miércoles, 7 de abril de 2010

MANIFIESTO VISCERAL

En la vida se van sucediendo etapas, que no coinciden necesariamente con las biológicas. Son especies de despertares, recomienzos, puntos finales.
Hoy termina una etapa para mí y comenzará una nueva, totalmente diferente a la anteriormente vivida.
A muchos no les gustará el cambio. Bien, lo lamento.
Me fueron 40 largos años para darme cuenta de lo equivocada que estaba y que brindarse por completo tiene muy pocas recompensas y hace que nos tengamos que comer muchos garrones.
Estoy harta. Harta de que nada de lo que haga alcance. Harta de estar siempre bajo la lupa. Harta de que la paja sólo se vea en mis ojos. Harta de tanto esfuerzo para conformar a todo el mundo.
Casualmente ayer conversaba con dos amigas al respecto y recordaba el cuento de la familia y el burro. No importa a quién subieran o dejaran de subir al animal que nunca iban a satisfacer las demandas de todos.
En uno de mis posts dije que estaba podrida de rendir exámenes, refiriéndome al estudio. Pues también estoy cansada de ser examinada en mi vida personal, de que todo lo que haga sea cuestionado y medido con la vara de la perfección con la que nadie se mide a sí mismo.
Siempre fui la boluda que intentó solucionar los embrollos y entuertos ajenos, cubriendo agujeros y siendo soporte, orejas y ojos de quien lo necesitara. Y la mayoría de las veces me pregunté adónde estaban aquéllos a quienes tanto escuché cuando yo necesitaba que me apuntalen.
El común de las personas resuelve todo con un “no puedo”, “no sé”, “no estoy”, sin dar mayores explicaciones. Yo pasé 40 años de mi vida argumentando cada paso que dí o dejé de dar.
Pues esa Carina murió ayer de una herida fatal. Porque no hay dolor más grande que descubrir que se puede llegar a generar tanto odio y resentimiento en alguien a quien se ama.
De ahora en adelante seré una “Carina hasta ahí”. Una tibia si se quiere.
Nunca me sirvió involucrarme demasiado con las personas así que tendré que probar otra forma de encarar las cosas.
De aquí en más habrá gente para quien estaré muerta; otros para quienes seré una figura difusa y muy pocos, contados, amigos de verdad. El resto (como dijo Jorge Guillén)... la selva!!
Lamento profundamente que también en la volteada caerán y pagarán justos por inocentes, pero a partir de hoy decido:

* Principio de la muerte absoluta: Para quienes estoy muerta es en todos los sentidos, para bien o para mal.
* Principio del trueque: No haré ningún favor a menos que obtenga algo a cambio.
* Principio de la preservación: Me alejaré de todo aquello que me hace daño. Preservarme siempre será primordial a cuidar a los demás. Desde luego eso también implicará acercarme más a las personas que valen la pena.
* Principio de las tres oportunidades: A la primera que me hagan lo pasaré por alto, la segunda la tendré en cuenta y la tercera será la última porque arrancaré de raíz a quien me haya hecho daño.
* Principio de la no intervención: Me mantendré al margen de todo, como si fuera un mero espectador. No pienso involucrarme más ni siquiera para dar una opinión.
* Principio de la ventaja: Nunca seré víctima porque llegado el momento sólo asumiré el rol de victimaria.
* Principio de la mediocridad: Ya que laboralmente todos la pasan bien haciendo las cosas “hasta ahí”, ésa será mi actitud de aquí en adelante. No más correr tras las cosas, poner esfuerzo, ganas, tiempo, si total a la hora de la repartija los “hasta ahí” obtienen más que la pelotuda que labura como negra chica!!
* Principio de la autenticidad: Ya que parezco una egocéntrica resentida manipuladora echa culpas, voy a actuar en consecuencia.
* Principio de la pachorra: No me esforzaré más por mantener situaciones insostenibles. Lo conflictivo se corta ya!
* Principio de la desconfianza: Nunca más depositaré confianza absoluta en nadie. Remito al principio de la preservación.
* Principio de la inadmisibilidad: No admitiré más reproches, ni cuestionamientos, ni críticas a mis gustos o mi manera de vivir. Soy una adulta y la que vive en mis zapatos, así que nadie más que yo sabe adónde le ajustan.
* Principio de reserva: No contaré absolutamente nada acerca de mis sentimientos. Son míos y si los resguardo no dará para malentendidos ni interpretaciones.
* Principio de censura: No me oirán hablar nunca más de mi obesidad. Ojo que eso también significa que no permitiré que nadie haga referencias al tema.
* Principio del aislamiento: Haré de mi casa un bunker y sólo vendrá quien yo invite. Así que pocos tendrán que soportar mi mal humor, mis broncas y mi “victimitis”.
* Principio de la territorialidad: Espaciaré más mis viajes a Gálvez, donde sólo voy a apagar incendios y siempre termino en el medio y quemada.
* Principio del ocio: Disfrutaré por primera vez en mi historia laboral de vacaciones completas, sin laburitos extras impagos en el medio. Soy socia capitalista.
* Principio de la no maternidad: Los hijos ajenos no son míos, así que evitaré encariñarme con cualquiera. Total, para que al crecer me eche en cara hasta la mamadera que le dí cinco minutos más tarde del horario, prefiero que no haya afecto en el medio.
* Principio de la maternidad: Los únicos que gozarán de mi amor incondicional serán Andy y Mora, mis hijos (tal vez sean los únicos), que son una fuente de amor inagotable (y como si fuera poco: no hablan!)
* Principio de la no reiteración: Aplicaré la gran Pancho (un vecino de Gálvez), que sólo contaba una sola vez las cosas y nunca más las repetía para no sufrir dos veces. Por eso eliminé los comentarios de este post. No los quiero. No publico lo que siento para recibir palmadas en el hombro (o como alguien dijo: para que se compadezcan de mí), sino porque sólo escribir lo que me pasa me ayuda. Eso no quiere decir que los comentarios queden censurados para siempre; me gusta que participen, pero no en este post.

Sintetizando: todo “me chupará un ovario”, me haré la boluda olímpica que no ve nada, no oye nada y no dice nada. Tal vez así me vaya mejor, quién sabe...