lunes, 29 de marzo de 2010

HISTORIAS SOBRE RUEDAS: Aquí Fangio en polleras!!

El miércoles emprenderé nuevo viaje a bordo de Carola (para quienes no la conocen por nombre, es mi camioneta) y muchos me preguntan si no me da ni un poquito de temor conducir sola.
La respuesta es una pregunta: ¿miedo yoooooooo? Como decía mi vieja: si el miedo me tiene miedo a mí!!!!!!!
Creo que sobre ruedas tengo todo el valor que no tengo con los pies sobre la tierra. No sé de dónde salió tanta temeridad; pero ahí está y es de larga data.
La primera vez que salí a manejar tenía 15 años. Era una aburrida tarde de domingo y con mis primos Darío y Gabi dijimos “¿por qué no?” así que pedí el Falcon verde a mi hermano y partimos.

El Falcon era un barco... un trasatlántico!! Y Darío cometió el error de llevarme por primera vez a conducir por las calles de Gálvez. Y si bien no es una ciudad súper concurrida, tiene trazadas calles, hay autos estacionados, peatones, bicicletas, etc., obstáculos que no son lo ideal para un aprendiz.
Ibamos cerca de la actual Facultad cuando tuve que doblar la esquina hacia la derecha. Acababa de arrancar así que iba en primera, ni siquiera llegué a colocar la segunda.

Aparentemente no tenía registrado que al torcer el volante había que volverlo a su lugar y tratándose de una dirección tan sensible como la del Falcon, iba directo a las construcciones de la vereda derecha. Mi primo pegó el volantazo y a causa de los nervios, en lugar de frenar, aceleré. Subimos al otro cordón y ahí comencé a arrasar con lo que había (aclaro que todo esto sin haber llegado a poner la segunda): un bananero, una montaña de escombros, una de piedritas, otra de arena y finalmente un cesto para la basura, que literalmente lo tragamos y quedó bajo el auto, frenando nuestra alocada carrera.
Afortunadamente el hecho no pasó a mayores, nadie salió lastimado, sólo un pequeño abollón que había que ponerse de panza debajo del Falcon para verlo, pero obviamente mi hermano lo descubrió, lo que ameritó un sermón de media hora.

Quedé 2 años en standby hasta que a los 17 decidí juntar coraje nuevamente y salí a manejar con aquel amorzote de mi infancia: Tuny. ¿Cómo no iba a aprender a conducir con él? Claro que estaba más propensa a ciertas distracciones, con semejante bombonazo a mi lado!!
Esta vez me llevó a la ruta de San Eugenio. Nuevita y poco transitada, era un lugar ideal para el aprendizaje.
Estuvimos toda la tarde luchando con los cambios (palanca al volante) y arrancar en primera sin corcovear y al regreso me pregunta: “¿te animás a manejar hasta Gálvez?” ¿¿¿Cóooomo??? Ahí nomás agarré la ruta y piloteé a 120 km por hora en mi primera clase.
Como el auto no era mío tuve que esperar un tiempito hasta la segunda lección. Esta vez con Marcelo, el marido de mi prima, un tipo fantástico para enseñar porque tiene una serenidad a prueba de balas!! Por último reincidí con mi primo Darío, esta vez sin incidentes. Y a la cuarta me largué sola por el camino de tierra para Gessler (un pueblito cercano) junto a mi prima Marcela, que no sabía manejar.
Tal era nuestro coraje (o inconsciencia) que a la vuelta paramos a auxiliar a un auto que estaba detenido. Sólo necesitaban una llave cruz, que si no... bah, ni siquiera sabía qué era una llave cruz!!
Y así llegué a mi licencia de conductor, para la que tuve quedar examen de señales de tránsito y práctica, que casualmente me tocó con un “viejo amigo” inspector.
Cuando tenía 15 o 16 años, andaba en moto (bah, una zanellita) con mi sobrino Guille cuando comenzó a perseguirme un auto. Sabía que era un inspector y ese auto a pesar de no tener ninguna identificación pertenecía a la dirección de tránsito, pero no me detuve. El tipo gritaba como poseído “pará hija de puta!!” y lo tuve corriendo carreras hasta perderlo.
Quisieron cobrarme una multa por menor de edad y no responder a la autoridad, pero me planté frente al intendente diciendo que cómo iba a detenerse esa pobre adolescente indefensa que era, si la estaban insultando. La multa quedó en la nada, pero mi mala leche hizo que me tocara ese mismo inspector en el examen!!
A pesar de todo aprobé y ahí me lancé a las carreteras.
Nunca tuve miedo conduciendo, aún cuando hubo situaciones en que me las vi negras, como la primera vez que hice camino de montaña o el día que llovía torrencialmente y me lancé a pasar un colectivo... la ruta estaba llena de agua y un enorme tsunami se me vino encima tapando el techo de la pobre Carolita (reconozco que ahí quedé con las piernas temblando, porque si hubiera venido alguien de frente, no estaría escribiendo este post)

Hasta un día me atreví a sacar la camioneta grande del negocio. Nunca la había manejado. Tenía pedales duros y freno a disco, por lo que si frenaba poco no respondía y si apretaba más hacía un chillido que se daba vuelta hasta el menos curioso para ver.
Sólo recuerdo que fue una carrera desenfrenada hasta llegar al negocio nuevamente. Claudio, uno de los empleados, caminaba nervioso por la vereda como padre primerizo fuera de la sala de partos. Y llegué yo triunfante y superada. Pero nunca más saqué la Chevrolet!!!
Empantanadas, metidas de pata, perdidas varias, pero aprendí a manejar para nunca más dejar de hacerlo. Y lo disfruto mucho, de verdad.
¿Y ustedes?... ¿tienen historias sobre ruedas para compartir?


3 comentarios:

  1. si hay pocas conducoras excelentes...estas incuida en ellas...doy fe...esa es una materia pendiente para otra vida creo jjajaj....me hubiese gustado tener la misma independencia con un auto...bueno la vida no da todo y ami me faltan las agallas de manejar...ale

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  2. ¡Qué temita para comentar!
    ¡Me sobran anécdotas para contar, simplemente porque nunca tuve mi auto propio! En realidad, lo tuve de casada, pero no para mi uso exclusivo. Yo también le pondría un lindo nombre y lo disfrutaría al máximo.
    Aprendí en un fiat 125 modelo '74, que derrapaba al largar el embrague y tocar el acelerador!!! Después conduje un Renault 12 '74, un dunita parecido al tuyo, del mismo color, pero gasolero, modelo '90. Más adelante pobré un fiat 147, diesel, casi fundido. Cuando cambié de novio, osé conducir un opel k, '74 de su propiedad. Otra vez pobré manejar la camioneta chevrolet del papá, a gas, por las calles de San Jerónimo Norte y el camino ripiado hacia Franck. Cuando vendió el opel, volví a manejar otro fiat 147, modelo '92, que era una joyita, también gasolero. No recuerdo haber hecho muchas cagadas porque siempre manejaba para dar una vuelta y sentir la adrenalina de conducir un nuevo auto. ¡Siempre auto prestado! En mi familia, manejé la coupé torino '67 y el falcon '78 con dirección hidráulica de mi hermano, y el Escort '94 de mi papá. Sólo me lo prestó un día en el campo. ¡Cómo para sumar experiencia estaba yo! Mi primer carné lo tuve a los 23 cuando un novio me enseñó a conducir y después lo renové hasta dejarlo vencer sin tener coche que manejar. Recién el año pasado volví a sacar el carné de auto y moto. Y ahora manejo de vez en cuando, cuando lo necesito y sobre todo cuando está disponible, el peugeot familiar, modelo '94, a gas. Es todo un desafío para mí después de tantos años de pasividad, salir a nafta, pasarlo a neutro y cuando el motor ya está por apagarse, pasarlo a gas y así, viceversa... No sólo estoy reaprendiendo a manejar, sino que estoy experimentando clases de mecánica y ajuste de tuercas... Lamento no haber conducido el chevy '74 que nos acompañó más de cinco años. Los pedales eran tan duros e inalcanzables para mí. El asiento estaba fijo y era entero. Sólo en el aire llegaba a los pedales... Hago todo por etapas. En ese momento estaba tiempo completo criando bebés y chicos y ahora que están más creciditos, dispongo de más tiempo para nuevas experiencias. Sueño con mi auto propio y sé que con el tiempo puedo llegar a ser una gran conductora, no como vos, que hay pocas, pero me tengo mucha confianza y Héctor, mi marido me la da. Ahora puede chupar y comer a reventar porque sabe que tiene una copiloto disponible en cualquier momento!!! Y yo, por las dudas me la creo!!! JAJAJA. Creo que voy a jugar al 74, son demasiadas coincidencias. El nro. de mi casa es 474!!! A ver si me puedo comprar un auto, pero sólo a nafta o a gasoil!!!

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  3. A los doce años me enseño mi mama a conducir un fiat 133, el primer auto de ella (que a los 34 años aprendio a hacerlo, luego de bajar 3 kilos por cada vez que tenia que subir al auto, pobre mami jaja).
    Un dìa habiamos ido a Sauce Viejo y mi papa tenìa un Renaul 18 nueviiiiisimo, me dijo que fuera al pueblo a hacer compras... lo primero que me lleve fue la tranquera jajaj pero seguì el camino como si no hubiera sucedido nada... (mi papa saliò detràs mio despues de escuchar los insultos de mama jajaj). Llegamos con mi amiga sanas y salvas..
    A los 25 años me casè y mi marido tenia un Fiat Uno, viviamos en Colastinè Norte y yo tenìa que aprender a manejar para poder independizarme (aclaro que tocarle el culo era mas facil que sacarle el auto jajaj).Una mañana de domingo, como siempre tempranito... quise salir a comprar pan y torta negra a la ruta, era solo cruzarla y despues regresar. Cuando emprendì el regreso, habìa una bajada en el camino y la torta se cayo del asiento del acompañante.. en mi deseperaciòn por no perder la torta (como buena gordita) me agache para alzarla, sin detener la marcha, y doble el volante... ergo quede estampada en un poste.. MI PRIMER AGUINALDO FUE A PARAR EN LA REPARACION DEL AUTO
    Josefina

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