viernes, 16 de abril de 2010

DOBLE CELEBRACIÓN: ¡¡¡Feliz cumple, mellis!!!

Es muy difícil y hasta atípico llegar a adulto conservando los amigos de la niñez. Sin embargo, yo aún los tengo. Pocos, contados con los dedos de las manos, pero valiosísimos.
Hoy rindo homenaje a quienes (podría asegurar que) fueron mis primeras amigas: las mellis!!

Conocí a Angélica y Alejandra en primer grado, y a pesar de la poca memoria que tengo de los hechos de mi infancia, si hay algo que no puedo olvidar son los momentos compartidos con ellas, porque además de ser parte de mi vida, fueron sinónimo de niñez, de esa inocencia y frescura que se va perdiendo al llegar a la adultez.
Nuestros amigos, cuando son muy cercanos, se parecen a los hermanos. Son los hermanos que elegimos. Y en mi vida de “hija única” y nena perdida en un mundo de adultos, sin duda alguna vinieron a llenar un enorme espacio vacío que hasta ese momento llenaba de juguetes y amigos imaginarios.
No podría hablar de mi infancia sin incluirlas. Recuerdo nuestros juegos, desde las imitaciones a programas como La mujer maravilla y Los ángeles de Charlie (justo éramos tres!) hasta los de mesa (El estanciero, el bucanero, el ludomatic...) Nuestros shows de canto y baile, las largas tardes de pileta, los partidos de fútbol que jugábamos detrás de mi casa (cómo solíamos pelear por quién pateaba y quién atajaba), las bombitas en tiempos de carnaval...
Recuerdo incluso el día que me compraron unos silloncitos de mimbre, con la mesita, como un pequeño living. Apenas los vi, dije “bien, asiento doble para las mellis y el simple para mí”. Tenían su lugar doble en todos los aspectos de mi vida.
Ale era la más fuerte, de más carácter y más cabrona. La que siempre se enojaba por algo. Tengo siempre presentes sus berrinches, cuando se plantaba y obligaba a Angélica a emprender la retirada con la amenaza de “contarle a mamá”.
Angélica era la más dócil, tranquila, cediendo siempre... cómo nos cambia la vida porque ahora, de adultas, las veo exactamente al revés!!!
Nuestras charlas eran interminables. Nunca estábamos suficiente tiempo juntas. Vivíamos a cuatro cuadras pero cada vez que alguna iba a la casa de la otra no nos podíamos despedir. Nos acompañábamos una a la otra de ida, de vuelta y de ida y de vuelta; y no podíamos despegar!!
Juntas tuvimos las conversaciones más jugosas, como cuando descubrimos “cómo se hacían los bebés” (sí, éramos por demás de ingenuotas , nadie lo divulgaba y los medios de comunicación de aquella época no aportaban demasiado... de eso no se habla!) Recuerdo que estábamos cuchicheando en la pileta, mi prima Marcela nos oyó y se burló de mí. Me sentí tan mortificada!! Y, en honor a mi inocencia, declaré abiertamente: “yo adoptaré, eso no lo hago!!” Uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras, porque creo que la vida tomó en serio aquel arranque de moralidad infantil y me lo cobró muy caro!! Pero eso es harina de otro costal.

Unidas llegamos a la adolescencia y nuestras charlas y juegos cambiaron de orientación. Sólo chicos en nuestro horizonte!! Los famosos asaltos, las noches en Django II, los Tía María compartidos entre cinco que sumaban sus consumiciones gratuitas, los vecinos sexies, los llamados a la radio... ¡nos divertíamos con tan poco! Sin internet, ni celulares, ni chats.
Al terminar la escuela secundaria sobrevino un nubarrón en nuestras vidas y nos distanciamos.
Y asumo toda la responsabilidad, porque fue una pavada, tontería de los 17 años (fíjense que nos peleamos por teléfono a causa de un regalo de casamiento, porque Angélica quería comprar una cosa y yo otra... y Ale la ligó de rebote!). ¡Qué ridiculez!... ni siquiera ese matrimonio perduró!!
Habíamos tenido miles de peleas como ésa, pero siempre lo solucionábamos, sólo que aquí contribuyó que ya no nos veíamos tan seguido, yo estaba en otra ciudad, ya en la facultad, y la distancia geográfica profundizó las diferencias haciendo que los días se transformaran en semanas, las semanas en meses y los meses (cuando menos lo advertimos) se hicieron siete años.
El día que me enteré que Alejandra se casaba lloré mucho. A los 25 ya no se ven las cosas como a los 17 y me dolía no participar en algo que formaba parte de los sueños que tanto habíamos acunado desde chiquitas.
Envié un ramo de rosas con una tarjeta que ya ni recuerdo qué decía y el mismo día que se casaba, Ale apareció en casa como si nada hubiera pasado, el tiempo transcurrido se hubiera reducido a segundos y fuera posible retomar todo justo y donde lo habíamos dejado.
Me invitó a la iglesia y esa noche fui a verla. Me emocionó muchísimo ver a la primera de las tres cumplir ese sueño de caminar al altar vestida de blanco (sí, en ese entonces todavía yo creía en el matrimonio!)
Angélica por su cuenta se presentó en casa y después de compartir una vez más una charla importante, retomamos nuestra amistad. Hubo perdón y del auténtico!, ése que permite parar la pelota y volver a comenzar el juego.
No hubo nunca reproches, ni cuestionamientos. Creo que las tres eliminamos esos siete años de silencio de nuestra historia común. Y algo así sólo puede hacerse cuando el afecto es verdadero y los cimientos de la relación son lo suficientemente fuertes como para resistir cualquier embate.
Hoy estamos en los cuarenta, cargamos historias muy diferentes, realidades distintas y puntos de vista radicalmente opuestos, pero el cariño es el mismo que nos unió allá lejos en los 70.


Por eso este 16 de abril en que celebran sus 82 años (bueh, 41 cada una!! ), quise rendirles este pequeño y sentido homenaje. Decirles que son mis amigas del alma, las que se tienen para toda la vida.


¡¡¡Feliz cumpleaños x 2!!!

Les deseo de corazón que obtengan el doble de todo aquello que desean.

¡Las quiero mucho!


6 comentarios:

  1. ¡Muy lindo tu homenaje por partida doble! ¡Fuimos las tres juntas a la escuela primaria, al mismo curso. Nos mantuvieron unidas en el secundario también, a pesar que a una de nosotras nos había tocado "francés" durante el sorteo del idioma. Milagrosamente pudimos cambiar por "inglés" y transitamos ese lindo camino durante cinco años... A partir de allí nuestras vidas tomaron rumbos diferentes, incluso fue la primera vez que me separé de mi hermana melliza. Ella comenzó a estudiar profesorado de enseñanza primaria y yo decidí buscar suerte en algún trabajo con el fin de ganarme algún manguito.
    Vestíamos igual de pequeñas, íbamos al mismo curso, compartíamos los mismos libros (uno para las dos), los mismos cursos, los mismos compañeros y amigos, las mismas salidas, etc. Una verdadera vida vivida de a dos y fue maravillosa en todos los sentidos. Era como tener a tu amiga en casa todo el tiempo.
    Por momentos en lugar de mellizas, parecíamos trillizas porque Carina siempre estaba presente en nuestra vida cotidiana. Y era cierto que las despedidas se hacían interminables. En realidad debíamos separarnos un tiempito nada más porque seguro al día siguiente nos volveríamos a encontrar!!! ¡Todos muy bellos recuerdos que son el cimiento de nuestra firme amistad! ¡Confieso que extraño mucho aquella época en la cual podíamos vernos la cara todos los días y descubrir cómo se sentía realmente la otra, a pesar de nuestros pocos años! ¡Mil gracias por tus deseos y uno de los míos es ver realizados muchos de los tuyos y verte sonreír y llorar de felicidad!!! ¡Te quiero mucho también! Y cuando pienso en nosotras, en nuestra niñez, deseo que Cele pueda encontrar buenos amigos también. ¡Me da la sensación que es muy difícil establecer en este momento una relación como teníamos nosotras, entonces y que perdurara con el paso del tiempo!!! ¡Sigamos tirando las tres con la misma fuerza, de este carro que a veces parece más pesado, pero que es nuestro y que nadie nos lo va a arrebatar!!! ¡Muchos cariños!

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  2. cary....me hiciste llorar..es el mejor regalo que podias hacerme...y esperemos que cuando cumpla 82 jaaj estemos todas juntas y podamos festejarlo!!!!! no fueron 7 años de ausencia...me case a los 22 asi que fueron 4 años solamente...y es asi la vida..los años pasan...los hijos crecen...los maridos desaparecen jaja pero la amistad quedara por siemrpe..te quiero mucho cary...besosos Ale

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  3. Crecer con una hermana melliza debe haber sido una experiencia gratificante e inigualable!! Ya tener una hermana debe ser maravilloso.
    Yo no la tuve pero la vida se encargó de regalarme no una sino muchas hermanas de corazón!! y creo que ustedes estuvieron entre las primeras.
    Es cierto que éramos casi trillizas e inseparables. Compartíamos unas 16 horas por día!
    No nos vemos más con tanta frecuencia, pero de alguna manera u otra siempre estamos en contacto y al tanto de la vida de la otra.
    Somos tres tirando del carro y hay veces que está más pesado pero para eso estamos todas. Puede que por ahí una esté más floja y necesite descansar, pero estará la otra apuntalándola y haciendo más fuerza por la que se debilite. Eso es en definitiva la amistad: una compañía y un apoyo constante.
    No sé si llegaré a los 82 singles jajaja pero sin duda nos esperan los festejos de muuuuchos cumpleaños más!!!

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  4. Cary
    hermoso el relato. sin ser melliza ni parte de la historia, casi llore.
    un beso a las 3!

    Sandy

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  5. Que hermosa historia! y más espectacular aún porque continúa. Cary, haceme el favor y dedicate a escribir. te acordás que cuando íbamos a la secundaria escribías una novela? seguila, total ideas no ye faltan. y si querés podemos apuntarte algo. te animás?. besos! fa

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  6. ¡Un homenaje que no tiene fecha de vencimiento! Y así siempre será!!! ¡Hermoso una vez más!!! ¡Gracias amiga!!! ¡Te quiero mucho! Besos!!!

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