cosas que todos hicimos alguna vez y ahora nos irritan tanto!!

Y la lluvia era una de esas cosas. ¿Quién no disfrutó de chica cantar bajo la lluvia, pisar charcos a propósito o jugar con barquitos de papel? Bueno, al menos yo, que vivía en un pueblo lo hacía.
Ni siquiera me molestaba la lluvia cuando tenía que ir a la secundaria y cruzar esa avenida de mayo que con diez gotas se inundaba de cordón a cordón. No había de qué preocuparse porque siempre algún alma caritativa ponía un par de ladrillos, o bien te sacabas los reglamentarios mocasines y medias ¾ y simplemente cruzabas en pata!
Nada era entonces motivo de preocupación. Si te mojabas y llegabas con el cabello hecho grenchas, era fáyon!, y se secaba con el aire que recibías al caminar rapidito.
No sé en qué momento la lluvia pasó de ser “pura diversión” a “puta molestia”. Creo que más que con la edad, tuvo que ver el haberme mudado a esta acuaciudad.

Aún puedo recordar cuando vivía en el departamento de Rivadavia. Un chaparrón medio fuerte y la calle era un océano que paría olas gigantes con cada colectivo que pasaba (y 10 líneas andaban por ahí así que imaginen el furor de las aguas!!)
También el hueco del ascensor se llenaba en días de lluvia y al subir se podía sentir los cables saliendo del agua.
Como tenía escalones en la puerta de calle, nunca se llegó a inundar el palier, pero siempre recuerdo el día que me descalcé para llegar desde la esquina y al subir la escalerita distraída encontré que la puerta se había azotado por el viento y era un regadero de vidrios. Tambaleando tuve que ponerme los zapatos con los pies mojados y sorteando los pedacitos de vidrio desparramados por el piso, llegar al aquamóvil (el ascensor).
Ya en mi casa, la amenaza estaba más cerca y pasé varias madrugadas en medio de la lluvia sacando las hojitas de mi linda enredadera, que tapaban la rejilla de desagüe y formaban una piscina olímpica en el patio!! Hasta el día en que me dormí y cuando desperté y arranqué descalza pise líquido y pegué el grito: “Andy, orinaste adentro, pedazo de hijo de p...!!!” Y al encender la luz advertí que la cantidad de agua que había en mi casa no podía provenir de algo tan chiquito como mi pobre can.
De las inundaciones de 2003 y 2007 me abstendré de hablar porque sobran los comentarios!!

Mucho tiempo pasó, dejé de estar a pata para conducir un auto (alto, desde luego!), mas nada ha cambiado.
Un día, para salir de la ciudad post lluvia, tuve que probar unos diez caminitos distintos. Badén con agua en uno, basura tapando desagües en otro, un árbol caído por aquí, cables colgando más allá... un verdadero laberinto!!

Gracias a nuestro benemérito intendente “Charletta” nuestra ciudad sigue siendo un caos en días de lluvia, porque es ahí donde recrudecen los demás problemas: basura, baches, desagües pluviales, etc. etc. etc. por no hablar del dichoso estacionamiento medido que me obligó a buscar cochera y tener que dejar el auto a una cuadra y media!!!!!!!! (que parece poco pero en un día de lluvia equivale a kilómetro y medio!)
Sin ir más lejos en la última lluvia torrencial, de ésas que ahora vienen preanunciadas de “alerta meteorológica” (término que no existía cuando éramos chicos), salí de casa (toda arregladita y bien vestidita) bajo el diluvio universal (sí, porque una de las leyes de Murphy es que “siempre lloverá a la hora de entrada al trabajo”). Como el paraguas se volaba me mojé toda la cara, que se convirtió en una máscara corrida de lo que era maquillada.

Opté por cruzar la calle en el lugar que menos agua había, aunque igualmente me mojé los pies. Y justo a medio metro de la puerta del auto, meto la pata en un bache y termino con el agua hasta las rodillas!!!!!!!!!! Ahí nomás cerré el paraguas (total ya estaba empapada hasta los calzones!!) y elevé mis ojos al cielo gritando: “Charletta y la c... de tu hermana!!!!!!!”
Un transeúnte que pasaba casualmente por ahí apuró aún más su paso, convencido que estaba frente a una paciente psiquiátrica que había aprovechado la tormenta para huir del Sanatorio La Merced.
Llegar al trabajo no fue tarea menor. Calles anegadas, poca visibilidad más los desubicados de siempre (que transitan en día de lluvia como si estuvieran corriendo el Dakar), llegué al tribunal.
Intenté bajar por el lado del acompañante, juro que lo intenté. Pero después de quedar con una pierna en el asiento del acompañante y la otra debajo del volante y ante el temor de perder la “virginidad” con la palanca de cambios o el freno de mano, bajé nomás por mi lado.

Nuevamente pies en el agua, puteadas y después subir las escaleras derrapando (porque si caminar descalza era peligroso, más aún lo era estar con un par de sandalias mojadas!) fichar (para no llegar tarde, porque estas peripecias no sirven como atenuante a llegadas tarde en días de lluvia) y regresar a buscar ropa seca, para después repetir la operación, esta vez dejando el auto en su cochera para hacer la puta cuadra y media a pie!!
Maravilloso, realmente...

Entonces hoy, cuando amaneció lloviendo muy finito para largarse con todo a la hora de partir, no pensé en la falta de agua ni en una siesta confortable oyendo ese ruidito aplacador, sino en el horror de tener que salir a navegar por esta ciudad de mierda!!!!!

En fin, así como tendré que bancarme a Charletta hasta agotar su mandato (maldita la hora en que lo voteeeeeeeeeé!!!!!!!!), siempre que llovió paró. Así que mientras tanto café con tortas fritas y good show!!!


8 comentarios:

  1. La verdad es que tenes razon ... esta mañana desperte con la lluvia y dije... uyyyyyyyyyyyy llueve y hay que ir a trabajar asi!!!!!

    Claro, la odisea que es trabajar en esta ciudad cuando llueve (y aun conservar el aspecto prolijo que una debe tener) dista muuuuuuuucho del placer de las lluvias de cuando eramos chicos!

    Recuerdo que salia con barquitos de papel, los cuales ponia a navegar en la calle, los cuales navegaban con pasajeros a bordo: una langosta (si, cuando era chica no temia a las langostas), algun bicho bolita o cascarudo... no se, lo que encontara en el jardin... pobres, los habre ahogado sin piedad??

    Tambien barquitos hechos con media cascara de nuez rellena de miga de pan... donde pinchaba un escarbadientes que tenia un papelito a modo de vela... estos navegaban con hormigas a bordo porque eran mas chiquitos... Claro que se hundiaaaaaaaaannnnnnnnnn (no era buena creando barcos parece jajaja).

    Vivia jugando bajo la lluvia y hoy cuando veo que llueve me dan ganas de llorar, salvo si es un dia en que puedo quedarme en casa a hacer fiaca.. pero esos dias nunca se dan, porque casi siempre llueve de lunes a viernes! jaaaaaaaaaaaa

    Creo que la clave esta en que ahora somos adultos y tenemos responsabilidades y el placer por esas correrias infantiles fue desplazado por el intentar cumplir con todo lo que uno debe cumplir y por mantenernos limpias, arregladas, confortablemente secas y productivas...

    Solo por esos dias de lluvia y barquitos me gustaria volver a ser chica!!!!!!!!!!!!!!!

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  2. Sabés, Lau, que siempre jugué con barquitos pero nunca puse a nadie a bordo?? ja ja Habría que preguntar a un psicólogo el significado de tales actitudes!! Tal vez de chiquita tenía clara que iba a navegar sola!!!
    Y qué curioso que las langostas no te atemorizaran en la infancia... otro tema de diván!

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  3. como me hicicste reir amiga jajaj hoy putee bastante al levantarme pensando primero que no conseguis remis para el colegio....pero bueno miremos lo lindo de la lluvia..lo romantico...lo bueno para la vida y todo pasa.....cuando eramos jovenes recuerdo tambien volver del colegio secundario con la avenida inundada y ni chistabamos para que nos vayan a buscar...hoy mi hijo se planta..si no va en auto no va al colegio...y si cambiaron las cosas...y pongamonos contentas cuando hay un dia de sol y a disfrutarlo....besos

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  4. Definitivamente estamos grandes,, yo tambien me acuerdo que la lluvia me encantaba... aba aba ... ahora que subo y bajo con los guachos, mochilas, meriendas, camperas y TRES PARAGUAS y DOS CAPITAS.... la C... DE LA L.... A LA P.... LLUVIA!!!me rio mucho con tus historias.. un beso grande!!! Jose

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  5. Me dejaste pensando en la escuela secundaria y ¿sabés que nunca jamás fui en auto?? Llegué a ir en bici y en moto (poco, porque siempre iba caminando) pero ni se cuestionaba el tema!!! Además, en mi casa el único que manejaba era mi hermano y hacía años que vivía en otra casa... no había auto y no se discutía.
    Creo que a los chicos de hoy, como alguna vez leí en un texto que circula por internet, les hace falta un poco de hambre y un poco de frío... tienen todo muy simplificado!!!!
    Y te entiendo muchísimo, Jose, sola con dos hijos chiquitos, todo se hace cuesta arriba. Tus días lluviosos deben ser de terror!!, más aún viviendo a tantos km de acá!!!!!

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  6. ¡Qué decir de la lluvia! Estuvimos meses viendo campos secos, amarillos, sin vida, esperando la caída de un poco de agua del cielo, para los que no cuentan con riego artificial, claro está. Añoramos los días de lluvia cuando viviendo en medio de una polvareda constante, como en mi barrio, en Gálvez, que nunca es visitado por un miserable regador municipal. Son tantas las cosas que hay que corregir y cambiar y tratamos de sobrevivir día a día en medio de aventuras y peripecias. Justo me pasó que el martes fui a buscar a mis chicos al cole, en mi vehículo titular (mi adorada bici violeta) y justo cuando nos montábamos Cele y yo, cada una en sus sendas bicicletas, se largó a llover muy fuerte. Yo llevaba a Juan en el portaequipajes (más de 25 kg), la mochila de Cele y una campera, en el canasto delantero, protegidas por una bolsa gigante de nylon (como 5 kg) y paraguas en mano, en medio del agua de la avenida de mayo de menciona Carina, esquivando los autos que te frenan de repente, porque los frenos de la bici no responden y viendo que Cele estuviese bien, detrás de mí, en medio del caos!!! Llegamos a casa todos empapados a medias, porque llevé los pilotines para protegernos un poco. Y lo más divertido de todo fue la actitud de Cele festejando tal acontecimiento. ¡Nunca había hecho algo tan osado para ella! Y después me pregunto qué hubiese pasado si resbalábamos y nos caímos en la acera? Otro sería el final de la historia. Creo que la lluvia trae más problemas que los que se puedan resolver, pero está bueno empezar por algunos de ellos.
    Algún día publicaré las historias de Violeta, mi bici, como vos con Carola, tu camioneta. La mayoría de ellas tiene como protagonista a la lluvia. Será por eso, pobrecita, que tiene las llantas tan oxidadas? Seguro que sí.

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  7. Va a haber un post de aventuras en bicicleta, así que ahí te invito a participar y contar las historias a bordo de Violeta (así también se llamaba mi pc que recientemente falleció)
    Nos va a encantar que compartas esos relatos con nosotros!!! Besos!

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  8. ¿Pereció finalmente tu pc???? No pudiste rescatar nada!!! Espero que no me traiga mala suerte el nombre!!! Besos

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