martes, 9 de febrero de 2010

VACACIONES primera parte: El peor viaje de mi vida


Al tiempo que algunos afortunados aún se encuentran vacacionando, no se me ocurre escribir sino de un tema maravilloso: vacaciones!!!
Soy (¿soy?) una viajera incansable (al menos lo era hasta la víspera de mis 40) y tengo un nutrido anecdotario en el rubro, pero como pesimista que soy sólo podía comenzar por las peores vacaciones de mi vida.
Corría el año 1997 (¡era tan joven!) y con mi amiga Angélica planeamos conocer el Caribe. No teníamos un destino concreto, sólo queríamos ver palmeras, arenas blancas y aguas tibias cristalinas.
Cuando comencé a hacer averiguaciones, se agregó a la comitiva mi sobrina Julia, aprovechando el poder que me habían extendido un par de años antes para sacarla del país.
Costa Rica, Punta Cana (tan de moda en esa época) y Cartagena de Indias estuvieron entre los destinos en danza, pero ¿qué elegimos?... la isla Mierdarita!!! Perdón, la isla Margarita, en Venezuela.
No sé qué se nos pudo cruzar en la cabeza para hacer semejante elección. No fue el costo porque a lo sumo la diferencia entre un lugar y el otro eran 100 dólares (cuando teníamos el dichoso 1 a 1)
Pero ahí partimos las tres ingenuas, preparadas para hartarnos de ver tanta palmera y playa paradisíaca.
Unos vouchers que llegaron a último momento (horas antes de nuestra partida) y una demora de casi 7 horas en Ezeiza a causa de desperfectos técnicos en el avión sólo fueron el prólogo de todo lo que nos esperaba en esa isla endemoniada.

Después de chotocientas horas de un viaje de terror (los vuelos charter son una verdadera maldición!!) arribamos a nuestro destino.
Lejos de ser la isla de la fantasía, apenas se pudieron ver entre las nubes las primeras imágenes, sólo una pregunta me invadió: ¿adónde se fueron las palmeras???
La isla era un gran desierto, arena y más arena. Tratando de conservar el optimismo, me pregunté si acaso el aeropuerto estaba al otro lado, del lado seco y árido, pero todo se veía igual.
El aeropuerto era casi tan grande como mi casa y allí nos esperaban un par de personas para subirnos a la traffic y comenzar la vuelta de “el tren fantasma”.
Apenas estuvimos a bordo de la incómoda leonera, una guía empezó con las recomendaciones: que la isla era peligrosa, no había que alejarse de los complejos hoteleros (¿acaso los nativos eran cavernícolas?), recomendaban no visitar la feria en la capital, no tomar agua porque no era potable, no meterse demasiado en el mar porque era bravo, tener cuidado con el sol, etc. etc. etc.
¿¿¿Cómo caímos acá???, me pregunté, ¿En qué momento de inconsciencia habíamos descartado Punta Cana por ser un sitio tan popular en aquellos días?
Llegar al hotel fue la primera buena noticia que habíamos tenido en las últimas 24?... 36?... 48? horas. Al menos se veía firme, cómodo y limpio.
Llegamos a la habitación con el último aliento. No puedo describir el calor que hacía. Era como estar en Santa Fe cambiando el río Salado por el Mar Caribe.
Sólo queríamos bañarnos para sacarnos toda esa cracha y olor a viajero que traíamos hace tanto tiempo. Pero las valijas no habían llegado con nosotras a la habitación…Esperamos un tiempito prudencial hasta que levanté el teléfono y las reclamé a conserjería. Nos aseguraron que en unos minutos estarían, pero los minutos se acumulaban y no aparecían.


Enojada opté por ir personalmente a reclamarlas y Angélica y Juli me siguieron cual dos secuaces. Allí estaban, en medio del amplio lobby, sólo tres valijas: las nuestras!
Cuando pregunté por la demora, muy frescos me respondieron que era la hora del almuerzo, así que todos los empleados estaban… comiendo!!!!!!!
No podía creerlo. Quisimos cargar nosotras las valijas pero “nooooooo, eso no es para señoritas!!” Cómo será la cara que les hice al tiempo que no soltaba la manija, que ahí dejaron de comer y supongo que pensaron “mejor que las llevemos o la gorda nos emboca!!”
Más tarde, más frescas y descansadas, salimos a explorar. El complejo era muy lindo. Se habían esforzado (tal vez fuera tarea de varias generaciones) en forestar, así que al menos allí teníamos algo verde para ver. Caminamos hacia la playa un senderito interminable hasta llegar al mar.



Mar del Plata era Jamaica al lado del panorama que se nos presentó. Viento patagónico, olas para practicar surf y unas aguas y arenas dignas de las playas de Coronda!!!
¿Nunca les ocurrió eso de querer negar la realidad hasta el último momento? Pues yo estaba en ese estado. “Tiene que haber otra playa”, afirmé muy canchera. Y caminé, caminé, caminé, pero más me alejaba del hotel y peor era la calidad de la arena y las aguas, por no hablar de lo inhóspito del paisaje.
¡Pobre Angélica! Recién conocía el mar y tener esa experiencia!!! Sólo Julia parecía estar contenta de tener un solazo que la azotara en forma. Yo permanecía bajo una reposera con techito, que parecía que en cualquier momento iba a volar aún conmigo encima!!
En los días siguientes tratamos de llenar las horas con actividades, desde las propias del hotel (esas ezquizofrénicas como gimnasia, juegos, shows) hasta excursiones. Lo hicimos todo por huir de esa playa. Aunque teníamos tela para no aburrirnos… como la alergia al bronceador que dejó los ojos de Angélica rojos e hinchados, o la intoxicación que agarré sobre los últimos días y me hizo perder una excursión ya pagada.

Lo mejor que vimos en esos días fue Los roques, un archipiélago coralino donde hicimos snorkel con Julia. Era lo que esperábamos encontrar en aquel horroroso lugar!!
Claro que el viaje no fue sencillo. Fuimos en una avioneta destartalada que dudé hasta el último momento que fuera a levantar vuelo (la inconsciencia de la juventud, como dicen) Creí que íbamos a tener que sacar los pies al estilo Picapiedras para darle envión!
Flechadas como camarones, descompuestas por el agua y la comida y agotadas, nos cruzamos con un par de cordobesas en la playa del hotel que nos dieron una aliciente: “Al menos ustedes se van en una semana… y nosotras, que vinimos por 15 días???”, decían con resignación.

Otra de las excursiones interesantes fue por el río, en la zona de los manglares (esos árboles medio selváticos que tienen sus raíces fuera del agua) Mientras viajábamos en esas lanchitas diminutas, masticadas por los mosquitos, los lancheros nos decían como gracia que solían descomponerse los motores y quedarse allí hasta que otro fuera por nosotros. Yo sólo pensaba que tocar con un solo dedo del pie esa agua turbia y moría en el instante!! ¿Todo tenía que ser tan “aventurero”? No soy una persona aventurera, quiero comodidades, suelo firme y atención de reina. Si no, me quedo en mi casa… sólo que entonces estaba tan lejos!!!

El último día (glorioso por ser el último!) averigüé por teléfono quién nos pasaría a buscar porque la única noticia local que se escuchaba en televisión es que había paro del personal de aeropuertos. Me respondieron que una combi pasaría por nosotras en la mañana.

Por supuesto que, terminada la estadía, nos cortaron la pulserita que nos habilitaba a tener pensión completa en el complejo y nos echaron de las habitaciones.
Un rato aquí y allá, quedamos aguardando que nos fueran a buscar. Después del mediodía ya comenzaba a picar el bagre y nadie aparecía. Parecíamos “Anita la huerfanita”, abandonadas a nuestra suerte por tres, sentadas al lado de las valijas preguntando a cada chofer que arribaba si nos buscaba a nosotras. Ninguno era el nuestro.
Al fin a la tardecita apareció un gordito que se apiadó de nosotros y nos cargó!! Pensamos que no llegaríamos a tiempo a tomar el vuelo pero nos equivocamos. El tipo agarró esas curvas con precipicio a velocidad montaña rusa, hasta arribar con vida después de rezar el rosario completo!!!!
El aeropuerto era un caos. Si había capacidad para 100 personas, allí había unas 1500. Nadie sabía si saldrían los vuelos, a qué hora, qué haríamos si no salían, nada. En el teléfono de la agencia nadie respondía.
A esta altura el eco que había en nuestros estómagos vacíos era para el Guiness. No habíamos comido bocado desde el desayuno y ya estaba anocheciendo. No manejaban dinero en el hotel así que no habíamos podido almorzar allí. Tampoco había ningún kiosco o restaurant a mano, por lo que habíamos llegado en ese estado al aeropuerto.
Decidida dije “voy a comprar unos sándwiches” pero desistí al instante. Cientos de turistas hambrientos hacían cola frente al restaurantito del aeropuerto. Nunca nos tocaría el turno.
A las 10 y pico anunciaron nuestra partida. Respiramos aliviadas al poner los tres tristes culos cansados en los asientos del avión. Nuestros estómagos eran una verdadera sinfonía y no sabíamos si nuestros equipajes estaban viajando en el mismo avión o no, pero al menos estábamos en camino.


Despegamos al fin y fue la primera vez que ansié tanto dar por finalizadas mis vacaciones. Cerca de medianoche trajeron la cena y ahí nuestra felicidad fue completa.
Terminamos la travesía prendidas a la bandejita del avión, cual tres famélicas recién salidas de un campo de concentración.

Caribe… NUNCA MÁS!!!!!!!!!!!!

8 comentarios:

  1. excelente cary!!!!! imperdible este relato tan glorioso de tus vacaciones al caribe jjaja todavia no lo conozco y me hiciste reir mucho...si vas a tener anedgotas cuando seamos viejitas..espero hayas publicado el libro para entonces...besos!!!!

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  2. Tuvieron mala suerte, evidentemente. Tal vez la próxima, si te quedan ganas, podrías probar con un crucerito. Mis viejos y mis hermanos (yo estaba preparando finales, grrrrrrrrrrrrr!!!) fueron a uno que creo que salía de Miami, y la pasaron bomba. Tocaron Margarita un día, y ni me acuerdo de qué dijeron sobre ella, pero era UNA parada entre muchas otras, así que aunque hubiese sido una porquería, en el montón no lo notaron. Pasearon, bucearon, morfaron como langostas (en todo crucero que se precie subís cuatro kilos por semana) y se vistieron "formal" para cenar con el capitán cuando les tocó. Evidentemente vos viste el lado sudaca del Caribe. Yo siempre me quedé con las ganas de ir :-D
    Mariana

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  3. Genial Cary!!!! jajajajajaa
    No sabia que habian padecido semejantes vacacionessssssssssssss!!! cuando llegue al final del relato solo pude pensar: si eso llega a pasarte ahora, creo que al segundo dia incendias la Isla Margarita completa!!! (yo idem)

    Como soportaron eso es admirable!!!!!!! Se supone que uno parte de vacaciones para disfrutar, mas cuando es caribe... tengo amigos que han ido y han hablado maravillas... pero lo de uds ha sido fatal!!!!!!!!!! Increible que les hayan cortado la pulserita y las hayan dejado libradas a la buena de Dios!!!! ayyyyyyyyy

    Al menos el snorkel estuvo bueno!!!!

    Aguante Villa Gral. Belgrano....!!!!

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  4. Entiendo tu relato!!!
    Ya conocías lugares hermosos!!!
    Yo visité Córdoba, Entre Ríos y Bariloche!!!
    Fue mi primera experiencia en el mar, al exterior y con pasaporte en mano!!!
    Tengo lindos recuerdos y me considero afortunada de haber viajado con Uds. y vivir todas esas experiencias!!!
    ¿Será que estoy tan preparada ante las frustraciones?
    Lo nefasto fue la alergia al bronceador, no poder disfrutar de las olas del mar helado y el empacho que me traje a Gálvez después de probar todas las comidas exóticas del único restaurant disponible!!!
    Recordás la visita a Porlamar? De allí me traje unas zapatillas eternas, que tiré recién el año pasado!!!
    Lo que si me aterrorizó fue la idea de permanecer varadas en Caracas hasta tanto nos asignaran un vuelo de vuelta.
    Prefiero Brasil, me sentí más libre allí!!!
    Cariños

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  5. Creo que si no tuviera resistencia a las frustraciones ya me hubiera suicidado hace rato!!! ja ja Sucede que me revienta cuando te meten gato por liebre. Nos vendieron un lugar paradisíaco y era simplemente una islita con mar y más peligrosa que la de Lost.
    Recuerdo perfectamente la visita a Porlamar y no lo incluí sólo por cuestión de espacio.
    Fuimos en un taxi de vidrios polarizados (como todo vehículo por allá) y hacía tanto calor que recuerdo que por un agujerito del polarizado se colaba un rayito de sol que fue una tortura hasta llegar a la capital!!!
    Fuimos a un sitio de electrónica porque necesitaba un adaptador para el cargador de baterías de mi cámara. Entramos al negocio y sólo había en un rincón un sujeto jugando a videojuegos como poseído. Creí que se trataba de un cliente probando un juego. Esperamos y esperamos y esperamos. Recién cuando le marcó el "game over" resolvió atendernos: era el empleado!!!!!! Y así toda la gente, con una pachorra tal que nuestros santiagueños serían hiperkinéticos al lado de ellos!!!!!!

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  6. Pero debo reconocer que la mercancía era buena. Vos recién ahora tiraste tus zapatillas y mi hermano sigue usando la "franela" (chomba) que le compramos con Julia!!

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  7. Me olvidaba!! Postergo la respuesta a Mariana hasta el próximo post, en el que relataré el único viaje en crucero que hice en mi vida.

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  8. ¡Sí, ahora recuerdo las franelas! Les traje una a cada uno de la flia. y creeme que nunca modificaron su tamaño! ¡Resultan interminables! En el próximo post contanos un viaje lindo, así lo disfrutamos. Un beso!!!

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