martes, 9 de marzo de 2010

VACACIONES ULTIMA ENTREGA: la internación que no fue

Ya nos vamos metiendo en el mes de marzo y con ello se va cerrando el período vacacional. Pensé mucho en qué viaje elegir como cierre a estos relatos y finalmente me quedé con un “viaje transformista” porque fue cambiando a medida que se sucedían distintos hechos.
No recuerdo en qué año fue. Supongo que a mediados de los 90, porque yo venía de un súper adelgazamiento de 45 kilos pastillas mediante y el efecto rebote fue brutal, así que había engordado los 45 y más!
Desesperada, así como en mis 15 había pedido de regalo una internación en una clínica para adelgazar, propuse a mi mamá ir ambas al Diquecito Health Resort, en Córdoba.
Sonaba bien: un sanatorio a todo culo en un lugar paradisíaco, buenas instalaciones y de paso regresar con unos cuantos kilos menos. Soñado.
Pero por alguna extraña razón mis sueños siempre terminan en pesadilla…
Mi vieja hizo todas las averiguaciones del caso y contrató una estadía de 15 días para ambas, al precio de una. Una promoción que había salido publicada en las revistas y que telefónicamente nos dijeron que era viable.
Fuimos en auto. Yo tenía entonces el Ford Falcon celeste, que era un buque por el tamaño pero era un cochazo que nunca nos había dejado ni nos dejaría a pie.
Llovió todo el puto camino. Tenía los ojos en la nuca cuando llegamos a la ciudad de Córdoba, que aún era un laberinto endemoniado de callecitas por atravesar. Y encontrar el caminito a Diquecito fue otra odisea, pero con esta experimentada conductora, llegamos al fin, sanas y salvas.

La primera impresión del lugar fue que era demasiado viejo y se parecía poco a las fotos. La pileta además parecía que había encogido hasta asemejarse a una pelopincho de material.
Tratando de superar la decepción y el desaliento, entramos. El hall tampoco era gran cosa, todo viejo, oscuro, precario.
La primera noticia con que nos encontramos fue que la dichosa promoción de “2 x 1” había perdido vigencia el 31 de diciembre. Nadie se hizo responsable de lo que nos habían informado telefónicamente y en definitiva estábamos ahí, teníamos una chequera, podíamos pagarlo… nos quedamos!
Arreamos las valijas hasta la habitación que, al igual que la pileta, como en el cuento de Alicia en el país de las maravillas, también había encogido!! Dos camas diminutas (justitas para obesos… porque les recuerdo que era una clínica para obesos, ¿me siguen?) en un cuarto de 2 x 2, con ventilador de techo (también por arte de magia habían desaparecido los acondicionadores de aire que aparecían en las fotos) y un baño al que había que entrar empujando tus carnes con un calzador.
Pero eso no fue todo!!... detrás de la puerta aparecía una listita de “servicios excluidos”, prolijamente encolumnados por tarifa. El 90% de las cosas estaban excluidas de la importante suma que cobraban, que al parecer sólo incluía hospedaje y comida (poca), más alguna que otra caminata y un remojón en la Pelopincho.

Ahí mi vieja colapsó y exclamó “¡Nos vamos!”. Yo atiné a preguntar “¿estás loca?” Y ya manoteó la valija ante la perplejidad de mi mirada.
Entonces la mucama, que presenciaba todo en silencio, emitió un vómito de regocijo diciendo: “Bien hecho, señora, váyanse!!… son unos mafiosos. No se deje estafar!!”
Y así juntamos nuevamente nuevos bártulos y acto seguido, con las frentes en alto, cargamos todo en el Falcon y salimos cual dos ladies, con rumbo incierto.
Mi vieja quería pegar la vuelta pero yo me sentía tan cansada que no podía siquiera pensar en hacer nuevamente los 500 km. en el mismo día.
Entonces nos detuvimos en una estación de servicio y saqué un mapa. Cerré los ojos y apunté con el dedo… La Falda!! Miré bien las rutas que tenía que tomar y cual Thelma y Louise del subdesarrollo (y sin Brad Pitt) salimos en medio de una llovizna que no parecía tener fin.
Llegamos a La Falda y encontramos un hermoso hotel con pileta y todos los servicios que el puto Diquecito no tenía.
Hicimos todos los paseos a los que me animé y que permitieron el estado de salud de mi mamá, que entonces empezaba a renegar con la artritis de sus piernas.
Recuerdo que en el hotel había un matrimonio con un nene chiquito y una bebé. Los pobres estaban agotados y ya no sabían qué hacer con el pobre pendejito que se aburría a más no poder entre tanta sierra y arroyo.

Donde fuéramos los encontrábamos, con esa pinta de máximo hastío y arrepentimiento de no haberse quedado en casa con los juguetes del nene y los amiguitos del crío.
Una tarde estábamos dando uno de nuestros habituales paseos por la ciudad cuando los vemos venir en un sulky!!! Ella con la beba en brazos y él con una cara de resignación que era para alquilar balcones!!
Pero si ellos la pasaron mal, nosotras nos divertimos mucho y descansamos más!
Un día descubrimos el museo del ferrocarril, un paraíso para los que adoramos los trencitos de juguete, montados en una enorme mesa que era una gran ciudad, con sus túneles y bosquecitos, estaciones y montañas… maravilloso!! Pero no llegamos a eso hasta estacionar.
El sitio estaba en una cumbre, en subida, y si hay algo que no funcionaba y nunca funcionó en el Falcon, eso era el freno de mano!! (que por otro lado no era un freno “de mano” sino que se apretaba con el pie!!) Como agravante, el otro freno no andaba cuando el auto se detenía.
Pues bien, dada mi poca experiencia en ese entonces en terrenos no planos, subí con gran esfuerzo en segunda y el auto se paró. Como “olvídate del freno de mano” y el otro pedal no respondía, empezamos a ir cuesta abajo hacia atrás, en medio de los gritos de mi vieja. Lo solucioné moviendo la palanca de cambios, pero por poco no contamos la historia!!
Así transcurrieron diez días de aventuras, los últimos que compartimos en viaje con mi mamá. Lo pasamos muy bien, recorrimos mucho y volvimos también con varios kilitos de más. El aire serrano, como dicen…


4 comentarios:

  1. excelente!!!!! ojala tuviese esa capacidad para contar las vivencias..ya hubiese publicado el libro ajjaja que bueno hiciste ese viaje con tu mama y lo disfrutaste ...segui asi que sere la primer fan tuya y para cuando el libro de historias de carina......?

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  2. Jajajajaj Me encanto!!!!!!!! Felicitaciones a la gran conductora... si yo hubiera estado en tu lugar, aun estoy yendo cuesta abajo y para atras con el Falcon! jajajajajaja
    Imagino sus caras al ver los servicios prestados y sobre todo, la de la mucama... esa si que debio ser una empleada mal paga! jajajajaja

    Me hubiera fascinado ver esa mini-gran ciudad con los trencitos!!!!!!!!!!

    Muy buena la historia!!!!! Espero la proxima!! jejeje

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  3. ¡Qué lindo viajecito tuvieron con Irma! Pero recuerdo que en el año 1996 fuimos con el mismo Falcon, con Irma y Zulma a Saldán. ¿Lo recordás? Ya conocía o creía conocer toda la provincia de Córdoba, pero en esa "excursión sanitaria" descubrí ese pueblo tan pintoresco. ¡Gracias por tus historias! Ésta no la conocía y siempre me apeno al recordar todos esos años que estuvimos distanciadas!!!

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  4. Siempre me llamó la atención tu opinión de Diquecito. Yo no estuve, pero conozco a media docena de personas que sí estuvieron, y o tienen la autoestima bastante más baja que tu mamá y se conforman con cualquier cosa, o en los últimos años lo mejoraron un poco. Que son unos ladrones de guante blanco está totalmente fuera de duda, no hay más que leer la página web. Es un spa para ricos, no un lugar para atender a los que realmente tienen un problema.
    Menos mal que por lo menos no se volvieron enseguida y disfrutaron las vacaciones en otro lado!!!
    Mariana

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