miércoles, 28 de octubre de 2009

Nuestras madres, esas visionarias...

Una de las peores cosas de cumplir los 40 es tener que respirar hondo, bajar la cabeza, tomar coraje y reconocer que tu madre tenía razón en el 80% de lo que te decía durante la niñez y adolescencia.
Tal vez tenga que ver que a esta edad ya han nacido tus propios hijos, o simplemente que la madurez comienza a darte un punto de vista diferente (este último mi caso), pero día a día encuentro hasta en pequeños detalles que los consejos de mi madre eran y siguen siendo acertados.
Claro está que como buenas hijos nunca jamás les dimos bola!!!
En el particular caso de las mujeres, creo que nuestro oficio de hijas consiste en dar a nuestras madres la contra en todo y enfrentarnos a ella apenas nos asomamos a los umbrales de la preadolescencia.

Con mi mamá he tenido una vida entera de enfrentamiento y lucha libre. Y seguimos teniendo ciertos cortocircuitos, ella con 76 y yo con 39.
Siempre pensé que nuestras luchas eran fruto de la diferencia de edad. No me hacía ninguna gracia tener una madre 37 años mayor. Era la más grande de todas las madres de mi grado.
Recordemos que en los 70 tener un hijo a los 37 era algo anormal. Las parejas se armaban entre jóvenes y los chicos venían generalmente antes de los 30. Los hombres no padecían la actual histeria, el matrimonio era algo de veinteañeros y de ningún modo la profesión hacía que se postergara la maternidad.
En mi caso, mi hermano había nacido “a tiempo”, con una joven mamá de 21 y un papá de 28, pero yo era una pasada de fecha, como una mercadería vencida!
Y mi vieja era chapada a la antigua, no tenía ideas “modernas”, por lo que me atormentaba con recomendaciones y consejos, advertencias y reprimendas, en tanto mi viejo era mucho más permisivo.
¡No me perdonaba una! Un día hasta llegó a tirarme un cucharón al no poder alcanzarme después de correrme por todo el patio. Yo tenía unos… 12 años!! El cucharón terminó abollado y yo salí ilesa.
Una de las cosas que no admitía era que estuviera levantada dando vueltas a la hora de la siesta.
La siesta es sagrada en estas zonas. Algo que los porteños, por ejemplo, jamás llegarán a comprender.
En Santa Fe andar por la calle a la hora de la siesta es casi mortal. No hay una sola alma dando vueltas de 1 a 5 y todo se paraliza hasta tanto se recuperen las fuerzas para volver a salir (me remito a mi post anterior).
Mi mamá trabajaba como burro todo el día y la siesta era su momento de break entre la mañana y la tarde. Pero a mí no había forma de convencerme de los beneficios de descansar un poco… y así llegaba a la noche, insoportable y caprichosa!!
Por supuesto que siendo la siesta la hora sagrada en casa, no me dejaba mover de su dormitorio. Y encima tenía un sueño tan liviano!! Como primera amenaza se acostaba con el cinto de cuero de mi papá (creo que sólo lo utilizó un par de veces) y si yo tomaba el suficiente coraje como para escaparme en puntitas de pies, apenas tocaba el picaporte ya me pegaba el grito “Caaaaaaaary” y ahí quedaba congelada para volver a acostarme.
Si no dormía me dejaba leer o jugar sin hacer ruido, pero ACOSTADA.
Siempre me decía “el día que crezcas vas a arrepentirte y vas a desear dormir la siesta”. Mi respuesta, obviamente, era “no, nunca me gustará la siesta”.
¡Qué error! Mi madre tenía otra vez razón. Hoy podría llegar al asesinato masivo de quienes interrumpan mi siesta…
Mi vieja también decía algunas estupideces, como que si salía en un día de tormenta podía volar una chapa de un techo y cortarme por la mitad (pedazo de filo había de tener!!); o que si me bañaba se me cortaría el período (¡el mío ni con hacha se corta!)
Lo cierto es que hoy comienzo a valorar sus palabras y (lo que es peor) me veo a mí misma repitiéndolas a mis sobrinos y los menores de la familia, cual “reglas de oro”.
Creo que tendríamos que ahorrarnos tiempo y comenzar tempranito a estar de acuerdo con nuestras madres. Así llegaríamos a esta edad en pacífica sintonía con la vieja y podríamos ocupar toooodo nuestro tiempo en torturar a hijos, sobrinos o afines porque todo es cíclico y tarde o temprano nos descubrimos (con horror!)del otro lado del mostrador.

8 comentarios:

  1. cary...me parece estar en tu casa, cuando teniamos 10- 12 años y nos quedabamos a la siesta en tu pieza quietas esperando para la pileta el ok de tu mama.....si tenes razon yo me parezco bastante a mi mama cuando le hablo a luci, calzate, no agarres frio, lavate los dientes, lleva campera, hace las tareas, volve temprano..y tantas otras cosas que nos repetian a diario. lamento que mi mama no me acosnsejara en ciertas cuestiones de hombres jajaja como pegarme un garrote cuando quise casarme a los 22 jajaj ya esta, lo pasado, pisado, lo tratare de hacer con mi hija, para que no cometa tantas estupideces como yo.
    segui asi...un beso

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  2. me olvide de decirte que soy alejandra jajaja

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  3. Imaginé que eras Ale ja ja ja
    Con vos y tu hermana vivimos interminables tardes de pileta y cuánto jugamos en nuestra infancia!!!
    De la pileta recuerdo que mis primas (entonces adolescentes) vivían al lado (los patios de nuestras casas se comunicaban) y todas las tardes iban con sus amigas a tomar sol (no existía aún la amenaza del agujero de ozono), pero a pedido de mi vieja se mantenían calladitas a la hora de la siesta.
    Yo sabía que iban aunque no hicieran el mínimo ruido y me reventaba tener que ser chica y estar condenada a encerrarme en una habitación con mi mamá mientras ellas se divertían en la pileta!!!
    Un día mi papá salió de la ducha (yo habré tenido 6 ó 7 años) y el pobre apurado por acostarse un rato se había puesto mal el calzoncillo dejando un testículo a la vista.
    Para mí fue todo un descubrimiento porque nunca había visto las bolas de un hombre y menos aún las de mi viejo! así que salí gritando por toda la casa "se las vi... las vi" y mis primas, pensando que las había descubierto en la pileta estaban arrinconaditas en silencio agachadas en el agua sin sospechar cuál había sido mi visión aquel día ja ja
    Es lamentable Ale que tu madre no te haya aconsejado no casarte (de todos modos creo que no le hubieras hecho caso! ja) pero la mía tenía una intuición especial con las personas. Cada vez que me dijo que alguien no le gustaba, a la larga terminó siendo un falluto.
    Así que seguiré consultando "el oráculo de Irma" por algún tiempo más y peleándola un poquito también, ¿por qué no?

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  4. Irmita es una institucion y levanto la badera de su fans club. Por algo decia lo que decia, mujer de avanzada, precursora de la lucha contra el stress (pro siesta), defensora de la familia hasta con la fuerza (o sea justicia por mano propia), amante del buen vivir (o sea excelente cocinera), poseedora de un humor acido que hoy quieren poner de moda, memoriosa en cuanto a frases y dichos y, lo principal: dueña de una dulzura que siempre cautivo a los niños..... de eso, Cary, podemos hacer listas que ocuparian cuadernos enteros.

    Sandy, vamos Irmita todavia!

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  5. ¿Te la mando unos días, Sandy?
    No, bromeaba, bromeaba... ja ja ja

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  6. ¡Qué tema el de la siesta! Odiaba dormir la siesta, pero de igual modo, nos obligaban a hacerlo. Sólo lograban acostarnos, porque nunca dormimos. Cuando por fin ganábamos por cansancio y nos levantábamos, aprovechábamos para ver algún programa en la tele antes de ir a la pile de tu casa. Recuerdo cuántos días pasamos allí! Ahora me pregunto por qué casi nunca venías a la mía? Habrá sido porque mi mamá jamás fomentó las visitas en casa? o simplemente porque vos tenías más espacio y tu hermano ya estaba mayor?
    Mi mamá siempre me decía que tenía que cuidarme cuando salía, pero jamás fue clara al respecto. ¿Cuidarme de qué? Un día en la complicidad de tu pileta, nos acercamos y empezamos a conversar de la llegada de los niños al mundo y descubrimos en realidad cómo sucedía, alrededor de los 15 años. ¡Cuántas cosas han cambiado! Resumiendo, no quiero imitar a mi mamá en muchas cosas porque hoy se encuentra con hijos, nietos, etc., pero más sola que antes cuando nos hablaba y nunca la escuchábamos. Siempre estuvo pendiente de nuestra ropa, de la comida, de la limpieza, pero me cuesta recordar cuánto tiempo pasamos charlando o dándonos afecto!!! Hasta hoy le cuesta acercarse y darme un beso!!! ¿Será la educación que recibían en su época? Viví 28 años con mamá, pero muchas veces palpando la posibilidad que finalmente algún día se mude a mi casa para enfrentar su soledad, me da cierto estupor, a pesar que bancó todas mis chinches propias de la edad.
    Confieso que necesitaría hablar seriamente con ella y poner en claro ciertas cosas que aún siguen pendientes de resolución. Pero por qué renegar sobre cosas ya pasadas que nunca quiere enfrentar? Tengo que aceptar que mi mamá ya no es a de antes y muchas veces cuenta una misma cosa como si fuera la primera vez y se comporta como una criatura ofendida para llamar la atención de los demás. Es como dijiste vos Cary una vez, por qué preocuparme por cómo resolver sus cuestiones si ella misma no desea hacerlo?
    En aquellos días tan felices en tu casa, recuerdo las tortas de tu mamá y sus famosas flores con pétalos al ras del suelo. ¡Bellísimas¡ Creo que muchas veces ella era quien te hacía las carátulas de los cuadernos y /o carpetas.
    Estaría todo el tiempo escribiendo, pero me está llamando mi mamá!!!! JAJAJA

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  7. En el tema específico de la siesta, pienso que todos los padres que han obligado a sus hijos a acostarse a esa hora (yo también la ligué en las vacaciones, cuando íbamos a lo de mis abuelos en Entre Ríos) lo han hecho con el muy razonable pero egoísta propósito de poder dormir ELLOS. Las necesidades de descanso de un adulto que se levantó temprano y trabajó toda la mañana no son las mismas que las de una criatura a quien le sobra energía. Los chicos no tienen ninguna necesidad de siesta una vez que dejaron de ser bebés y de dormirse a cualquier hora.
    En cuanto a los adultos, creo que es una cuestión de gustos y de costumbre. Yo vivo en Buenos Aires, donde nadie duerme siesta (es más, trabajo a esa hora), y las pocas veces que traté de dormir, en época de vacaciones, o no pude, o me desperté malhumorada y destemplada. Prefiero mil veces irme a dormir temprano y darle derecho hasta el día siguiente.
    En cuanto a lo demás, es cierto que yo también ahora me encuentro teniendo opiniones parecidas a las de mi mamá en muchos temas, pero creo que es porque las prioridades cambian con la edad, y ahora tengo la edad que ella tenía cuando me decía todo lo que antes le discutía. Es lógico que un pendex de 15 o 16 no lleve abrigo ni paraguas. Son mucho más fuertes que nosotros, y no se enferman tan fácilmente. Si salieran sin abrigo y se enfermaran dos veces seguidas, seguramente cambiarían de actitud. Es tanto como decir que nuestros viejos son sabios porque ahora caminan con bastón y se cuidan de no caerse. Lo hacen porque lo necesitan, y nosotros todavía no. Los chicos dicen muchas pavadas (lo veo y oigo todos los días en el colegio), pero muchas de las cosas por las que pelean con los padres son simplemente diferencias de necesidades que tienen que ver con el momento que están viviendo. Lo que a veces me hincha es que no traten de ponerse en el lugar del otro, pero una vez más, eso viene con los años :-)
    Mariana

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  8. No creo que la siesta sea un propósito puramente egoísta de los padres. Obviamente los padres están más cansados que los hijos, pero en mi humilde experiencia, estando a uno y otro lado (hablo de sobrinos y no de hijos), también es cierto que si no tenían ese descansito al medio del día, se volvían realmente insoportables por la noche!! porque los chicos tienen energías pero la cuerda se les termina mucho antes del final del día y como no quieren desistir e irse a la cama, joden... como me decía mi vieja: "te ponés roñosa"
    Personalmente si no parara a mediodía, no podría llegar a la noche. Me levanto diariamente a las 5;45 y antes de la 1 de la mañana no me duermo jamás, así que si no tuviera siesta andaría dando pena por ahí!
    Cierto que habría que aprender a ponerse en lugar del otro mucho antes de ser adultos...
    Con relación a las madres, la mía compartía mucho tiempo conmigo además de ocuparse de mis necesidades de alimento, vestido e higiene. Fue muy afectuosa, incluso correrme con el cinto era una expresión de afecto porque no le resultaba indiferente y podía tomar medidas sin "esperar a que llegue papá".
    Es decir: se preocupaba y ocupaba.
    Eso sí, nunca tuvimos una comunicación fluida, fundamentalmente en lo que hace a temas femeninos. No la culpo, porque así fue criada. Siempre hubo temas tabú dentro de las relaciones y por supuesto el sexo era uno!
    Pero no tenía 15 años cuando me enteré cómo se hacían los bebés ja ja ja A los 15 hace rato que lo sabía...

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